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  • The New York Times

Bradford Cooke pasa su dedo a lo largo de una vena de mineral rico en plata y oro y se estremece casi tanto como lo haría un veterano minero canadiense.

“Este lugar ha sido explotado durante 450 años”, dice. “Sin embargo este pequeño tesoro ha estado oculto a menos de 25 metros bajo la superficie”.

Señala al gerente británico de la mina, quien recorre entusiasmado las rocas recién expuestas por una explosión, y ríe entre dientes.

“Esto es lo que Dave llama ‘excitante’”, dice Cooke.

Sin embargo, el objeto de su afecto se está empañando rápidamente ante sus ojos. El 30 de octubre, el día en que Cooke trajo al consejo de su compañía basada en Vancouver, Endeavour Silver, a su inspección anual de una de las tres minas de la compañía en el centro de México, la cámara alta del Congreso aprobó un nuevo impuesto minero propuesto por el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto.

Reforma fiscal

“Si se concreta”, dice Cooke, “nuestra cuarta mina no estará en México”.

La minería no es la única industria indignada por la amplia reforma fiscal de Peña Nieto. De hecho, difícilmente hay un grupo empresarial que no haya enviado cabilderos al Congreso en un desolado intento por suavizar su impacto, desde las refresqueras y las empresas alimentarias que enfrentan un nuevo impuesto anti-obesidad hasta las exportadoras manufactureras (maquiladoras) que perderán privilegios fiscales y las compañías de alimentos para perros afectadas por un impuesto al valor agregado más alto.

El gobierno necesita elevar los ingresos en un país donde cunde la evasión fiscal. El impuesto minero, regalías de hasta 7.5 por ciento sobre las utilidades, más 0.5 por ciento de los ingresos procedentes de metales preciosos, tiene sentido en principio, pero se da aun cuando los precios de los metales han decaído. Por ejemplo, los precios de la plata de Endeavour cayeron en 21 por ciento en el tercer trimestre comparado con el mismo periodo el año pasado.

Las empresas mineras dicen que las regalías amenazarán a la inversión y los empleos. Grupo México, un conglomerado y productor de cobre, dijo el 28 de octubre que un programa de inversión de 5,300 millones de dólares programado para iniciar después de 2014 pudiera ser redirigido a jurisdicciones de impuestos menores, como Canadá, Chile, Perú o Estados Unidos.

Rosalind Wilson, jefa del equipo de trabajo de las mineras de la Cámara Canadiense de Comercio en México, dice que en 2012 el país recibió 53 por ciento de los 1,900 millones de dólares recaudados en la Bolsa de Valores de Toronto y su gemela menor para financiar la minería en Latinoamérica. En los primeros meses de este año, la cifra cayó a 17 por ciento.

Se excluye

“México se está excluyendo completamente del mercado”, dice.

La Secretaría de Hacienda expresa sorpresa ante la reacción, pero no se muestra arrepentida. Afirma que México se ha vuelto excesivamente generoso al no cobrar regalías. Refuta la evaluación de la industria de la severidad del impuesto de 7.5 por ciento, diciendo que hay un generoso subsidio para la depreciación de la inversión.

México ha visto un auge minero desde que abrió la industria a los extranjeros en 1990. El resultado es evidente en la mina Bolañitos cerca de Guanajuato, una ciudad que aún resplandece por la riqueza platera que se remonta a la época colonial española. Después de que se hizo cargo de ella en 2007, Endeavour incrementó el volumen diario de mineral que pulveriza de 50 toneladas a 2,000 toneladas.

La “participación soberana”, como un miembro del consejo de la compañía llama a las regalías, significa que este tipo de inversión para impulsar la productividad quizá ahora llegue más lentamente.