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El Parque Nacional Yasuni, en la parte amazónica de Ecuador, contiene incontables especies de animales y aves en peligro. Por esa razón, el Presidente Rafael Correa ideó un plan según el cual su país se abstendría de extraer el petróleo que yace debajo del extremo nororiental del parque si el resto del mundo aporta 3,600 millones de dólares, o la mitad de su valor estimado.

El mundo rechazó su oferta, y el mes pasado Correa se retractó de ella, diciendo que los estimados 840 millones de barriles de petróleo en el área, que él ahora valúa en 18,000 millones de dólares, le ayudarán a seguir reduciendo la pobreza.

El área en el parque Yasuni donde yace el petróleo, conocida como Ishpingo-Tambococha-Tiputini, contiene especies en peligro como la nutria gigante y el manatí de agua dulce. Hasta que cambió de opinión, el gobierno decía que también albergaba a pequeños grupos de amerindios no contactados. Correa ahora dice que la perforación afectará sólo a 0.01 por ciento del parque.

El campo ITT será entregado a Petroamazonas, una compañía estatal, la cual promete minimizar la alteración del medio ambiente. Tender ductos y perforar cientos de pozos no será más doloroso que poner una vacuna a un bebé, según los anuncios gubernamentales. Para recaudar el capital requerido para explotar ITT, Petroamazonas probablemente recurrirá a compañías petroleras chinas.

Crece gasto público

Correa es popular, gracias a un auge económico logrado por medio de un gasto público más alto pagado por las crecientes regalías petroleras y préstamos chinos. Aunque la producción petrolera está en niveles récord, el consumo está aumentando y las reservas están agotándose rápidamente. Nuevos contratos de producción han alejado a las multinacionales y desalentado la exploración, dicen analistas de la industria. El ministerio de petróleo ha prorrogado dos veces una licitación para un área al sur de Yasuni porque ninguna compañía presentó ofertas.

Hay dos alternativas a perforar en el Yasuni. Una sería dar la bienvenida a la inversión extranjera en otras industrias, pero el presidente no se inclina por ello. La otra sería redoblar los esfuerzos para desarrollar Pungarayacu, un gran campo de petróleo pesado, pero eso molestaría a los ecologistas.

Los sondeos sugieren que los ecuatorianos están uniformemente divididos en torno al desarrollo del campo ITT. Los indios waorani, algunos de los cuales viven ahí, protestaron inicialmente por la decisión de Correa, pero han sido apaciguados con ofertas de dinero para atención médica y escuelas. La oposición quiere un referendo sobre el tema.

¿Referendo?

Si se celebrara uno, Correa quizá lo ganaría. Es formidable haciendo campaña. Este mes, en un intento por desviar el enojo de los ambientalistas por su cambio de opinión, Correa volcó su retórica incendiaria contra Chevron. Hace dos años, un tribunal ecuatoriano en lago Agrio, una localidad amazónica, impuso una colosal multa de 19,000 millones de dólares sobre la compañía por la contaminación supuestamente causada en los años 70 y 80 por Texaco, comprada por Chevron en 2001.

El tema es ilusorio. El gobierno de Ecuador alcanzó un acuerdo final con Texaco en 1998. El pozo de alquitrán en el que Correa metió la mano a principios de este mes es responsabilidad de Petroecuador, una compañía estatal.

Chevron acusa al tribunal ecuatoriano de fraude y a los abogados que lo demandaron de estafadores. Un comité de arbitraje internacional, ubicado en La Haya bajo las reglas de la ONU, ha dicho a Ecuador que deje de intentar cobrar los daños. El gobierno dice que no obedecerá.

Si Petroamazonas y los amigos chinos de Correa terminan contaminando el Yasuni, al presidente le resultará más difícil encontrar un chivo expiatorio.

 

Peligro

El área en el parque Yasuni donde yace el petróleo, conocida como Ishpingo-Tambococha-Tiputini, contiene especies en peligro como la nutria gigante y el manatí de agua dulce.

 

¿Referendo?

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, podría ganar un referendo en caso de que el futuro del campo petrolero fuese decidido en las urnas.