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  • The Economist

Hubo un tiempo en que los gobiernos latinoamericanos, escasos de efectivo, recurrían al Fondo Monetario Internacional en busca de la amarga medicina de su rescate. Ya no. Durante los últimos 12 años, el súper ciclo de los crecientes precios de las materias primas acrecentó las arcas de la región, mientras que, incluso, el autócrata más fiscalmente incontinente ha podido contar con la chequera china.

Ahora la bonanza ha terminado. Los precios de las materias primas están de vuelta en su punto mínimo de la gran recesión de 2008, y el gerente del banco en Pekín, está aprendiendo a decir no. Con filas afuera de supermercados escasamente aprovisionados en Caracas y con los inversionistas temiendo un incumplimiento de pago sobre la deuda externa de su país, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, voló a China este mes para rogar por efectivo de emergencia. Todo lo que recibió fue una aparente reestructuración de los existentes 20,000 millones de dólares en créditos para inversiones a largo plazo.

El viaje de Maduro coincidió con una reunión de cancilleres latinoamericanos en Pekín el 8 y 9 de enero. El presidente de China, Xi Jinping, que ha visitado Latinoamérica en cada uno de los últimos dos años, dijo a sus invitados que para 2019 quiere ver una duplicación del comercio de China con la región --aumentó de 10,000 millones de dólares en 2000 a 257,000 millones de dólares en 2013-- y un aumento similar en la inversión.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, otro visitante, es un petrócrata más prudente y respondió a la caída en los precios del petróleo con un recorte presupuestario. Salió con préstamos nuevos por un total de 7,500 millones de dólares.

Cambios geopolíticos

Sin embargo, China ha puesto en claro que no está dispuesta a ser un prestamista incondicional de último recurso para holgazanes, aun cuando afirmen tener afinidad política, como lo hace Maduro. Según Margaret Myers, una especialista en China en el Diálogo Interamericano, un grupo de análisis en Washington, los funcionarios chinos han empezado a mirar de cerca cómo gasta Venezuela sus préstamos. Las preocupaciones sobre el incumplimiento de pagos están apareciendo en publicaciones chinas, añadió.

La maduración de las relaciones de China con Latinoamérica coincide con otros cambios geopolíticos en la región. La aspiración de Venezuela de crear una alianza anti-estadounidense ha zozobrado junto con su economía. Los declinantes ingresos petroleros de la nación han proyectado dudas sobre los subsidios a 17 países caribeños y centroamericanos que le han asegurado un sólido bloque de votación en las organizaciones internacionales.

La reclamación de Brasil del liderazgo regional también está en suspenso. La presidenta Dilma Rousseff empezó su segundo periodo el 1º de enero con un mandato débil, enfrentando una contracción fiscal y un debilitante escándalo de corrupción en Petrobras, la compañía petrolera estatal.

Por otra parte, el presidente Barack Obama, principalmente por razones nacionales, está haciendo mucho para mitigar las quejas latinoamericanas contra Estados Unidos. Su decisión, anunciada el mes pasado, de normalizar relaciones con Cuba y relajar el embargo contra la isla comunista fue ampliamente aplaudida. También lo fue su anterior reforma de inmigración por medio de una acción ejecutiva. Obama también restó importancia a la “guerra” contra las drogas, de la cual algunos latinoamericanos se quejaban que era una guerra contra ellos.

Recuperar terreno

Evidencia adicional del nuevo apetito de su gobierno por tomar la iniciativa en la región es una “cumbre energética” caribeña, programada para tener lugar en Washington el 26 de enero. Está destinada a desplegar préstamos multilaterales, ayuda técnica e inversión privada como una alternativa a los subsidios venezolanos. El gobierno estadounidense también está movilizando la ayuda para los países centroamericanos que enfrentan la violencia de las drogas.

¿Estados Unidos empezará a recuperar el terreno que había perdido en la región? Una prueba tendrá lugar en la Cumbre de las Américas en Panamá en abril, la primera de esas reuniones a la que asistirá el Presidente de Cuba, Raúl Castro. Obama quiere que la cumbre discuta sobre democracia y derechos humanos.

Latinoamérica ahora está dispuesta a tener esa discusión, dijo Andrés Rozental, del Consejo Mexicano sobre Relaciones Exteriores, un grupo de análisis.

“Quizá no sea la parte más pública de lo que suceda en Panamá”, dijo, “pero será parte de ello”.

 

Niegan competencia por Latinoamérica

Intereses • Funcionarios chinos y estadounidenses por igual niegan que estén compitiendo por la influencia en Latinoamérica. Sin embargo, eso es lo que parece. A los gobiernos a la izquierda del centro, la oferta de China de préstamos, becas, inversión --especialmente en infraestructura-- y no interferencia en la política sigue siendo atractiva. Contra eso, Estados Unidos ofrece un llamado a compartir valores y acceso a lo que sigue siendo el mercado más grande del mundo y su mejor fuente de tecnología.
Estos no tienen que ser mutuamente exclusivos y, en ambos casos, hay fricciones. China absorbe las materias primas de Latinoamérica y socava a sus manufactureros. Algunas de las iniciativas de Obama son rehenes del Congreso controlado por los republicanos.
Después de una década en la cual China arrasó con todo a su paso en Latinoamérica, al menos ahora Estados Unidos ha empezado a competir en este nuevo “Gran Juego”.