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  • The Economist

Tesla, un fabricante de autos eléctricos estadounidense, es el preferido de los inversionistas y el éxito más visible en una industria más notable por sus fracasos. Los elogios que ha provocado están alentando a las empresas chinas a tratar de entrar en el mercado estadounidense.

Una compañía de Hong Kong y una empresa continental están enfrentándose por el control de Fisker, un fallido fabricante de autos híbridos-eléctricos en California, y una audiencia judicial que estaba programada para el 10 de enero iba a considerar el llamado de los acreedores para una subasta abierta. Mientras tanto BYD, otra empresa continental china, anunció que vendería sus propios autos eléctricos en Estados Unidos el año próximo.

En 2009, cuando el Departamento de Energía aceptó otorgar a Fisker un gran préstamo de “energía verde” para iniciar la producción de su elegante auto deportivo Karma, la compañía parecía destinada a ser una amenaza seria para Tesla. Sin embargo, Fisker fue hundida por problemas de calidad, una mala administración y las dificultades financieras de A123, su proveedor de baterías, aunque también había disfrutado de la generosidad de los contribuyentes. La producción del Karma cesó a fines de 2012, y en noviembre pasado Fisker siguió a A123 en su declaración de bancarrota.

Influencias y control

Hybrid Tech Holdings – controlada por Richard Li, hijo de Li Ka-shing, el magnate más rico de Hong Kong – compró el préstamo del gobierno a Fisker con un gran descuento y ahora está buscando usar su influencia como acreedor para obtener control de la firma colapsada.

Los gerentes de Fisker apoyan la oferta de Li, pero muchos de los acreedores sin garantía de la compañía prefieren la propuesta de adquisición rival, de Wanxiang, un gigantesco fabricante chino de autopartes que aspira a entrar en grande en el negocio de los autos eléctricos. Ya ha comprado a A123 y planea revivir la producción del Karma, ensamblándolo en Estados Unidos en vez de, como antes, en Finlandia.

Pese a todo el entusiasmo en torno a Tesla, los autos de baterías en general se han estado vendiendo como pays de carne de cerdo en una convención de vegetarianos. Sin embargo, esto no está disuadiendo a los licitadores rivales de Fisker ni a BYD, que tiene a Warren Buffett como accionista. BYD ya ha convencido a Los Ángeles de aceptar un puñado de sus costosos autobuses eléctricos, pero hacer que los automovilistas compren costosos autos de batería a una firma de la que no han oído hablar es todo un desafío.

Calidad

Ni BYD ni ninguna otra empresa china ha producido aún un auto eléctrico que se asemeje a la calidad del Modelo S de Tesla, al cual los expertos automovilísticos han bañado de elogios. Incluso en China, donde están disponibles grandes subsidios y otros incentivos, los compradores han desdeñado sus cacharros.

Así que los licitadores chinos de Fisker quizá se ahorren mucho pesar y dinero desperdiciado si la xenofobia estadounidense y las irracionales críticas a China bloquean su ingreso. En un episodio reciente del programa noticioso de CBS “60 Minutes”, un reportero se queja ante un ejecutivo de Wanxiang de que “hay algo que no suena bien de una compañía china que llegue y coseche todo después de que los contribuyentes invirtieron mucho en ello. Ustedes están aquí solo para tomar nuestra alta tecnología”.

Los autos totalmente estadounidenses de Tesla disfrutarán de un camino despejado por algunos años todavía.

 

Falta fuerza

Pese a todo el entusiasmo entorno a Tesla, los autos de baterías en general se han estado vendiendo como pays de carne de cerdo en una convención de vegetarianos.