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Por Javier C. Hernández

CHENGDU, China — A principios de diciembre, la Policía clausuró una de las iglesias protestantes más famosas de China en esta Ciudad del suroeste del País, como parte de lo que activistas dicen que son las medidas represivas más severas contra el cristianismo en más de una década.

La Policía incautó biblias, cerró una escuela y un seminario operados por la iglesia, Early Rain Covenant, y detuvo a su franco pastor bajo cargos de “incitar a la subversión”, lo que en casos graves conlleva un castigo de al menos cinco años en prisión.

Gu Baoluo, de 31 años, vendedor de arroz y miembro de la iglesia, fue al único lugar de culto a salvo que conocía: la casa de un amigo, donde recitó himnos y rezó por las dos docenas de miembros de Early Rain que fueron detenidos.

Usó apps de chat codificadas para compartir información sobre vigilancia y acoso de la Policía. “No renunciaremos a nuestra fe debido a la represión de las autoridades”, señaló.

El Presidente Xi Jinping ha encabezado una campaña implacable contra iglesias no oficiales, que según algunos cálculos, atienden a 30 millones de personas.

Aparentemente preocupado de que el culto independiente pudiera plantear una amenaza para el dominio del Partido Comunista sobre la vida diaria, el Mandatario ha buscado poner al cristianismo bajo control del partido.

El Gobierno prohibió el año pasado las ventas en línea de la Biblia, quemó cruces, demolió iglesias y obligó a por lo menos media docenas de lugares de culto a cerrar sus puertas.

La campaña llega al tiempo que Xi se ha esforzado para controlar la religión por toda China, lo que incluye la detención de miles de musulmanes en la región occidental de Xinjiang.

Renee Xia, directora internacional para el grupo China Human Rights Defenders, describió el esfuerzo como enfocado en el “corazón de la resistencia cristiana clandestina”, dijo Xia, “el mensaje es que nadie puede meterse con Xi”.

El Gobierno exige que los grupos religiosos se registren, aunque muchos aún rinden culto en iglesias no oficiales, llamadas en ocasiones iglesias clandestinas o en casas.

Muchos en el Partido Comunista creen que el cristianismo promueve valores e ideales occidentales, como los derechos humanos, que están en conflicto con los objetivos del Gobierno y con la adopción de Xi de la cultura china tradicional y de las enseñanzas confucianas que enfatizan la obediencia y el orden.

Li Shuangde, profesor en Chengdu y que ha sido parte de la iglesia Early Rain Covenant desde el 2011, dijo que los miembros habían hecho un llamado a la liberación de los líderes arrestados, entre ellos el pastor Wang Yi y su esposa Jiang Rong.

Wang, en un mensaje previamente redactado y difundido tras su detención, habló sobre la importancia de la desobediencia.

“La persecución de la iglesia por parte del régimen comunista es un crimen sumamente despiadado”, escribió. “Como pastor de la Iglesia cristiana, debo condenar de forma estricta y pública esos crímenes”.

Aunque los sermones en iglesias autorizadas por el Estado a menudo se apegan a guiones estrictos, las iglesias independientes, como Early Rain, retumban con denuncias intensas sobre autoridades corruptas y llamados entusiastas a proteger los derechos de los pobres.

Wang ha llamado a Xi pecador, ha realizado sesiones de rezos cada año para conmemorar las brutales represiones contra las manifestaciones a favor de la democracia alrededor de la Plaza de Tiananmen en Beijing en 1989, y ha organizado un fondo para apoyar a los parientes de presos políticos en China.

Gu dijo que aunque compartía las opiniones de Wang sobre los abusos del Gobierno, se había sentido temeroso al tiempo que veía cómo la Policía arrestaba a sus amigos.

Él fue bautizado en el 2017. “Vi injusticias en la sociedad”, dijo Gu. “Vi que la promoción que hace el Gobierno de China de que es un País justo que hace cumplir las leyes en una manera civilizada era una mentira”.

The New York Times