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Primero surgió el informe del 1 de septiembre de que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) había estado monitoreando las llamadas telefónicas y los correos electrónicos de la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y otros altos funcionarios brasileños. Luego fue la evidencia de que la NSA parecía estar espiando a Petrobras, la compañía petrolera nacional de Brasil.

Una airada Rousseff demandó explicaciones, una disculpa y la garantía de que estas “prácticas ilegales” cesarían, como condición para seguir adelante con una largo tiempo planeada visita a Washington el mes próximo. Aunque el Presidente Barack Obama dijo que comprendía las inquietudes planteadas por Brasil, un remordimiento más explícito aparentemente no se evidenciaría en una llamada telefónica de 20 minutos el 16 de septiembre, después de la cual los dos líderes anunciaron la “postergación” de la visita.

Sin fecha reprogramada, sin embargo, eso pareció más como una cancelación. Por ello, el primer resultado internacional del torrente de revelaciones del contratista de la NSA fugitivo, Edward Snowden, sobre el fisgoneo a escala industrial de la agencia, transmitidas en este caso vía un programa televisivo brasileño, ha sido un deterioro adicional en las relaciones a menudo difíciles entre los dos países más grandes del continente americano.

Pocos en Brasil se sorprendieron por la decisión de Rousseff. En estas circunstancias, “ser vista en vestido de noche con el presidente Obama” corría el riesgo de parecer “sumisa y débil”, según Oliver Stuenkel, un especialista en relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas, una universidad con subsidiarias en Río de Janeiro, Sao Paulo y otras partes en Brasil.

¿Más revelaciones?

Dos cosas magnificaron el riesgo: la posibilidad de revelaciones adicionales del tesoro de documentos de Snowden y una elección, programada para el año próximo, en la cual Rousseff, menos popular que antes, buscará un segundo mandato. Además, Brasil no tenía grandes asuntos que negociar durante la visita, y algunos en Latinoamérica aplaudirán a Rousseff por enfrentarse a Estados Unidos.

El costo a corto plazo de la disputa por el espionaje parece mayor para Obama. Brasil está meditando una oferta de Boeing para ofrecer a su fuerza aérea 36 reactores de caza Super Hornet. Los funcionarios ahora podrían preferir a licitadores rivales de Francia o Suecia.

Luego está el interés de las compañías energéticas estadounidenses en licitar por una parte del gigantesco campo petrolero en aguas profundas en una subasta el mes próximo. El regulador energético de Brasil dice que la integridad de la subasta no se ha visto comprometida por el espionaje a Petrobras, pero miembros nacionalistas del Congreso de Brasil quizá no estén de acuerdo.

Las revelaciones también desencadenaron un debate en Brasil sobre la forma en que opera el Internet. Lo que realmente preocupa al gobierno es que las “enormes vulnerabilidades en sus sistemas de protección en línea quedaron expuestas”, según Rubén Barbosa, un ex embajador brasileño en Washington.

Brasil “tiene una de las infraestructuras de Internet más vulnerables y poco protegidas del mundo”, según un reciente estudio del Instituto para la Investigación Económica Aplicada, un grupo de análisis vinculado al gobierno.

Diversos funcionarios están hablando ahora de tender cables de fibra óptica hacia países latinoamericanos y Europa para que el tráfico en línea internacional de Brasil eluda a Brasil. También planean abordar la escasez de intercambio de Internet del país que hace la interferencia más fácil. Han ordenado al servicio postal que lance un servicio de correo electrónico encriptado gratuito para tratar de competir con Gmail y otros. Petrobras ha dicho que gastará 9,500 millones de dólares en el curso de los próximos cinco años para mejorar su seguridad de datos.

Rousseff ha instado al Congreso a aprobar un código regulatorio para el Internet propuesto hace tiempo. Las compañías de telecomunicaciones se resisten a esto, porque como está escrito consagra la neutralidad de la red y les impide cobrar más por contenido premium.

Sus simpatizantes dicen que el código facilitaría castigar, aunque no evitar, el espionaje en línea. La presidenta también quiere que el proyecto de ley incluya un requerimiento de que los datos electrónicos de los brasileños sean almacenados en Brasil y no en el extranjero.

Un riesgo para Brasil originado por la gresca del espionaje es que provoque proteccionismo. En los 80, un gobierno militar prohibió la importación de computadoras en un fallido intento por fomentar una industria local.

Debate democrático

La diferencia, según Matías Spektor, profesor brasileño de relaciones internacionales en el King’s College en Londres, es que el propuesto código está sujeto a un fiero debate democrático. Un cabildeo de proveedores de Internet, que incluye a Google y Microsoft, dice que el código elevaría más los altos costos de usar el Internet en Brasil.

Funcionarios estadounidenses dicen en privado que sólo los ingenuos se asombraron de escuchar que la NSA monitorea a otros gobiernos. Algunos en Washington verán la cancelación de la primera visita de un presidente brasileño desde 1995 como una reacción desproporcionada. Podría confirmar su opinión de que Brasil es un socio perennemente difícil.

Irónicamente, Rousseff se ha esforzado por mejorar la relación con Estados Unidos, dañadas por los esfuerzos del Presidente Luiz Inacio Lula da Silva, su predecesor, de negociar con Irán sobre su programa nuclear.

Spektor piensa que ningún mandatario brasileño habría seguido adelante con la visita bajo las actuales circunstancias. Sin embargo, ve en el asunto del espionaje “una confirmación muy poco positiva de los temores muy profundamente arraigados de que Estados Unidos pretende impedir que Brasil ascienda”.

Esos temores, que funcionarios estadounidenses dicen son infundados, son mucho más intensos en Brasilia que en el país en general. La política se ha vuelto más nacionalista bajo el izquierdista Partido de los Trabajadores, en el poder desde 2002. Un resultado es que las relaciones de Brasil con Estados Unidos están más distantes que las de muchas otras potencias emergentes, como India, Sudáfrica o Turquía. Eso es extraño, ya que los dos países son importantes socios comerciales y de inversión.

Barbosa insiste en que el asunto no evitará que ambas partes continúen sus relaciones como de costumbre. Sin embargo, es improbable que el recién llegado embajador estadounidense en Brasilia sea invitado a presentar sus credenciales ante Rousseff pronto.

Aunque justificada, la cancelación de la visita de la presidenta representa una oportunidad perdida.

 

Buscan respuestas

La secretaria de Estado adjunta para América Latina, Roberta Jacobson, afirmó que Washington busca responder a las preocupaciones de los países por el presunto espionaje y agregó que Estados Unidos no siempre “comparte todo”, aún con sus aliados más cercanos.

 

Preocupación

Lo que realmente preocupa al gobierno brasileño es que las “enormes vulnerabilidades en sus sistemas de protección en línea quedaron expuestas”, según Rubén Barbosa, un exembajador brasileño en Washington.

 

 

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