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  • The Economist

Cuando el famoso guionista William Goldman reveló el funcionamiento interno de la industria cinematográfica en “Adventures in the Screen Trade” (Warner Books, 1983), Hollywood estaba en agitación. Los estudios se estaban recuperando de una serie de fiascos, más notablemente “Heaven’s Gate” (1982), una cinta del oeste que había costado 44 millones de dólares – una suma enorme en esos días – y arruinado a United Artists, el estudio que la produjo.

El libro de Goldman es mejor recordado por acuñar la regla de que en su industria “Nadie sabe nada”. En otras palabras, nadie sabe si una película tendrá éxito o no.

Tres décadas después, tomando en cuenta fiascos de gran presupuesto como “The Lone Ranger” (2013), la situación en Hollywood es la misma, aunque más grave. En estos días, los estudios suponen que, para llevar a la gente a las salas de cine, las cintas deben ser más espectaculares, así que los presupuestos de producción pueden superar los 300 millones de dólares y su comercialización puede costar otros 150 millones de dólares. Cuando la película de aventuras de Disney “John Carter” (2012) fracasó en grande, el gigante del entretenimiento sufrió una pérdida de 160 millones de dólares. Al jefe del estudio Rich Ross le dijeron: “Hasta la vista, y comamos juntos alguna vez”.

A medida que los estudios gastan cada vez más en extravagantes precuelas, secuelas y cintas de “franquicia”, supuestamente como una forma de reducir el riesgo apoyándose en fórmulas probadas, hay un creciente peligro de que estas cintas sean rechazadas por los espectadores hartos. Steven Spielberg, quien no necesita presentación, estima que los estudios pudieran enfrentar “el colapso” si varias grandes películas fracasan a la vez.

Los estudios están proponiendo cada vez más solo dos tipos de cintas: las de mega-presupuesto que pueden tener impacto en los conglomerados que las poseen y las de bajo presupuesto, hechas por menos de 25 millones de dólares, que pueden obtener buenos resultados cuando funcionan.

“Hollywood es como Estados Unidos”, dice el productor Kevin Misher. “La clase media se ha reducido”.

Goldman describió cómo, para 1983, los estudios casi habían renunciado a desarrollar sus propias ideas. En vez de ello, escritores y productores independientes y otros forasteros recorrían Hollywood proponiendo paquetes totalmente preparados, a menudo con estrellas que ya habían firmado y guiones ya escritos. Ahora, los estudios, tras recortar su restante gasto en desarrollo para elevar sus presupuestos de mercadotecnia, dependen aún más en los forasteros para que diseñen su producto. ¡Imaginen si Apple o Toyota hicieran esto!

Los estudios también están buscando afuera el dinero para financiar las películas. Ha surgido una nueva especie de intermediarios, como el Village Roadshow Entertainment Group y Skydance, para financiar los proyectos.

Como lo describió Goldman, los ejecutivos de los estudios eran como mánagers de beisbol: “Despiertan cada mañana . con el conocimiento de que tarde o temprano serán despedidos”. De nuevo, esto es ahora más cierto que nunca. Conforme los presupuestos de las películas ha crecido, también lo ha hecho el riesgo de que un fracaso ponga fin a la carrera de un ejecutivo.

Los últimos 18 meses han visto más rotación de ejecutivos de lo usual, ya que cuatro de los seis estudios principales han visto un cambio en los niveles superiores. En 1983, los ejecutivos de los estudios a menudo eran agentes fracasados. Ahora parecen ser empresarios. Jeff Shell, quien asumió la dirección de Universal Pictures de Comcast en septiembre, es un directivo televisivo sin antecedentes en la cinematografía.

Como todos saben aún que nadie sabe nada, los estudios continúan mostrando adelantos de las películas a grupos de estudio, para determinar cómo modificarlas y comercializarlas. Incluso después del estreno de una cinta, sin embargo, sigue siendo poco claro por qué tuvo éxito o fracasó. ¿Por qué la cinta de relativamente bajo presupuesto “Gravity”, que presenta a George Clooney y Sandra Bullock en un relato lento pero lleno de suspenso sobre astronautas varados, fue uno de los éxitos de este año pese a las dudas de su estudio, Warner Bros., mientras la cinta de ritmo rápido y dirigida a los adolescentes “The Lone Ranger” resultó tal fracaso, pese a las elevadas esperanzas de Disney para una cinta protagonizada por Johnny Depp?

“Hollywood siempre está en crisis”, bromea un agente de talentos que, regularmente tímido ante la publicidad, prefiere no ser identificado.

En realidad, su oficina está en Century City, un distrito de Los Ángeles de rascacielos que alguna vez fue el lote trasero de 20th Century Fox hasta que el estudio tuvo que venderlo debido al elevado costo de su cinta épica “Cleopatra” (1963).

Enfrentada con la bancarrota hace 50 años, Fox hubiera hecho mejor conservando la propiedad y deshaciéndose de la operación cinematográfica. El rendimiento sobre el capital de la industria ha sido crónicamente anémico. Los conglomerados de medios que poseen a los estudios principales se quejan de la economía terrible de la industria, particularmente ya que las ventas de películas en DVD alcanzaron su clímax en 2004 y luego menguaron, pues los consumidores cambiaron a rentas de menor costo y a servicios de suscripción como Netflix.

La tecnología debería haber ayudado a Hollywood, reduciendo el costo de la distribución de las películas, pero también ha costado mucho a la industria, pues los cineastas engalanan sus películas con efectos especiales costosos solo para que el alboroto negativo de las redes sociales aniquilen a las cintas incluso antes del estreno.

Hace 30 años, Hollywood trató de hacer películas que atrajeran a los “compradores de rosetas de maíz”, los jóvenes de entre 16 y 24 años que acostumbraban ir al cine en grupos antes de que se preocuparan tanto por sus smartphones. Luego se enfocaron en películas que se vendieran bien en formato DVD para su reproducción en casa. En el apogeo de 2004, la venta de medios físicos representó 48 por ciento de los ingresos de los grandes estudios en Estados Unidos, según IHS, una firma de investigación. Desde entonces, el valor de sus ventas ha descendido en casi la mitad.

Hoy, Hollywood intenta adaptar sus productos a los gustos de los aficionados al cine en grandes economías emergentes, especialmente China, que es ahora el segundo mercado cinematográfico más grande del mundo. Entre más pueda viajar una película, mejor, lo cual significa que los estudios están exportando cintas con menos elementos estadounidenses.

“Las grandes películas de Hollywood no tienen vinculada una ideología nacional actualmente”, dice Michael Lynton, el jefe de Sony Pictures.

Consideremos las cuatro caricaturas “Ice Age” de Fox, que juntas han recaudado 800 millones de dólares. No están situadas en ninguna época o lugar identificables, y los personajes pueden ser fácilmente doblados a los idiomas locales.

Hollywood siempre ha sido una “ciudad con sistema de castas”, en palabras de Goldman. Eso sigue siendo cierto, pero los niveles están cambiando.

Trabajar en televisión era considerado menos deseable que el desempleo. Hoy, es donde se gana más dinero, así que escritores, productores y los propios estudios se están enfocando más en la televisión.

En cuanto a Goldman, que tiene 82 años de edad, se ha mudado a Nueva York y está escribiendo un musical. Quiso la suerte que los grandes estudios cinematográficos estén invirtiendo en musicales de Broadway. Pero como se ve en “The Producers” (1968), la historia clásica de Mel Brooks – posteriormente convertida en un musical exitoso – de un musical diseñado para fracasar que se convierte en un gran éxito, incluso en Broadway realmente nadie sabe nada

 

En otros tiempos

Hace 30 años, Hollywood trató de hacer películas para los “compradores de rosetas de maíz”, jóvenes que iban al cine en grupos, antes de que se preocuparan tanto por sus “smartphones”.