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¿Cuándo se vuelve “demasiado” el nivel de deuda en una economía? Es una pregunta difícil de responder, no menos porque la deuda es una herramienta altamente útil, que permite a una empresa invertir para el futuro y a los clientes suavizar su gasto en el curso de sus vidas. En cierto grado, un nivel más alto de deuda es un signo de la mayor sofisticación de una economía.

En un nuevo reporte, BCA Research define el periodo desde la Segunda Guerra Mundial como un “superciclo de deuda” en el cual los niveles de deuda se han elevado persistentemente. Esta tendencia ha sido impulsada por el uso de la política monetaria para estabilizar la economía tras sacudidas como la caída de 23 por ciento en el Promedio Industrial Dow Jones el 19 de octubre de 1987.

“Los formuladores de políticas siempre pudieron limitar el daño económico y financiero de las recesiones y otras sacudidas relajando lo suficiente la política para desencadenar un nuevo ciclo de apalancamiento del sector privado”, escribe BCA.

Ahora, BCA piensa que el superciclo de deuda ha llegado a su fin. Esto no es porque el nivel general de deuda haya caído. En realidad, si se excluye al sector financiero, el nivel global sigue aumentando. En el mundo desarrollado, sin embargo, la política monetaria no ha logrado crear un auge crediticio en el sector privado, aun con la ayuda de tasas de interés a corto plazo de cero.

Propiedades garantizan

Antes de la crisis de 2007-2008, los economistas convencionales no parecían poner mucha atención a la deuda. La opinión parecía ser que cualquier pérdida ante los acreedores sería cancelada por las ganancias ante los deudores: La deuda mundial neta es cero, como tuiteó recientemente un bromista. Sin embargo, en los últimos siete años se ha demostrado que esta visión es fundamentalmente errónea.

El primer problema es que una gran cantidad de deuda está garantizada por propiedades. El difunto economista Hyman Minsky argumentaba que esta relación naturalmente conduciría a burbujas, conforme los estándares crediticios más fáciles impulsarán al alza los precios de las propiedades y los precios más altos alentarán a los bancos a ofrecer condiciones de crédito más fáciles.

Cuando los precios de las propiedades caen, sin embargo, tanto los deudores como los acreedores pueden sufrir: El deudor pierde su capital, mientras que el acreedor tiene que cancelar el valor del préstamo. Esto es exactamente lo que sucedió en 2007 y 2008 cuando cayeron los precios de las casas. Los propietarios individuales perdieron su riqueza y sus casas, y los bancos vieron la erosión de su capital.

En su libro “House of Debt: How They (and You) Caused the Great Recession, and How We Can Prevent It from Happening Again” , los economistas Atif Mian y Amir Sufi demuestran que esas partes de Estados Unidos que fueron peor golpeadas por la crisis fueron aquellas donde las participaciones de capital de los dueños de casas eran menores. Esto no fue un juego donde algunos ganaron y otros perdieron.

Difícil de bajar

Además, entre más alto el nivel de deuda, más deuda tiene que ser refinanciada cada año y mayor el potencial de una crisis de confianza si los acreedores no están dispuestos a ofrecer los préstamos. Por ello, aunque no hay un umbral mágico para la proporción de deuda en relación con el PIB más allá del cual el crecimiento económico es más lento y el incumplimiento de pagos es seguro, los riesgos aumentan cuando la proporción crece.

Otro problema es que la proporción de deuda es difícil de bajar a falta de un crecimiento económico rápido, el cual el mundo occidental ha encontrado difícil de generar. El incumplimiento de pagos simplemente causa que la deuda se reestructure, de manera que la deuda termina en los libros del gobierno.

La inflación podría hacer bajar la proporción de deuda en relación con el PIB, pero solo si los acreedores pueden ser engatusados, o intimidados, para que no demanden rendimientos más altos en compensación.

En cualquier caso, la inflación difícilmente es la solución: La zona del euro está ahora en deflación, con la tasa de referencia cayendo 0.2 por ciento en el año concluido en diciembre debido a los declinantes precios de la energía. La tasa básica, que excluye la energía, los alimentos, el alcohol y el tabaco, aún es positiva, en 0.8 por ciento.

Bajas tasas para hacer sostenible la deuda

PRECAUCIÓN. Por ahora, el mundo en desarrollo ha alcanzado una inactividad frágil en la cual un nivel alto de deuda es sostenible solo con tasas de interés muy bajas. Cualquier intento de llevar las tasas a lo que antes eran niveles normales está cargado de riesgo: Suecia, que emprendió ese camino en 2010, ha tenido que recortar las tasas de nuevo a cero. Sin embargo, la pregunta delicada es si un crecimiento económico importante es alcanzable en ausencia de una expansión de deuda rápida. Los consumidores no querrán pedir prestado a menos que sus salarios estén aumentando, pero el crecimiento de los salarios reales ha sido débil. Las compañías no querrán pedir prestado hasta que vean signos de una boyante demanda del consumidor. Los gobiernos están poco dispuestos o son incapaces de ofrecer otro brote de estímulo.

En términos de navegación, es más bien como las calmas ecuatoriales, una franja del océano donde los barcos se aquietan. Japón ha estado en estancamiento durante más de una década, y se las ha ingeniado para no zozobrar, pero Japón es una sociedad relativamente homogénea. Otras naciones desarrolladas quizá no sean tan afortunadas.

Grecia, que podría votar por un gobierno que repudie la deuda el 25 de enero, será la primera prueba.