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Ha transcurrido más de una década desde que James D. Watson, uno de los fundadores de la genética moderna, sugirió que la gente de color es intrínsecamente menos inteligente que las personas blancas. En el 2007, Watson, quien compartió un Premio Nobel en 1962 por describir la estructura de doble hélice del ADN, dijo a un periodista británico que se sentía “inherentemente pesimista respecto al futuro de África” porque “todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia es igual a la nuestra, mientras que todas las pruebas indican que no es así realmente”. Los comentarios de Watson resonaron por todo el mundo, y fue forzado a dejar su puesto como director del Laboratorio Cold Spring Harbor, cerca de Nueva York. Se disculpó públicamente y, en entrevistas posteriores, insinuó que se había hecho pasar por un incitador o que no había entendido que sus comentarios saldrían a la luz pública. Desde entonces, Watson, de 90 años, ha estado en gran medida ausente de los reflectores públicos. En el 2014, se convirtió en el primer ganador viviente del Nobel en vender su presea, citando una disminución en sus ingresos a raíz de haber sido designado una “no persona”. Sin embargo, sus declaraciones han perdurado. Han sido invocadas para respaldar ideas supremacistas blancas, y los científicos arremeten contra Watson cuando surge su nombre en redes sociales. Y sin embargo, al recibir recientemente la oportunidad de replantear un legado mancillado, Watson ha optado por reafirmarlo. En un nuevo documental, “American Masters: Decoding Watson”, se le pregunta si han cambiado sus puntos de vista sobre la relación entre la raza y la inteligencia. “No”, contestó Watson. “Para nada. Me habría gustado que hubieran cambiado, que hubiera información nueva que señale que tu crianza es mucho más importante que la naturaleza. Pero no he visto ninguna información. Y hay una diferencia en el promedio entre gente negra y blanca en pruebas de coeficiente intelectual. Yo diría que la diferencia es genética”. Watson agrega que no le complace “la diferencia entre negros y blancos” y desearía que no existiera. “Es terrible, así como es terrible para los esquizofrénicos”, manifiesta. (Su hijo recibió un diagnóstico de esquizofrenia cuando era adolescente). “Si hay una diferencia, debemos preguntarnos, ¿cómo podemos hacer que mejore esto?”, añade Watson. Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud, una agencia gubernamental de EU, reveló que la mayoría de los expertos en inteligencia “considera que cualquier diferencia en el IQ entre gente de raza negra y blanca surge principalmente de diferencias ambientales, no genéticas”. Watson no puede responder, aseguraron familiares. Hizo sus comentarios más recientes en junio del año pasado, durante entrevistas con Mark Mannucci, el productor y director del filme. Ha estado bajo cuidados médicos desde que sufrió un accidente automovilístico en octubre. Algunos científicos dijeron que las recientes declaraciones de Watson son notables no tanto porque sean suyas, sino porque representan ideas equivocadas que podrían estar en ascenso, incluso entre científicos, al tiempo que los prejuicios raciales arraigados chocan con poderosos avances en la genética que están permitiendo a los investigadores explorar mejor las bases genéticas de la conducta y el conocimiento. En el documental, Watson parece haberse quedado cada vez más aislado. Menciona que extraña a Francis Crick, su colaborador en la carrera para descifrar la estructura del ADN. La mancuerna logró resolver el rompecabezas en 1953. Las herramientas de la biología molecular liberadas por su hallazgo han sido utilizadas para rastrear el origen de la prehistoria humana, concebir terapias que salvan vidas y desarrollar Crispr, una tecnología de edición genética. Watson se convirtió quizás en el biólogo más influyente de la segunda mitad del siglo 20. Mannucci se sintió atraído a su sujeto de estudio por un cierto parecido con “la historia del Rey Lear, que este hombre estaba en el apogeo de sus facultades y, a raíz de sus propios defectos de carácter, fue derribado”, expresó. Nathaniel Comfort, historiador de ciencia en la Universidad Johns Hopkins, argumenta en el filme que las ideas de Watson sobre la raza son resultado de un filtro genético que le aplica al mundo: “pensar constantemente en genes conlleva un riesgo”. Sin embargo, Mary-Claire King, genetista en la Universidad de Washington quien conoce bien a Watson, explicó que la cultura racialmente homogénea de la ciencia también jugó un papel al moldear sus ideas erróneas. “Si él tuviera afroamericanos como colegas en todos los niveles, su punto de vista actual sería imposible de sostener”, afirmó King.

James D. Watson (ext. der.) y su codescubridor de la doble hélice, Francis Crick, en 1953. (A. Barrington Brown, Gonville y Caius College/Science Photo Library)

“Decoding Watson” es un nuevo filme que explora el abismo entre el genio de James D. Watson y sus opiniones. (Mark Mannucci/Room 608 Inc.)

The New York Times