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  • The Economist

Los guyaneses han soñado desde hace tiempo con aprovechar sus poderosos ríos para generar hidroelectricidad. En vez de ello, dependen del petróleo importado para contar con una electricidad intermitente y costosa.

Ahora, el gobierno quiere avanzar con un proyecto de 840 millones de dólares en las Cascadas Amaila, en lo profundo del interior boscoso. Con su capacidad total de 165 megavatios, suministraría más electricidad que las necesidades actuales de Guyana.

El principal desarrollador es Sithe Global, parte de Blackstone Group. Sithe quiere un rendimiento garantizado de 19 por ciento sobre su participación de capital, y planea iniciar la construcción este año. China Railway First Group firmó un contrato de ingeniería en septiembre. El Banco de Desarrollo de China prestará la mayor parte del dinero. Se ha solicitado al Banco Interamericano de Desarrollo que participe con 175 millones de dólares. El Banco Mundial se había involucrado inicialmente, pero se retiró.

Los simpatizantes de Amaila señalan que inundará al menos 54 kilómetros cuadrados. No se desplazará ninguna aldea, y poca vida silvestre se verá afectada. Guyana ya no dependería de los combustibles fósiles para la electricidad. Después de dos décadas, la propiedad pasaría al gobierno, tras pagarse los costos de construcción.

A los oponentes les preocupa que la electricidad limpia no sea barata. Guyana Power and Light, la compañía de electricidad propiedad del estado, pagará unos 100 millones de dólares al año al consorcio de Amaila. Es poco probable que las facturas de electricidad caigan, lo cual asegura una pelea continua; el año pasado, tres personas murieron en protestas por los cobros de electricidad.

La electricidad de Amaila quizá incluso no sea confiable. El fenómeno climatológico de El Niño puede provocar una sequía de un año, e incluso en años normales la planta operará por debajo de su capacidad entre octubre y abril. GPL tendrá que pagar por energía termal de respaldo. El Fondo Monetario Internacional ha instado a una “cuidadosa consideración de los riesgos” financieros.

Proyecto se remonta a 1997

Los planes para construir Amaila se remontan a 1997, aunque Sithe se involucró apenas en 2009. El costo estimado ha aumentado constantemente, un acceso carretero está inconcluso y no hay aún un estudio de factibilidad económica para el proyecto.

Cuando se complete, el estudio seguirá siendo confidencial, como lo es el acuerdo de compra de energía delineado por GPL. Partidos opositores se quejan de que el gobierno está siendo “reservado” sobre Amaila. El 24 de abril, bloquearon fondos para la participación de capital gubernamental en el proyecto.

Si Amaila es tan benéfico como sus simpatizantes afirman, un debate abierto generaría un apoyo más amplio para el proyecto y reduciría su renglón para seguro de riesgos políticos de 56 millones de dólares.