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  • The Economist

Desde que un tren suburbano de Buenos Aires se estrelló contra un muro en una estación en febrero de 2012, causando la muerte de 51 personas y lesiones a más de 700, el gobierno argentino se ha esforzado por mejorar el sistema ferroviario de la ciudad. Reemplazó al ministro del Transporte, retiró sus concesiones a Trenes Buenos Aires, la operadora del tren accidentado, y prometió a los pasajeros que traería brillantes trenes nuevos de China, algunos de los cuales ya han llegado.

Sin embargo, muchas personas se quejan que de los ferrocarriles no han mejorado. Los recorridos en tren hacia y desde Buenos Aires siguen siendo incómodos y peligrosos, con trenes repletos, sucios y mal cuidados que a menudo parten y llegan con retrasos.

“La gente sigue viajando mal”, admitió Florencio Randazzo, el nuevo ministro del Transporte, en una reciente entrevista radial; lo cual, explicó, es la razón de que el gobierno nacional haya decidido que durante los próximos tres meses centralizará el control de los ferrocarriles de la ciudad bajo la Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado (SOFSE), un organismo estatal que ya controla varias líneas ferroviarias.

El gobierno ya ha nacionalizado cinco de las siete líneas de trenes suburbanos de la capital. Esto no fue totalmente inesperado, puesto que ya había expropiado dos ferrocarriles de carga de operación brasileña por supuesta inversión insuficiente. Ni es probable que produzca reformas fundamentales: Las líneas en cuestión, aunque operadas desde 1995 por consorcios privados, eran propiedad y estaban financiadas casi por completo por subsidios del gobierno.

El cambio sugiere, sin embargo, que el gobierno al menos ha llegado a reconocer cuán precaria es la red ferroviaria de Buenos Aires.

Subsidio al pasaje

Bajo el antiguo sistema, el gobierno no demandaba mucho de las compañías operadoras salvo que mantuvieran bajo el costo del viaje, para ganarse así los votos de casi un millón de usuarios que usan los ferrocarriles metropolitanos de la ciudad cada día. Después de la crisis financiera de 2001 de Argentina, el gobierno congeló los precios de los boletos, y sólo ha permitido que se eleven ligeramente desde entonces. El subsidio es ahora de 10 veces el precio del boleto básico de un peso.

Este sistema condujo naturalmente a corrupción y descuido. Para empezar, los empleados ferroviarios han dejado de cobrar las tarifas. La Nación, uno de los principales diarios del país, estimó recientemente que sólo seis de cada 100 pasajeros del tren metropolitano tienen un boleto válido. Los trabajadores también han sido descubiertos durmiendo o leyendo libros mientras ostensiblemente operan trenes de pasajeros.

En vez de reprimir ese comportamiento, o invertir en el servicio, las compañías de transporte simplemente se han congraciado con funcionarios gubernamentales.

“Para las compañías ferroviarias, el gobierno era un cliente mucho más importante que sus pasajeros”, dice Lucio Castro, que estudia el transporte en el Centro para la Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, un grupo de análisis basado en Buenos Aires.

Claudio Cirigliano – cuya compañía familiar, Cometrans, controlaba TBA – ha sido acusado de pagar las vacaciones brasileñas del anterior ministro del Transporte, Ricardo Jaime, como un agradecimiento tácito por los millones de dólares en subsidios que TBA ha recibido del Estado. Una investigación judicial también encontró que Cirigliano había comprado costosos muebles polinesios y joyería con valor de miles de dólares con una tarjeta de crédito corporativa.

Según Gerardo Otero, el subsecretario de gestión administrativa y transporte, el gobierno asumirá a partir de ahora más control del gasto y los subsidios y otros asuntos administrativos. Otero también sugiere que, en cierto momento, SOFSE podría tratar de operar los ferrocarriles directamente.

Inversión versus control

Si la experiencia pasada es una guía, eso tendría sus pros y sus contras. Más inversión gubernamental sería buena, más control quizá no. Desde 2008, cuando la Presidenta Cristina Fernández nacionalizó la aerolínea insignia del país, Aerolíneas Argentinas, ésta ha perdido más de 3,500 millones de dólares del dinero de los contribuyentes. El temor a la volatilidad de Fernández también ha evitado que YPF, la empresa petrolera que confiscó en 2012 a Repsol de España, atraiga muchos socios, hundiendo más profundamente al país en el déficit energético.

“El gobierno no es un administrador capaz”, dice Castro. “A menos que el problema subyacente de los incentivos perversos sea corregido, las cosas probablemente empeorarán, no mejorarán”.

 

Nacionalizados

El gobierno argentino ya ha nacionalizado cinco de las siete líneas de trenes suburbanos de la capital.