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MARADI, Níger — No la golpeaba, no le gritaba, no la engañaba, hasta donde ella sabía. Era simplemente que, menos de dos años después de casarse, el esposo de Zalika Amadou había cambiado. Se había vuelto demasiado indiferente y poco pendiente de ella para una mujer que esperaba más. Su madre, que se había casado a los 14 años con un desconocido que le doblaba la edad, no podía entender el alboroto. Se mantuvo al lado de su esposo durante cinco décadas hasta que él murió, y estaba consternada de que las mujeres jóvenes de estos días no hicieran lo mismo. Pero para Amadou, que se casó a los 16 años con un hombre del doble de su edad, igual que su madre, el simple hecho de tener un esposo no era suficiente. En primer lugar, nunca había querido depender de un hombre. Así que, en una mañana ajetreada en Maradi, Níger, se sentó frente a un juez en un atiborrado tribunal islámico en la acera y pidió lo que las mujeres jóvenes de toda la región están buscando como nunca antes: un divorcio. En muchas zonas conservadoras de África Occidental, durante siglos se ha esperado que las mujeres soporten malos matrimonios. El divorcio sucedía, pero con más frecuencia eran los esposos los que se deshacían de sus parejas. “Es el fin del mundo cuando un esposo y una esposa no permanecen juntos”, expresó la madre de Amadou, Halima Amadou. Pero en Níger, un lugar donde las mujeres tienen menos educación, menores estándares de vida y menos igualdad con los hombres que en casi cualquier otra parte del mundo, se está desarrollando una revolución discreta. Muchas mujeres como Amadou llegan a este tribunal en la banqueta cada mes para presionar por un divorcio, frustradas no sólo por la incapacidad de sus esposos para ganarse la vida durante una época de dificultades económicas, sino también porque sus opiniones básicas sobre la relación han cambiado. Desean elegir con quién y cuándo casarse, no ser empujadas a matrimonios como lo fueron muchas generaciones de mujeres antes que ellas. Exigen respeto y, mejor aún, amor, y hablan abiertamente de querer una vida sexual saludable. El juez islámico que preside el tribunal religioso a un lado de la calle en Maradi, la tercera ciudad más grande de Níger, dijo que los divorcios iniciados por mujeres se habían duplicado en los últimos tres años, con casi 50 mujeres al mes llegando para poner fin a sus matrimonios. “Estas jóvenes ya no quieren sufrir”, dijo el juez, Alkali Laouali Ismaël. “Hay una solución a sus problemas, y saben que pueden encontrarla aquí”. Abogados, asociaciones de mujeres, autoridades locales y académicos que estudian la región dicen que el incremento se está dando en toda África Occidental —en zonas urbanas y rurales— así como musulmanas y cristianas. La tasa total de divorcios es relativamente estable o está ligeramente a la baja en algunas partes de África Occidental, señalan, pero debajo de eso yacen enormes cambios en los patrones de divorcio y en la sociedad en general. Las mujeres están más educadas ahora y en algunas áreas se casan a mayor edad, factores que, en opinión de los académicos, llevan a matrimonios más estables. Al mismo tiempo, más mujeres se están cambiando a ciudades y uniéndose a la fuerza laboral, lo que empodera a una mayor cantidad de ellas para deshacerse de malos matrimonios. En Senegal, la Asociación de Abogadas reportó que actualmente ayudaba a tres veces más clientes femeninas que buscaban divorcio en comparación con hace apenas cuatro años. “Muchas mujeres en Dakar son independientes, tienen empleo y tienen dinero”, dijo Daouda Ka, abogado que maneja casos de divorcio. “En el pasado, simplemente toleraban los malos matrimonios. Ahora, si no funciona, se van”. En Ghana, el 73 por ciento de los casos de divorcio manejados por el Esquema de Ayuda Legal del Área Conurbada de Acra fueron entablados por mujeres en el 2016-2017. El divorcio, alguna vez considerado tabú para los conservadores cristianos, está siendo presentado en algunas iglesias como una mejor opción que llegar a la violencia doméstica o el adulterio. La nueva realidad desconcierta a muchas personas mayores en Maradi, donde Amadou buscó su divorcio, pero el cambio cultural grita a su alrededor. Anuncios panorámicos, programas de entrevistas e incluso letras de hip-hop recuerdan a las mujeres jóvenes de sus derechos como esposas. E incluso programas de radio auspiciados por el Gobierno transmiten sermones instruyendo a las mujeres de que tienen el derecho de salirse de relaciones fallidas.

Jaime Yaya Barry contribuyó reportes a este artículo.

Zalika Amadou firma los papeles para divorciarse de su esposo (centro) en un tribunal de calle en Maradi, Níger. (Laura Boushnak para The New York Times)

Hajara, con su hija, se divorció y regresó a vivir con su familia en Maradi, Níger. (Laura Boushnak para The New York Times)

The New York Times