•   China  |
  •  |
  •  |
  • The Economist

Mientras el régimen del presidente Víktor Yanukóvych colapsaba en Ucrania, podían encontrarse manifestantes afuera de One Hyde Park, un desarrollo de lujo en el oeste de Londres. El blanco de sus protestas era Rinat Akhmetov, el hombre más rico de Ucrania y simpatizante del antiguo régimen.

“Disciplina a tu mascota”, entonaban.

El afligido estado de Ucrania ha estado dominado desde hace tiempo por sus oligarcas. En todo el mundo emergente, sin embargo, la relación entre la política y las empresas se ha vuelto tensa.

La elección de India en abril y mayo será en parte un plebiscito sobre una década de capitalismo clientelista. El primer ministro de Turquía está inmerso en escándalos que involucran a empresas de construcción, con millones de turcos que han dado clic en grabaciones de YouTube que pretenden incriminarlo.

En China

El 5 de marzo, el presidente Xi Jinping de China prometió actuar “sin misericordia” contra la corrupción en un esfuerzo por aplacar la ira pública. El año pasado, 182,000 funcionarios chinos fueron castigador por violaciones disciplinarias, un aumento de 40,000 sobre 2011.

Como en Estados Unidos a inicios del siglo XX, una nueva clase media está demostrando su fuerza, esta vez a escala mundial. La gente quiere políticos que no se llenen los bolsillos y magnates que compitan sin favores. Una revolución para salvar al capitalismo de los capitalistas está en marcha.

“Vivir de rentas” (o lo que también se llama “rentas políticas”) es el término que los economistas usan para un tipo especial de ganar dinero, el tipo hecho posible por las conexiones políticas. Esto puede ir desde el soborno directo hasta una falta de competencia, una mala regulación y la transferencia de activos públicos a empresas a precios de ganga.

Las personas bien posicionadas han hecho sus fortunas de esta manera desde que los gobernantes tuvieron suficiente poder para emitir licencias, permisos y contratos rentables a sus compinches. En Estados Unidos, este sistema alcanzó su apogeo a fines del siglo XIX, y resultó en una larga y parcialmente exitosa lucha contra los llamados barones ladrones. Las reglas antimonopólicas rompieron monopolios como Standard Oil de John D. Rockefeller, y el flujo de sobornos hacia los senadores se redujo.

Los países emergentes

En el mundo emergente, el último cuarto de siglo ha sido grandioso para los beneficiarios de las rentas políticas. Los crecientes precios inmobiliarios han enriquecido a los desarrolladores que dependen de las aprobaciones de proyectos. El auge de las mercaderías ha inflado el valor de los campos petroleros y las minas, que están inevitablemente entrelazados con el Estado. Las privatizaciones han permitido que los magnates ordeñen monopolios u obtengan activos baratos. Los lazos entre la política y la riqueza son claramente visibles en China, donde un tercio de los multimillonarios de la nación son miembros del partido.

El capitalismo basado en las rentas políticas no es solo injusto, sino también malo para el crecimiento a largo plazo. En países como India, los recursos están mal asignados y las carreteras con mal mantenimiento a menudo son obra de empresas de compinches. La competencia es reprimida: los mexicanos pagan demasiado por sus teléfonos, por ejemplo. Las nuevas empresas dinámicas son frenadas por las firmas dominantes mejor conectadas.

Si se vincula al financiamiento de la política, el capitalismo fuertemente basado en las rentas políticas establece un tono en la cima que puede permitir que florezcan los sobornos insignificantes. Cuando los ministros son corruptos, ¿por qué no deberían serlo los funcionarios menores con salarios más bajos?

La medición

The Economist ha elaborado un índice para medir el grado del capitalismo clientelista en todos los países y en el curso del tiempo. Identifica sectores que son particularmente dependientes del gobierno, como la minería, el petróleo y el gas, la banca y los casinos, y rastrea la riqueza de los multimillonarios, con base en una clasificación realizada por Forbes, en esos sectores en relación con el tamaño de la economía.

No pretende establecer qué países en particular son especialmente corruptos, pero demuestra la escala de las fortunas que se están creando en sectores económicos que son más susceptibles al clientelismo.

Los países ricos se califican comparativamente bien, pero esa no es razón para la complacencia. El rescate de los bancos ha involucrado la transferencia de una gran cantidad de riqueza a los financieros, y los cabilderos tienen demasiada influencia, especialmente en Estados Unidos. Los emprendedores de Internet de hoy pudieran volverse los monopolistas del mañana.

Las calificaciones

El mayor problema, sin embargo, radica en el mundo emergente, donde la riqueza de los multimillonarios en los sectores fuertemente inclinados a las rentas políticas en relación con el PIB es de más del doble que en el mundo rico. Ucrania y Rusia obtienen calificaciones particularmente malas, con muchas privatizaciones que favorecieron a personas en posiciones privilegiadas. El auge de Asia ha enriquecido a los magnates en sectores propensos a las rentas políticas.

Sin embargo, esto quizá sea un valor máximo alcanzado por los beneficiarios de las rentas políticas por tres razones.

Primero, las reglas son ignoradas menos libremente que antes. Los gobiernos que buscan enriquecer a sus países y mantener contento al pueblo saben que necesitan hacer que los mercados funcionen mejor e impulsar a las instituciones que los regulan. Brasil, Hong Kong e India han reforzado a sus reguladores antimonopolio. El presidente mexicano Enrique Peña Nieto quiere romper sus carteles de telecomunicaciones y medios. China se inclina por derribar a sus feudos de propiedad estatal.

Segundo, los incentivos financieros para las empresas quizá estén cambiando. La porción de la riqueza de los multimillonarios debida a las industrias ricas en rentas políticas en los mercados emergentes está cayendo ahora, de un máximo de 76 por ciento en 2008 a 58 por ciento actualmente.

Reformas

La última razón para el optimismo es que los incentivos para los políticos también han cambiado. El crecimiento se ha desacelerado significativamente, volviendo vitales las reformas que abren la economía. Países con gobiernos que se están reformando y tratando de hacer frente a los intereses creados, como México, se han aislado mejor del nerviosismo en los mercados financieros.

Hay mucho más por hacer. Los gobiernos necesitan ser más perseverantes en la regulación de los monopolios, en la promoción de la competencia, en garantizar que las licitaciones públicas y las ventas de activos sean transparentes y en procesar a los corruptos. El auge que creó una nueva clase de magnates también ha creado a su enemigo, una nueva clase media educada, urbana y pagadora de impuestos que está presionando por el cambio.

Eso es algo que los autócratas y los líderes elegidos por igual ignoran bajo su propio riesgo.

 

Progresión natural

La disminución de la porción de la riqueza de los multimillonarios en los mercados emergentes es, en parte, una progresión natural. Conforme las economías se hacen más ricas, la infraestructura y las mercaderías se vuelven menos dominantes.

Entre 1900 y 1930, las nuevas fortunas en Estados Unidos se forjaron no con base en los ferrocarriles y el petróleo sino en el comercio minorista y los autos. En China hoy, las grandes fortunas se hacen gracias a Internet, no construyendo plantas industriales con préstamos subsidiados sobre terrenos conseguidos a través de conexiones partidistas.

También refleja la cautela de los inversionistas: en India, después de una década de corrupción épica, los empresarios en sectores abiertos e innovadores como la tecnología y la industria farmacéutica están de nuevo en ascenso.

 

El gran público

Los emprendedores de Internet de hoy pudieran volverse los monopolistas del mañana.