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Hace aproximadamente cuatro años, Time Warner Cable se sentía solo y poco querido. Se había separado de su compañía matriz para que Time Warner se enfocara en sus actividades de contenido, dejando a Time Warner Cable a cargo de la televisión por cable con menor crecimiento.

Recientemente, sin embargo, la compañía escindida ha vivido el sueño de toda adolescente ignorada y ha recibido abundante atención. Charter, una empresa de cable rival, la rondó durante ocho meses. En los últimos días, el drama se intensificó, cuando Charter propuso una lista de directores para reemplazar al consejo de Time Warner.

Ahora se ha presentado otro admirador. Se esperaba que el 13 de febrero, mientras este artículo iba a las prensas, Comcast, la empresa de cable más grande de Estados Unidos, hiciera una oferta de alrededor de 159 dólares por acción por Time Warner Cable, en un acuerdo por todas las acciones con valor de unos 45,000 millones de dólares.

La oferta

Eso es todo, probablemente, como dicen en una parte más glamorosa de la industria de los medios. Comcast ha ofrecido un precio cercano al que Time Warner había dicho previamente que quería, y no es probable que Charter –que ofreció 132.50 dólares por acción en enero– ofrezca más.

Comcast ya es la operadora de cable más grande de Estados Unidos, con alrededor de 22 millones de suscriptores. También es, se puede decir, la empresa de medios más poderosa de Estados Unidos. El año pasado completó un acuerdo de 28,000 millones de dólares para comprar NBC Universal a General Electric, lo cual le dio el control de una cadena de transmisión, canales de cable, un estudio cinematográfico, parques temáticos y otros activos.

El tamaño significa influencia, pero también atrae la atención. Los reguladores analizarán este convenio detenidamente, especialmente porque muchos estadounidenses ya tienen una opción limitada de proveedores de televisión de paga en sus áreas. Se dice que Comcast, que tendría alrededor de 33 millones de suscriptores después de absorber a Time Warner, aceptaría perder unos tres millones de ellos, pero los reguladores pudieran pedir más. Ahora que la campaña de Comcast para la aprobación antimonopolio de su adquisición de NBC Universal ha concluido exitosamente, tiene a muchos cabilderos de Washington en su nómina a la espera de la próxima pelea.

La televisión satelital

El argumento más importante en la batalla por el control de Time Warner Cable ha sido la consolidación de la industria del cable. Más peso ayudaría a las operadoras de cable a defenderse de las firmas de televisión satelital y las compañías de banda ancha inalámbrica, que han absorbido clientes. En teoría, la escala también dará a las operadoras de cable más poder para negociar con las compañías de contenido, que han estado tratando de obtener tarifas más altas por el derecho de transmitir sus canales. En el proceso, los márgenes por la venta de éstos a los cliente de cable se han reducido a alrededor del 50 por ciento, según Todd Juenger de Sanford C. Bernstein, una firma de investigación. Eso no es nada despreciable, pero los márgenes para la banda ancha –que los proveedores de cable también venden, regularmente en paquete con la televisión– son un 100 por ciento más jugosos.

John Malone, el “vaquero del cable” de Estados Unidos, posee una participación accionaria en Charter a través de su firma, Liberty Media. Él ha sido uno de los defensores más francos de la consolidación. En este caso, sin embargo, otro conquistador del cable ha dejado a Malone y su Stetson mordiendo el polvo.

Los intentos

Comcast, que fue fundada en 1963, tiene su sede en la poca ostentosa Filadelfia y es dirigida por Brian Roberts, el discreto pero decidido hijo de uno de sus fundadores. Mezcla la humildad de una compañía con raíces en la instalación de cable con el ansia de un actor poco favorito decidido a tomar por asalto a Nueva York y Hollywood. No ha evitado los acuerdos audaces, como la infructuosa oferta por Disney en 2004, y en 2009 Roberts empezó a perseguir a NBC Universal, cuando su precio era relativamente barato. Incluso quienes afirman que no tiene mucho sentido combinar producción de contenido con su distribución dicen que Roberts fue brillante al comprarla. Porque obtuvo un muy buen acuerdo.

Aunque Comcast está preparada para pagar precios altos por buenos activos, una vez que los consigue impone la disciplina financiera. El año pasado, envió a Hollywood a uno de sus ejecutivos televisivos de confianza, Jeff Shell, quien nunca ha hecho una película en su vida, a dirigir los Universal Studios. Presumiblemente pensó que mantendría los costos bajo control mejor que un jefe hollywoodense convencional.

Novedades

Comcast también ha empezado a ofrecer funciones que permiten a los suscriptores ver televisión en laptops, tabletas y smartphones y acceder a programas anteriormente transmitidos desde ellos, de manera muy similar a como pueden hacerlo con servicios de video en línea como Netflix.

Comcast “no es el mejor en innovación”, dice Blair Levin, miembro del Aspen Institute, un grupo de análisis, “pero yo diría que son los mejores en adaptar a una escala mayor las innovaciones de otros”.

Con Time Warner Cable en la bolsa, esa adaptación se volverá aún más fácil.

 

Reguladores

Se dice que Comcast, que tendría alrededor de 33 millones de suscriptores después de absorber a Time Warner, aceptaría perder unos tres millones de ellos, pero los reguladores pudieran pedir más.

 

La oferta

Enfrentada a la perspectiva a más largo plazo de que los clientes la abandonen por proveedores alternativos, Comcast se está enfocando en cómo asegurar que su oferta televisiva sea lo más atractiva posible, especialmente dado el alto costo de las suscripciones de cable. La empresa ha invertido recursos en rediseñar su interfase de usuarios para hacer más fácil navegar entre los canales. Ha experimentado con nuevas funciones, como permitir a sus suscriptores comprar películas a través de sus convertidores, en comparación con meramente rentarlas, lo cual espera los mantenga leales.


Comcast “no es el mejor en innovación, pero yo diría que son los mejores en adaptar a una escala mayor las innovaciones de otros”.
Blair Levin, miembro del Aspen Institute, un grupo de análisis.