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Por Alan Manttigly

La Temporada de Comidas Festivas está llegando a su fin, pero la resaca de comida no durará mucho. Pronto, muchos de nosotros volveremos a nuestra rutina de todo el año de convertir la cena en una fiesta.

Ése parece ser el objetivo de Haidilao, una popular cadena de restaurantes de comida china. Los comensales a veces hacen fila durante horas esperando hot pot, un favorito de la cocina china donde hierven su propia carne y verduras en un caldo en la mesa.

Sin embargo, la espera es la mitad de la diversión. Los comensales pueden aprovechar ese tiempo para jugar juegos de mesa, ver un show de ópera o tal vez hacerse un manicure.

“Me parecen tan divertidos los servicios especiales de Haidilao”, declaró a The New York Times, Shang Feifei, un cliente que va cada semana.

Haidilao, que tiene casi 300 sucursales en China y algunas en el extranjero, está tratando de ampliar su presencia internacional, aunque no está claro si su enfoque respecto a la comida será bien recibido en todos lados.

“Fue asqueroso que le estuvieran cortando las uñas a la gente mientras esperaba”, comentó Joel Silverstein, que opera una firma consultora de restaurantes en Hong Kong, sobre su visita a una sucursal de Haidilao en China continental. “En EU, sería toda una violación a las normas sanitarias”.

Quizá Silverstein disfrutaría un coctel de placeres más discreto a la hora de comer. Por ejemplo, una aromática salchicha de puerco y una candente novela romántica.

Tales combinaciones han mantenido viable la librería de Wolfgang Frühauf, en Bad Sooden-Allendorf, Alemania.

Los retos de mantener una librería abierta en un poblado de 8 mil 500 habitantes sonarían familiares en cualquier lado: la competencia de las grandes cadenas, cambios digitales en los hábitos de lectura y más.

¿Entonces, qué puede hacer un vendedor rural de libros? Frühauf empezó por reacomodar sus estantes para hacer espacio para pan recién horneado. Estaban cerrando las últimas dos panaderías del pueblo, pero uno de los panaderos, Norbert Schill, no estaba listo para darse por vencido.

La librería comenzó a abrir más temprano y los habitantes del pueblo empezaron a llegar a desayunar.

Pero también habían quebrado muchas carnicerías locales, y la gente se había acostumbrado a comprar “ahle wurst”, una salchicha que es una especialidad regional, en la panadería de Schill.

Así que, Frühauf también instaló un refrigerador. Todo es regional e idóneo para una tienda de libros; todo viene con una narrativa.

Mark Twain lo vería con buenos ojos. El gran escritor estadounidense realizaba una gira promocional por Europa en 1879 cuando empezó a anhelar las comidas de casa y diseñó un festín de fantasía que le gustaría sentarse a comer tan pronto regresara.

Ese menú, que incluía cosas como tortuga acuática y mapache, hoy luciría fuera de lugar. Una nueva serie en audio basada en el libro “Twain’s Feast” (El Festín de Twain), de Andrew Beahrs, echa un vistazo a los cambios culturales y de otra índole que han transformado el paladar de EU.

En ese entonces, no obstante, eran amadas especialidades regionales. Y lo mejor para Twain, venían con historias.

“Cuando le gustaba la comida, era muy contextual para él”, indicó Beahrs. “Todo se trataba de la comida en sí, pero también de la gente con la que estaba y los lugares donde la comía”.

The New York Times