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  • The Economist

El exceso financiero se asocia más comúnmente con los bancos que con las compañías selectas. Aunque la industria financiera del mundo rico, supuestamente el cerebro de la economía, enloqueció en vísperas de la crisis de 2007-2008, otras grandes empresas se comportaron sensatamente, evitando demasiada deuda, y manteniendo sus costos bajo control y sus ojos puestos en las oportunidades a largo plazo en los mercados emergentes.

Sin embargo, en la era del crecimiento débil y las tasas de interés bajas que han caracterizado a las consecuencias de esa crisis, hay creciente evidencia de que las empresas selectas están involucradas en su propio tipo de exceso financiero: una peligrosa adicción a las recompras de acciones.

Durante los últimos 12 meses, las empresas estadounidenses han comprado más de 500,000 millones de dólares de sus propias acciones, casi una cantidad récord. Desde Apple hasta Wal-Mart, las compañías más rentables y prominentes tienen grandes programas de recompra.

IBM gasta el doble en recompra de acciones que en investigación y desarrollo. Exxon ha gastado más de 200,000 millones de dólares en recomprar sus acciones, suficiente para comprar a su archirrival BP.

Extendido

El fenómeno es menos extremo en otros países, pero se está volviendo popular incluso en culturas corporativas conservadoras. Encabezadas por empresas como Toyota y Mitsubishi, las compañías japonesas están recomprando cantidades récord de sus propias acciones.

Las recompras no son necesariamente una mala idea. Cuando las empresas compran sus propias acciones en el mercado abierto, regresan el efectivo excedente a sus accionistas de manera muy similar a que les pagaran dividendos.

Si las empresas no pueden encontrar oportunidades de una inversión rentable, regresar efectivo a los inversionistas es lo correcto. En muchas formas, por tanto, el aumento en la recompras es un síntoma de las débiles perspectivas de crecimiento del mundo rico.

Problemas

Sin embargo, también pudiera ser una fuente de problemas, por dos razones principales. Primero, los inversionistas a corto plazo y los gerentes tienen incentivos que pudieran llevarlos a exagerar las recompras y a descuidar los proyectos de inversión a largo plazo.

El anuncio de un programa de recompra puede provocar un repentino repunte en los precios de las acciones y un dinero rápido para el inversionista a corto plazo. Al reducir el número de acciones pendientes, los programas de recompra también impulsan artificialmente los ingresos por acción de una empresa. Esto ayuda a explicar por qué a los gerentes cuyo salario depende de alcanzar ciertas metas específicas de ingresos por acción, les guste recomprar acciones.

Segundo, algunas empresas podrían estar endeudándose demasiado para pagar su hábito de recompra. Si se incluyen sus operaciones mundiales en conjunto, las compañías estadounidenses están solo moderadamente endeudadas: las recompras récord están siendo pagadas con utilidades récord. Sin embargo, las cifras en general se ven sesgadas por unos cuantos gigantes ricos en fondos como Google.

Perspectiva

En 2013, 38% de las empresas pagaron más en recompras de lo que podían apoyar sus flujos de efectivo, una postura insostenible. Algunas multinacionales estadounidenses con hojas de balance mundiales aparentemente sanas están, de hecho, peligrosamente desbalanceadas.

Están endeudándose fuertemente en su país para pagar recompras mientras mantienen el efectivo en el extranjero para evitar la alta tasa de impuesto corporativo de Estados Unidos. Si las empresas están exagerando las recompras y privándose de inversión, los precios de las acciones artificialmente apuntalados eventualmente caerán.

Esa es la razón por la cual los inversionistas necesitan poner más atención. A largo plazo, necesitan asegurarse de que los planes salariales de los jefes estén diseñados de manera tal que no creen un incentivo perverso para la recompra de acciones.

A corto plazo, deben dar a las empresas dispuestas la autorización para invertir. Hay algunos signos de que esto está empezando a suceder. Según un sondeo de Bank of America Merrill Lynch, una mayoría récord de administradores de fondos ahora piensa que las empresas están invirtiendo muy poco. Solo una minoría quiere rendimientos más altos sobre el efectivo.

Eso es bienvenido: el capitalismo de los accionistas gira en torno al crecimiento y la creación, no de simplemente dividir botines.