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Por Tiffany Hsu

Durante mucho tiempo el oro fue el más valioso de los metales preciosos hasta que, de pronto, no lo fue. El mes pasado, un rival poco conocido y mucho menos sexy llamado paladio lo rebasó, por primera vez en 16 años.

El paladio alcanzó un nivel históricamente alto el 12 de diciembre antes de situarse en mil 255 dólares con 12 centavos por onza al cierre del mercado en Londres el 13 de diciembre, de acuerdo con datos de SP Angel, una firma de investigación para inversiones.

El valor del oro era de mil 243 dólares con 2 centavos por onza. El oro retomó la delantera, pero los precios spot del paladio superaron a los precios del oro durante varios días en diciembre. (Para fines de mes, el oro estaba en la cima).

Fue un destronamiento impresionante ayudado por cambios económicos, legislación anticontaminación, campañas sindicales de trabajadores de minas y negociaciones comerciales globales. Hasta hace poco, el paladio era quizá más conocido como la fuente de energía del mecanismo del “reactor arc” conectado al corazón de Iron Man.

Su propósito principal es menos glamoroso: más del 80 por ciento del paladio del mundo se utiliza en los convertidores catalíticos que ayudan a los vehículos a manejar sus emisiones contaminantes. El paladio fue una de las materias básicas con mejor desempeño del 2018. Su precio se disparó más del 50 por ciento en los últimos cuatro meses.

A algunos comerciantes se les ha agotado el metal. Primo del platino y tradicionalmente mucho menos costoso, el paladio es parte de una familia de metales conocidos como “metales nobles” porque resisten la corrosión y la oxidación.

De color blanco plateado y durable, el metal es empleado en instrumentos quirúrgicos, aleaciones dentales y en teléfonos celulares y otros artículos electrónicos. Los joyeros dicen que en ocasiones lo usan porque es hipoalergénico y resulta fácil trabajar con él.

El paladio también era menos costoso que otros metales preciosos como el oro o el platino. Crecientes esfuerzos por regular las emisiones de los tubos de escape en los 70 allanaron el camino para la gradual popularidad del paladio.

El metal, junto con el platino y el rodio, ayuda a mantener los gases tóxicos de los tubos de escape bajo control al reaccionar con el monóxido de carbono, los hidrocarburos y el óxido de nitrógeno para volverlos menos dañinos.

El paladio ha sido un componente importante, pero en gran parte invisible, de los automóviles durante décadas. Pero las ventas de autos han comenzado a debilitarse. Y en China, la demanda de paladio podría verse mermada por preocupaciones sobre la economía, aranceles de la Administración Trump y frenos sobre los préstamos para consumidores.

“Eso pesa colectivamente sobre la demanda para autos nuevos”, dijo Rohit Savant, director de investigación en CPM Group, una firma de investigación sobre materias básicas.

El paladio es extremadamente inusual, pues se genera como producto derivado de la minería de platino en Sudáfrica y de níquel extraído en Rusia.

La mayor parte del paladio se envía directamente de la mina a la cadena de suministro automotriz. Un creciente porcentaje del paladio proviene del reciclaje.

El metal es sacado de convertidores catalíticos y artículos electrónicos viejos, fundido y refinado para ser reutilizado. Incluso al tiempo que los precios de la mayoría de los demás metales batallaron el año pasado, el paladio registró un alza tras otra.

Los expertos anticipan que se mantendrá elevado durante al menos algunos meses. Sin embargo, inversiones venideras de compañías de minería y cambios en la tecnología de aire limpio podrían hacer que el precio caiga.

En Rusia, el gigante minero Norilsk Nickel, el productor de paladio más grande del mundo, indicó el mes pasado que gastaría más de 12 mil millones de dólares para aumentar la producción en el curso de los próximos cinco años.

La campaña por vehículos más limpios podría resultar en más autos eléctricos, que no requieren de convertidores catalíticos.

Compañías automotrices y de artículos electrónicos, como Toyota, están desarrollando tecnologías que usan menos metales preciosos. “Lo último que quiere cualquiera de estas compañías es enormes oscilaciones en los precios”, dijo Savant.

The New York Times