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No pasará mucho tiempo antes de que el Congreso y la Casa Blanca empiecen a pelear de nuevo por el presupuesto en Washington. Sin embargo, antes de que creen otra crisis de deuda artificial, el Presidente Barack Obama y sus oponentes republicanos deberían poner algo de atención a una crisis real a 2,400 kilómetros al sureste.

Puerto Rico, un territorio estadounidense, corre el riesgo de una crisis estilo Grecia. Con 70,000 millones de dólares de deuda pendiente, el equivalente de 70 por ciento de su PIB, está más endeudado que cualquiera de los 50 estados de Estados Unidos. Puerto Rico no es técnicamente un estado, pero sus bonos son tratados como si lo fuera. Los rendimientos sobre sus bonos se han elevado a 10 por ciento, pues a los inversionistas les preocupa que pudiera estarse encaminando a un incumplimiento de pago.

Crisis

Como Grecia, Puerto Rico es un lugar crónicamente poco competitivo encadenado por una unión monetaria con un vecino más rico y más productivo. La economía de la isla también está dominada por un enorme, ineficiente y casi ateniense sector público. Como con Grecia, hay temores de que un incumplimiento de pago caótico pudiera precipitar una crisis mucho más grande ahuyentando a los inversionistas y elevando los costos de endeudamiento para los bonos estatales y locales en el mercado de casi 4 billones de dólares de Estados Unidos.

Sin embargo, la comparación helénica también es útil: Debería mostrar a los estadounidenses qué no hacer.

Durante décadas, Puerto Rico se ha sostenido con los subsidios federales. Su gente, mucho más pobre que el promedio estadounidense, recibe numerosas transferencias, desde pensiones hasta cupones de alimentos. Hasta 2006, la economía era mantenida a flote por los incentivos fiscales para las empresas estadounidenses que manufacturaran ahí. Como las compañías farmacéuticas aprovecharon eso, el territorio se convirtió en una enorme maquiladora medicinal. Esta exención fiscal desapareció en 2006, y la economía de Puerto Rico virtualmente se ha contraído cada año desde entonces.

Ha podido seguir endeudándose, sin embargo, gracias a otro subsidio: El interés sobre la deuda puertorriqueña está exento de impuestos estatales, locales y federales en Estados Unidos, lo que le hace artificialmente atractiva para los inversionistas.

Cero crecimiento y una deuda pesada son una combinación tóxica. En 2010, el gobernador anterior de Puerto Rico intentó, infructuosamente, impulsar la economía con recortes de impuestos. Su sucesor, el gobernador Alejandro Padilla, ha elevado los impuestos significativamente y espera un presupuesto equilibrado para 2016. Funcionarios puertorriqueños insisten en que su país es solvente; y, con algunas suposiciones heroicas sobre el crecimiento futuro y los crecientes ingresos fiscales, se logra que las cifras cuadren.

Es aquí donde la experiencia de Grecia merece estudio. Sugiere que la austeridad por sí sola no es vía hacia la solvencia en una economía crónicamente poco competitiva.

La prioridad de Puerto Rico deberían ser las reformas estructurales para impulsar el crecimiento, desde la desintegración de monopolios hasta la reducción de los trámites burocráticos. La isla se ubica en el sitio 41 en el índice de Doing Business del Banco Mundial, mientras que Estados Unidos está en el cuarto. Los costos laborales son demasiado altos, no menos porque el salario mínimo federal, que aplica en Puerto Rico, es casi igual que el salario promedio. Las políticas en Washington deben ayudar, por lo menos deshaciéndose de las locas reglas que obligan a toda la carga entre la isla y los puertos estadounidenses a ser transportada en barcos estadounidenses.

 

Otra lección

La segunda lección de Grecia es que, si es necesario reestructurar la deuda, es mejor hacerlo pronto. Grecia esperó demasiado tiempo.

Es poco probable que el Congreso de Estados Unidos ofrezca préstamos oficiales para pagar a los tenedores de bonos privados, como hicieron los europeos por Grecia. Sin embargo, los formuladores de políticas de Estados Unidos pudieran, y deberían, asegurarse de que una reestructuración de la deuda puertorriqueña sea ordenada. El gobierno federal debería ofrecer financiamiento provisional para asistir en la reestructuración, al igual que hace el Fondo Monetario Internacional en otras partes. Incluso lo detalles legales del intercambio de bonos de Grecia pudiera ser un modelo.

Nada de esto sería fácil aun cuando los formuladores de políticas en San Juan y Washington fueran audaces y previsores. No obstante, los primeros se muestran evasivos, y los segundos ni siquiera están prestando atención.

Se puede esperar que la crisis de deuda de Puerto Rico empeore.