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Un frasco de petróleo crudo, no mucho más grande que uno de alimento para bebés, tiene un lugar importante en la oficina de Carlos Morales, el veterano petrolero a cargo de la exploración y producción en Pemex, el monolito petrolero estatal de México. Lo maneja con reverencia porque proviene de Maximino, un campo en aguas profundas del Golfo de México, cerca de la frontera marítima de su país con Estados Unidos. Las aguas profundas es un territorio que Pemex apenas ha comenzado a explorar.

petrolera pemex web

Aunque grandes empresas petroleras de propiedad privada como Chevron han estado perforando exitosamente en aguas no mexicanas cerca de Maximino durante años, Pemex se ha rezagado.

Después de 23 intentos fallidos y miles de millones de dólares en inversión, finalmente encontró petróleo en aguas profundas el año pasado. pero las cantidades que recuperó hasta ahora son insignificantes. Morales se ríe débilmente cuando se le pregunta si el frasco sobre su escritorio es todo lo que hay.

Los descubrimientos – ninguno de los cuales cuenta aún como reservas probadas – son emblemáticos de los problemas de Pemex y su potencial si fuera liberado de uno de los regímenes petroleros más restrictivos del mundo, y pudiera asociarse con empresas privadas con la experiencia de la que carece. Su fuerte ha sido la extracción de petróleo en aguas más superficiales del Golfo de México.

Pero, en la última década, la producción en su campo de aguas superficiales más generoso, Cantarell, se ha desplomado de más de dos millones de barriles al día a menos de 400,000, y ha pasado apuros para encontrar nuevas reservas que lo compensen.

La producción de petróleo y gas en Estados Unidos ha aumentado, gracias a los depósitos de esquisto, algunos de los cuales se extienden hacia México pero los cuales Pemex no ha desarrollado.

Pemex también mira al sur con envidia la destreza en aguas profundas de Petrobras de Brasil, otra firma controlada por el estado pero más emprendedora. Juan Carlos Boue del Instituto para Estudios Energéticos de Oxford estima que Brasil ha descubierto tanto petróleo en aguas profundas en apenas los últimos cinco años que todas las reservas probadas de México.

Problemas estructurales

El gobierno de México dice que dentro de poco dará a conocer grandes reformas energéticas. Éstas podrían incluir cambiar la Constitución para relajar el monopolio de Pemex sobre la producción petrolera. Como un indicio de cuán políticamente sensible será esto, la presidencia permitió que creciera la especulación de que la reforma sería anunciada el 7 de agosto, sólo para admitir el día anterior que no estaba lista. No sólo es poco claro cuán lejos irán las reformas, es tal el estado de Pemex que algunos dudan que sea reformable. Bernardo Minkow, un ex consultor en McKinsey, dice que es demasiado compleja y está tan mal administrada que es “muy difícil, si no imposible, componerla”.

Su primer problema es estructural: Nunca ha sido tratada como una compañía con ánimos de lucro. Asombrosamente para un monopolio que extrae todos los barriles de petróleo en México a un costo promedio de menos de 7 dólares, y los vende por alrededor de 100 dólares, perdió la cantidad acumulada de 360,000 millones de pesos, o 29,000 millones de dólares, en los cinco años concluidos en 2012 (pese a una pequeña ganancia el año pasado).

Esto es en parte porque, aunque su lado de producción de petróleo y gas genera buenas utilidades, su operación de refinación pierde una fortuna, y su división petroquímica también es deficitaria.

Peor aún, el gobierno succiona efectivo para compensar la falta de ingresos fiscales cobrados en el resto de la economía. El año pasado, 55 por ciento de los ingresos de Pemex se destinó a regalías e impuestos. Esta sangría perpetua sobre su flujo de efectivo significa que su deuda ha aumentado a 60,000 millones de dólares. El hueco en su reserva de pensiones es de 100,000 millones de dólares.

Además de absorber sus utilidades, el gobierno se niega a permitirle tomar sus propias decisiones. Su jefe es designado por el presidente, el secretario de Energía preside el consejo de directores, y el secretario de Hacienda revisa su presupuesto, línea por línea. el consejo no tiene directores independientes y carece de experiencia empresarial, dice un ex director ejecutivo. Señala, por ejemplo, que hace más de 20 años el consejo comenzó a “comparar” a las refinerías de Pemex con sus pares internacionales, pero han permanecido en el fondo de la liga, aun cuando partes de la industria manufacturera de México se han convertido en modelos de eficiencia.

Con 151,000 empleados, la producción de petróleo por trabajador de Pemex se queda corta en comparación con la de sus contrapartes extranjeros. Su sindicato está inflado y se le consiente. Reforma, un periódico mexicano, reportó que el liderazgo del sindicato recibió 65,000 dólares diarios el año pasado para viajes de negocios y gastos generales.

Morales admite que la operación de extracción tiene un exceso de trabajadores que no pueden ser despedidos, aun cuando los pozos en que trabajan se hayan secado. Mientras tanto, los gerentes padecen una opresiva burocracia interna. Morales dice que necesita cinco tipos de aprobaciones para cualquier contrato grande, incluida una del consejo en pleno.

Inversiones en saco roto

La administración ha tomado una serie de malas decisiones de inversión. Enfrentado con el colapso de la producción en su joya de la corona, Cantarell, ha invertido cantidades sin precedentes en exploración y producción; 70,000 millones de dólares combinados entre 2008 y 2012.

Pero como gran parte de esto ha ido a parar a áreas para las cuales Pemex está técnicamente mal preparado, como la perforación en aguas profundas y el petróleo de esquisto en tierra, los resultados han sido exiguos. Morales habla con orgullo del aumento en la producción en otros sitios para compensar a Cantarell. Pero la producción y las reservas apenas se han estabilizado, a niveles por debajo de los máximos alcanzados.

Adrián Lajous, un ex jefe de Pemex, dice que, en comparación, la firma ha invertido insuficientemente en gas natural, resultando en que México tenga que importar volúmenes récord de Estados Unidos. En un tácito reconocimiento de esto, Morales dice que Pemex planea invertir fuertemente en nuevas producción gasera.

La firma tampoco ha encontrado los 30,000 millones de dólares que se piensa necesita para reconfigurar sus refinerías para producir gasolina y diesel adecuados para los autos más limpios de hoy. Así que México también sufrirá la vergüenza nacional de tener que importar más de estos combustibles.

Cualesquiera que sean las reformas que anuncie el gobierno, se quedarán muy cortas de privatizar Pemex. Está tan envuelto en un mito de soberanía nacional que incluso el secretario de Energía, un defensor de la reforma, insiste en que no se venderá un “solo tornillo”.

Los reformistas esperan que el gobierno al menos permita que empresas privadas trabajen con Pemex para desarrollar los campo de esquisto, aguas profundas y otros que resultan desafiantes. Pero incluso esto requeriría cambios constitucionales y enfrentaría mucha resistencia. Ya que México no tiene una industria petrolera del sector privado importante, gran parte de la inversión tendría que provenir de firmas extranjeras, y para los nacionalistas esto sería difícil de soportar.

 

Sangría billonaria

El año pasado, 55 por ciento de los ingresos de Pemex se destinó a regalías e impuestos. Esta sangría perpetua sobre su flujo de efectivo significa que su deuda ha aumentado a 60,000 millones de dólares.

 

Talón de Aquiles

Su fuerte ha sido la extracción de petróleo en aguas más superficiales del Golfo de México.