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Una sombría ceremonia gubernamental la semana pasada recordó el 40º aniversario del golpe de Estado del general Augusto Pinochet que derrocó al caótico gobierno socialista del Presidente Salvador Allende, desencadenando una represión política y, eventualmente, la recuperación económica. La ceremonia se celebró en un pequeño patio dentro de La Moneda, el palacio presidencial en Santiago que fue bombardeado por la fuerza aérea en 1973.

El Presidente Sebastián Piñera habló elocuentemente de la necesidad de reconciliación. El único problema fue que la mitad de los invitados no aparecieron. Estaban al otro lado de la ciudad en una ceremonia rival, organizada por la centro-izquierda.

Fue un ejemplo de la división que sigue plagando a Chile. Bajo el gobierno de Piñera, la derecha, más que en años anteriores, ha adoptado el aniversario, argumentando que el 11 de septiembre de 1973 fue una tragedia para todos los chilenos. Sin embargo, la izquierda no acepta esto. Dice que hubo quienes se pusieron del lado de la justicia, la democracia y los derechos humanos, y quienes no.

¿Reconciliados?

La reconciliación es escasa. Aunque tres quintas partes de la población nació después del golpe, un sondeo realizado por CERC, una encuestadora, sugiere que tres cuartas partes de los chilenos creen que las heridas abiertas en 1973 aún no han sanado.

Según dos comisiones establecidas para investigar los abusos de la dictadura, más de 3,000 personas fueron asesinadas o “desaparecidas” entre 1973 y 1990. Otras 38,254 fueron encarceladas o torturadas. Miles más partieron al exilio.

Sólo una minoría de los responsables ha sido enjuiciada. Amnistía Internacional dice que 260 personas han sido sentenciadas, pero sólo 60 han sido enviadas a la cárcel. Más de mil casos siguen en proceso. Muchos de los perpetradores están muertos o, si están vivos, es improbable que enfrenten a la justicia.

Las diferencias políticas se han estrechado en gran medida en los últimos 40 años en lo que ha llegado a ser, en muchos aspectos, el país más exitoso de Latinoamérica. Políticos de izquierda y de derecha han emitido disculpas públicas en las últimas semanas por sus pasadas acciones – o inacciones – durante los años de Allende y la dictadura que siguió. Con una elección presidencial programada para noviembre, sin embargo, el partidismo superó a la reconciliación.

Los principales candidatos en esa elección son Michelle Bachelet, una socialista que dirigió al país entre 2006 y 2010, y Evelyn Matthei, una conservadora que fue ministra del trabajo. En su niñez, vivieron en lados opuestos en la misma base de la fuerza aérea en el norte de Chile. Sus padres fueron amigos cercanos hasta el golpe de Estado.

Alberto Bachelet siguió siendo leal a Allende, fue torturado y murió mientras estaba detenido. Fernando Matthei apoyó al golpe y ascendió en las filas de la junta militar.

Sus hijas han restado importancia a su conexión de la niñez. Sin embargo, aun cuando Chile trata con ahínco de escapar de su oscuro pasado, los fantasmas de 1973 no pueden ser ahuyentados.

 

Asesinados

Más de 3,000 personas fueron asesinadas o “desaparecidas” entre 1973 y 1990. Otras 38,254 fueron encarceladas o torturadas. Miles más partieron al exilio.

 

Represión y bonanza

El golpe de Estado de Augusto Pinochet a Salvador Allende, en 1973, desencadenó una represión política y, eventualmente, la recuperación económica de Chile.