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  • The Economist

Los residentes de La Meca dicen que no necesitan la agricultura, ya que Dios les ha dado a la peregrinación como su cosecha anual.

Millones de musulmanes se preparan ahora para tomar parte en la haj de este año, una excursión al sitio más sagrado del Islam, ubicado en Arabia Saudita. El haj, el cual todos los musulmanes aspiran a hacer al menos una vez en su vida, ahora aporta 16,500 millones de dólares, alrededor de 3 por ciento del PIB saudita.

Jerusalén, una ciudad santa para las tres religiones abrahámicas, también atrae a multitudes de peregrinos, y enormes cantidades de musulmanes chiitas visitan los santuarios en Irak. La Organización Mundial de Turismo de Naciones Unidas estima que más de 300 millones de personas participan en peregrinaciones cada año. Incontables más visitan santuarios o lugares sagrados.

Las cifras están aumentando porque la creciente clase media del Medio Oriente significa más turistas, tres cuartas partes de los cuales viajan dentro de la región. Es menos probable que un tumulto abundante disuada a quienes viajan por razones religiosas que a los turistas comunes. Las peregrinaciones chiitas aún inundan Karbala y Nayaf en Irak, pese a la amenaza de bombas.

“La persona que ve sus vacaciones como una experiencia cultural se sentirá disuadida por la mala seguridad”, dice Kevin Wright, un observador de los nuevos mercados turísticos, “pero el creyente no”.

El turismo basado en la fe en la región se remonta a Moisés encabezando a su pueblo a través del Sinaí “con Dios como su guía de turistas”, bromea Peter Tarlow, un consultor de viajes que también es rabino. En tiempos medievales, los mercaderes venecianos llevaban a europeos en viajes a la Tierra Santa. Israel ha promovido desde hace tiempo el turismo religioso. Sin embargo, la mayoría de los países han sido lentos en volver rentables sus sitios religiosos.

Productor de dinero

Una excepción es el haj, que se ha ampliado y ha ascendido en categoría. La riqueza petrolera y una creciente identificación con el Islam le ha hecho un enorme productor de dinero. Las cadenas hoteleras elegantes se han instalado en La Meca, incluido Raffles, que en 2010 abrió el Makkah Palace, equipado con spa. Las tiendas de recuerdos hacen un comercio tan enorme que algunas sólo abren durante el haj. A las empresas de viajes en los países de origen de los turistas también les va muy bien: En Egipto, los paquetes cuestan hasta 11,450 dólares, según Reda Dunia, que dirige una agencia de viajes en El Cairo.

Algunos peregrinos se quejan del costo creciente de cumplir su deber religioso. Las aerolíneas y los hoteles elevan sus precios durante las fiestas religiosas. Sin embargo, dice Dunia, los musulmanes a menudo ahorran por años para su haj, “así que la mayoría de ellos están dispuestos a gastar dinero en la experiencia”.

Algunos operadores de viajes ahora ofrecen paquetes que incluyen actividades de ocio junto con las religiosas. Esto ayuda a impulsar el precio y también podría convencer a los agnósticos y ateos de visitar sitios sagrados simplemente por la experiencia cultural.

A crear turismo religioso

Los países que carecen de sus propios atractivos religiosos ahora están tratando de crearlos. En junio, las autoridades de Dubái anunciaron planes para construir un parque temático Sagrado Corán, con muros que describan las historias del Corán y un jardín de plantas mencionadas en el mismo. Dubái está apostando a que los devotos sean tan rentables como los compradores y buscadores de diversión a los que atrae actualmente.

 

Cifras

La Organización Mundial de Turismo de Naciones Unidas estima que más de 300 millones de personas participan en peregrinaciones cada año. Incontables más visitan santuarios o lugares sagrados.