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Por Martin Selsoe Sorensen

COPENHAGUE — Dinamarca planea hospedar a los extranjeros menos bienvenidos en una diminuta isla de difícil acceso que alberga los laboratorios y el crematorio de un centro para investigar enfermedades contagiosas de los animales.

Uno de los dos ferries que dan servicio a la isla se llama el Virus. “Son indeseados en Dinamarca, y sentirán eso”, escribió la Ministra de Inmigración, Inger Stojberg, en Facebook.

El Gobierno de centroderecha y el Partido Popular Danés, de derecha, anunciaron el convenio para alojar a hasta 100 personas en la Isla de Lindholm a finales del año pasado.

Los extranjeros que han sido hallados culpables de crímenes, pero que no pueden ser repatriados, serían enviados allí. Muchos de ellos serían buscadores de asilo rechazados.

La isla de 7 hectáreas se ubica a unos 3 kilómetros de la costa más cercana. Los extranjeros enfrentarán el encarcelamiento si no se reportan con las autoridades de la isla cada día.

El trato, alcanzado como parte de las negociaciones del presupuesto anual, asigna unos 115 millones de dólares durante cuatro años para las instalaciones de los inmigrantes en la isla, programadas para abrirse en el 2021.

Kristian Jensen, el Ministro de Finanzas, afirmó que la isla no era una prisión, pero agregó que cualquier persona enviada allí tendrá que dormir allí.

El Gobierno ha prometido empujar la ley de inmigración hasta los límites de las convenciones internacionales. Expertos legales señalaron que era demasiado pronto para saber si el proyecto de la Isla de Lindholm cruzará esas fronteras.

El plan promueve la política del Gobierno de motivar a los buscadores de asilo fracasados a irse al hacerles la vida intolerable.

A los buscadores de asilo con antecedentes penales no se les permite trabajar y los que son rechazados, pero no pueden ser deportados, reciben alojamiento, comida y una mesada de 1.20 dólares diarios.

Una ex Ministra de Inmigración, Birthe Ronn Hornbech, calificó el proyecto como “un chiste”.

“Nada resultará de esta propuesta”, escribió en una columna periodística. Muchos extranjeros a quienes se les ha negado el asilo no pueden ser repatriados por temor al maltrato o la persecución, o simplemente porque sus países rehúsan readmitirlos.

El Primer Ministro Lars Lokke Rasmussen dijo que la meta del Gobierno al recibir a refugiados ya no sería integrarlos, sino hospedarlos hasta que puedan volver a sus países de origen.

“No es fácil pedir a las familias que se regresen a su país, si de hecho se han instalado aquí”, dijo en una reunión de su partido en noviembre. “Pero es lo moralmente correcto. No deberíamos convertir a los refugiados en inmigrantes”.

 The New York Times