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  • The Economist

Durante años, el Fondo Monetario Internacional se hizo de la vista gorda mientras Argentina alteraba su índice inflacionario y embellecía sus cifras para el crecimiento económico. En febrero pasado, sin embargo, el FMI endureció su postura y censuró a Argentina, advirtiéndole que mejorara sus estadísticas para septiembre o enfrentaría la potencial suspensión o expulsión.

Esta amenaza no tenía precedente en la historia del Fondo, pero parece haber sido en gran medida vacía. El 9 de diciembre, el consejo del FMI se reunió para revisar el avance de Argentina en un nuevo índice inflacionario. Declaró que, aun cuando el país no había adoptado las medidas que el Fondo quería, “reconocía el trabajo en marcha” del gobierno y postergaba cualquier otra acción hasta marzo.

En realidad, a quienes les importa la integridad de las estadísticas se alegraron por la reciente renuncia de Guillermo Moreno, el secretario para el comercio interior. Moreno fue el hombre que en 2007 intervino en el INDEC, el instituto de estadística, después de lo cual éste empezó a falsear los datos inflacionarios. Actualmente, muchos funcionarios se ocupan menos en fingir que la inflación es de alrededor de 10 por ciento, en vez de la verdadera cifra de alrededor del doble de eso.

Algunos economistas creen que el nuevo índice inflacionario será una mejora. Otros dudan de que el gobierno haya adoptado repentinamente la honestidad numérica. Es probable que el INDEC seleccione los artículos para los cuales el gobierno ha ordenado el congelamiento de precios y deje fuera aquellos cuyos precios aumenten, según Juan Luis Bour de FIEL, un grupo de análisis en Buenos Aires.

Efecto dominó

Encubrir la verdadera tasa de inflación tiene efecto dominó en otras estadísticas. Tomemos la pobreza: El gobierno dice que solo 4.7 por ciento de la población urbana es pobre. Extrañamente, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas tiene una cifra aún menor, de 4.3 por ciento. Sin embargo, la Universidad Católica de Argentina en Buenos Aires calcula que, según el verdadero costo de la vida, la cifra correcta es de 27 por ciento.

De manera similar, subestimar la inflación ha tenido el efecto de inflar el cálculo oficial del PIB desde 2007. En septiembre, el gobierno causó sorpresa cuando reportó cifras trimestrales de crecimiento sospechosamente optimistas. Eso fue pese a la advertencia del FMI y el hecho de que las cifras oficiales desencadenarían un pago multimillonario en dólares a los tenedores de bonos vinculados al PIB. La predicción del Ministerio de Economía de un crecimiento de 5.1 por ciento en 2013 excede el de la mayoría de los analistas privados en más de dos puntos porcentuales.

El problema de las estadísticas dudosas es mucho más amplio. Por ejemplo, aunque el INDEC afirma que la construcción creció en 4.7 por ciento en los primeros 10 meses de 2013, Econviews, una consultora que hace sus propios cálculos, sitúa esta cifra en solo 0.5 por ciento. En 2008 y 2009, las estimaciones privadas y oficiales de la expansión en la producción industrial variaron en hasta 10 puntos porcentuales. Aunque la desviación ha disminuido desde entonces, economistas privados aún prefieren confiar en sus propias cifras.

Los observadores agrícolas se sintieron confundidos cuando sus estimaciones para la cosecha de maíz de 2013 de alrededor de 25,500 millones de toneladas quedaron por debajo de las del Ministerio de Agricultura por más de 6,000 millones de toneladas. Resultó que el ministerio había incluido discretamente el maíz retenido por los agricultores para alimentar a su ganado, al contrario de su práctica anterior. Cuando se trata de las cifras económicas oficiales, solo las del Banco Central tienen aún alguna credibilidad.

Provincias sacudidas

La incapacidad oficial para enfrentar la verdad se extiende a la delincuencia. El Ministerio de Justicia dejó de publicar las estadísticas de delincuencia anuales en 2009. En sus estadísticas, el Ministerio de Salud ha reducido el recuento de asesinatos en dos tercios excluyendo las “muertes por agresión exterior, de intención desconocida”, de las cuales hubo 3,124 en 2011.

El problema para la Presidenta Cristina Fernández es que el solipsismo estadístico de su gobierno ya no se lo creen los argentinos. Este mes, una docena de provincias se vieron sacudidas por huelgas policiales, solucionadas con aumentos salariales de más del 30 por ciento, y saqueos. Los argentinos saben perfectamente bien que las realidades de la inflación, la pobreza y la delincuencia se asemejan poco a las estadísticas oficiales.

 

Credibilidad

El problema para la Presidenta Cristina Fernández es que el solipsismo estadístico de su gobierno ya no se lo creen los argentinos.