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Mientras usted lee esto, 46 millones de personas están siendo retenidas como rehenes en Ucrania. El presidente Vladimir Putin de Rusia ha hecho retroceder sus tropas de la frontera oriental del país, pero también ha demandado que Occidente se mantenga fuera y que el nuevo gobierno en Kiev una vez más mire hacia Rusia.

No se alarmen, dice con inequívoca amenaza, la invasión es el último recurso.

Algunos en Occidente argumentarán que el punto de inicio para la política es reconocer la realidad, aunque sea desagradable. Dejen que Putin conserve la península de Crimea, la cual ocupó la semana pasada. Tiene una mayoría de habla rusa y de cualquier manera formaba parte de Rusia hasta 1954. En cuanto a Ucrania en general, Rusia está destinada a dominarla, porque le importa más ese país que a Occidente.

Protestar

Estados Unidos y la Unión Europea deben protestar, por supuesto, continúa este argumento, pero harían bien en evitar un enfrentamiento inútil que perjudicaría a sus propias economías, amenazaría a sus suministros de energía y concebiblemente hundiría a Ucrania en una guerra. Putin ha ofrecido una salida y Occidente debe aprovecharla.

Ese pensamiento es erróneo. En la última semana, Putin ha pisoteado las normas que apuntalan el orden internacional y ha establecido precedentes peligrosos que van mucho más allá de Ucrania. Ceder ante los secuestradores siempre es peligroso. Quienes no asumen una postura desde el comienzo a menudo enfrentan pruebas más graves en el futuro.

Los ciudadanos ucranianos que protestaron en Maidan no sacaron a un autócrata nativo solo para quedar en poder de aquel en el país vecino. Muchos de los jóvenes en las calles de Donetsk y Kharkiv, en el este de habla rusa, están tan ansiosos de pertenecer a una Ucrania soberana como sus compatriotas en Kiev y Lviv. Saben que, bajo la influencia de Rusia, Ucrania sería débil y dependiente. Miran hacia el oeste a Europa, que ofrece a su país su mejor esperanza de superar la corrupción crónica y de impulsar la economía.

Uso de la fuerza

Crimea parece inclinada a su vez hacia el este y, si su gente votara por una secesión ordenada, bien podría recibir el respaldo del mundo exterior. Sin embargo, el referendo que ha sido anunciado para el 16 de marzo se celebrará a punta de Kalashnikovs.

Además, la justificación que Putin usa para enviar tropas no es la historia singular de Crimea, sino más bien el principio de que el Kremlin tiene el deber de proteger a los rusos y a los rusoparlantes dondequiera que estén; la lógica que usó Hitler cuando se apoderó de partes de Europa en los años treinta. Si Occidente acepta implícitamente esto, Putin tendrá un pretexto para intervenir para proteger a los rusos dispersos en toda la ex Unión Soviética, desde el Asia Central hasta el Báltico.

Muchas potencias, no menos Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, han violado el derecho internacional. No obstante, Putin ha vaciado de significado a la ley al deformar la realidad para que signifique lo que él elija. Ha argumentado que los fascistas amenazan la seguridad de los rusoparlantes en Ucrania, y que las tropas de élite que rodean a las bases ucranianas no son rusos, sino irregulares que compraron sus uniformes en tiendas. Afirma que el memorando de Budapest que garantiza las fronteras de Ucrania, el cual Rusia firmó en 1994, ya no es válido porque el gobierno en Kiev ha sido derrocado.

La ley

Esas absurdas afirmaciones no están dirigidas a ser tomadas literalmente. Más bien comunican una verdad que los rusos comunes comprenden demasiado bien: la ley existe no para limitar el poder, sino para servirle. Sin oposición, esto es una licencia para la agresión rusa.

Así que no apuesten a que Putin se contentará con detenerse en Ucrania. En 2008, peleó Georgia para afirmar el control sobre Abjasia y Osetia del Sur. Ha dicho que el colapso de la Unión Soviética fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX. Está armado con una autoproclamada misión de reconstruir el imperio ruso y, ahora, con un pretexto para intervenir en el extranjero. No limitado por la ley o por el temor de que Occidente se le enfrente, Putin representaría una grave amenaza para sus vecinos.

Ayuda

Ucrania necesita ayuda, no solo porque está en bancarrota, sino también porque Rusia puede perjudicar gravemente a su economía y querrá socavar a cualquier gobierno de mentalidad independiente. Estados Unidos y la Unión Europea han encontrado algunos miles de millones de dólares en fondos de emergencia, pero Ucrania también necesita la perspectiva, aunque distante, de la membresía de la UE y un gran paquete del Fondo Monetario Internacional, junto con la asistencia técnica necesaria para cumplir sus condiciones.

Un inicio vital es una elección monitoreada que reemplace al gobierno ucraniano interino de hoy y al Parlamento actual, que está a la venta al mejor postor.

Tal como están las cosas, como los europeos están conscientes de sus frágiles economías y como el Kremlin insinúa que se vengará de las sanciones, a muchos les preocupa el costo de todo esto. Sin embargo, Putin medirá si Occidente está decidido sobre sus fronteras orientales en parte por el precio que esté dispuesto a pagar.

Otros argumentan que Occidente necesita que Rusia ayude a tratar con Siria y con el programa nuclear de Irán. Rusia está avivando la guerra en Siria, sin embargo, y ahora ha roto el acuerdo que prometió a Ucrania seguridad después de que renunció a sus armas nucleares; un precedente espantoso.

Durante demasiado tiempo, los líderes occidentales han esperado que los lazos económicos de sus países con Rusia fueran inmunes a la beligerancia del Kremlin. Esta semana, Putin les probó que están equivocados.

 

Intereses en juego

Occidente no está a punto de ir a la guerra por Ucrania, ni debería. No hay en juego suficientes de sus intereses para correr el riesgo de un conflicto nuclear. Sin embargo, la ocupación de Crimea debe ser castigada, y Putin debe ser desalentado de invadir algún otro lugar. Vladimir Putin espera una amonestación menor. Las sanciones deben exceder sus expectativas. Evitar la cumbre del G-8, de la que debe ser anfitrión en junio, no es suficiente. Es tiempo de imponer prohibiciones de visas y congelamientos de activos a los rusos conectados con el régimen, con los parlamentarios cobardes que autorizaron el despliegue de su ejército entre el primer grupo.

Occidente debería suspender las ventas de armas y excluir a las empresas financieras amistosas con el Kremlin del sistema financiero mundial, prepararse para un embargo sobre el petróleo y gas natural rusos si las tropas ucranianas son masacradas en Crimea o si Rusia invade el este de Ucrania. Occidente debería fortalecer su capacidad para resistir al revanchismo del Kremlin. Europa debería reducir su dependencia del gas natural ruso, Estados Unidos debería descartar sus restricciones sobre las exportaciones de energía y la OTAN debería ser fortalecida.

 

El despliegue militar ruso en Ucrania es “una clara violación” de la ley internacional.
Barack Obama, presidente de Estados Unidos.