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En 2008, Luiz Inacio Lula da Silva, entonces presidente de Brasil, se jactaba de que, para cuando el “tsunami” desencadenado por el colapso de Lehman Brothers llegara a las costas de su país, estaría reducido a una “pequeña ola”. El programa de estímulo que él introdujo ayudó a que Brasil transitara por la contracción crediticia relativamente ileso.

Cinco años después, sin embargo, sigue inyectándose dinero público en su economía, con consecuencias cada vez más negativas. La deuda pública está aumentando. Los bancos estatales están asumiendo más del mercado del crédito. El gobierno está deformando los estándares contables en sus intentos por disfrazar todo esto.

Preocupados porque los consumidores están agobiados, los bancos privados han evitado prestar en los últimos años. Desde 2008, sin embargo, el libro de préstamos corporativos de BNDES, el banco nacional de desarrollo, ha crecido en 24 por ciento anualmente, muy por encima del crecimiento del PIB nominal de 11 por ciento. Caixa Economica Federal, un banco minorista estatal, ha ampliado el crédito en 42 por ciento anualmente durante los últimos tres años. Para junio, los bancos estatales tenían 50.3 por ciento de todos los créditos pendientes, por encima del 33 por ciento registrado en 2008, la primera vez que habían superado la marca del 50 por ciento desde una ola de privatizaciones bancarias en 1999.

¿Cómo son financiados?

BNDES y Caixa son financiados por un impuesto a los trabajadores así como por pagos de préstamos reciclados y, en el caso de Caixa, depósitos. El frenético crecimiento de préstamos significa que ambos están bajo enormes exigencias. La proporción de los préstamos en relación con los depósitos de Caixa ha aumentado de 49 por ciento a 113 por ciento en los últimos cinco años. La Tesorería ahora representa más de la mitad del financiamiento de BNDES, respecto de casi nada hace cinco años. El financiamiento de la Tesorería de los bancos estatales creció de 6,500 millones de dólares en 2007 a 188,000 millones de dólares el año pasado, 9.2 por ciento del PIB.

Conforme el crédito ha aumentado, la calidad del capital de los bancos estatales ha empeorado. Una parte creciente consiste en acciones de empresas controladas por el estado, que son menos líquidas y más volátiles que el efectivo, pero pueden ser entregadas por el estado sin que tenga que pedir prestado. Para fines de 2012, el capital Tier 1 de BNDES, el tipo más sólido, había caído a 8.4 por ciento de los activos y el de Caixa a 6.6 por ciento, muy por debajo del promedio de 12.1 por ciento para los bancos brasileños.

BNDES tiene altos estándares de suscripción y buena garantía colateral, pero 10 de los deudores más grandes representan una preocupante cifra cuatro veces mayor a su capital Tier 1. Los deudores minoristas de Caixa a menudo son deudores de primera vez con historiales de crédito desconocidos. Los primeros meses después de tomar un préstamo deberían ser los menos tensos, lo que significaría que la gran expansión del banco debería haber reducido la porción de préstamos con atrasos. Eso no sugeriría problemas para el futuro.

Subsidios

Más riesgos provienen de un plan subsidiado por el gobierno que da a los brasileños pobres préstamos baratos para comprar computadoras, muebles y línea blanca. Documentos filtrados muestran que los analistas de Caixa esperan tasas de incumplimiento de pago de entre 30 y 50 por ciento.

En marzo, Moody’s, una agencia calificadora, degradó a BNDES y Caixa para que igualaran la deuda soberana de Brasil. Sus calificaciones independientes, que suponen un apoyo gubernamental implícito, están ahora por debajo del grado de inversión. La razón, dice el analista de Moody’s Alexandre Albuquerque, es que ambos han llegado a entrelazarse con la política económica gubernamental.

“Ya no son un mejor riesgo que la deuda pública”, afirma.

Gran parte del crédito de los bancos estatales es a tasas menores que los propios costos de financiamiento del gobierno. La diferencia es soportada por la Tesorería. Mansueto Almeida de IPEA, un grupo de análisis financiado por el gobierno, estima que alcanzará los 24,000 millones de reales este año; alrededor de lo mismo que el programa antipobreza Bolsa Familia, que apuntala los ingresos de casi 14 millones de familias muy pobres.

Estancados

BNDES se disponía a incrementar la inversión. Aun cuando su libro de préstamos se ha inflado, sin embargo, el índice de inversión general de Brasil se ha estancado. Un engorroso papeleo y una inclinación por las empresas triunfadoras nacionales significan que gran parte de su crédito se destina a empresas lo bastante grandes para buscar financiamiento privado, en vez de a las pequeñas que están ansiosas de crédito. Sus tasas subsidiadas desplazan a los préstamos privados.

“Los préstamos de BNDES han reemplazado a algunas inversiones de los propios recursos de las compañías”, dice Gabriel Leal de Barros de la Fundacao Getulio Vargas, un instituto de investigación. “Los subsidios significan que puede ser más barato pedir prestado que autofinanciarse”.

El deseo de encubrir las consecuencias de un mayor crédito estatal ha tentado al gobierno a falsear sus propias cuentas y las de los bancos. En diciembre pasado, postergó el pago para los subsidios sobre una línea de crédito particularmente barata para BNDES hasta 2015. A BNDES se le ha permitido no asentar las pérdidas sobre acciones que tiene hasta que las venda, y usar transferencias de la Tesorería para prestar más antes que apuntalar su capital Tier 1.

Otra estratagema se acerca a ser una estafa: El financiamiento de la Tesorería para un banco estatal no cuenta como gasto en las cuentas nacionales, pero los dividendos más altos que ese financiamiento permite pagar al bando cuentan como ingresos del gobierno.

Incluso el gobierno parece darse cuenta finalmente de que la inundación de fondos públicos que pasan a borbotones por los bancos estatales de Brasil debe desacelerarse. En abril, Luciano Coutinho, el presidente de BNDES, dijo que el banco había sido tan exitoso en crear empresas triunfadoras nacionales que ahora podría aflojar el paso. El 14 de octubre, el ministro de Finanzas Guido Mantega dijo que la Tesorería recortaría las transferencias a BNDES durante los próximos años.

Sin embargo, poner esas buenas intenciones en práctica choca con otras intenciones del gobierno. Aunque los préstamos de consumo de Caixa representan malos riesgos, le hacen ganar votos a la Presidenta Dilma Rousseff, que está buscando la reelección el año próximo.

Sus planes para mejorar los pobres enlaces de transporte subastando concesiones para construir y operar infraestructura ejercerán presión sobre BNDES como nunca antes. Se supone que estará financiando alrededor de 70 por ciento de los costos, 170,000 millones de reales durante los próximos cinco años.

Calma

El gobierno parece darse cuenta finalmente de que la inundación de fondos públicos que pasan a borbotones por los bancos estatales de Brasil debe desacelerarse.