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ESTAMBUL — Durante 17 años, el Presidente Recep Tayyip Erdogan ganó las elecciones ofreciendo a los electores una visión de restaurar la gloria del pasado otomano de Turquía. Extendió la influencia de su País con más comercio y despliegues militares, y elevó los estándares de vida con años de crecimiento económico. Pero después de un fallido golpe de Estado en el 2016, Erdogan se embarcó en una amplia campaña de represión. El año pasado, la economía se tambaleó y la lira se desplomó poco después de ganar la reelección con aun más facultades. A medida que el favoritismo y el autoritarismo se filtran más profundamente en su Administración, los turcos están votando de manera diferente —esta vez con los pies. Están abandonando el País en masa y se están llevando consigo talento y capital de una manera que indica una amplia y alarmante pérdida de confianza en la visión de Erdogan, de acuerdo con estadísticas y analistas del Gobierno. En los últimos dos o tres años, no sólo han huido estudiantes y académicos, sino también emprendedores, empresarios y miles de personas adineradas. Más de 250 mil turcos emigraron en el 2017, de acuerdo con el Instituto Turco de Estadística, un aumento del 42 por ciento respecto al 2016, cuando casi 178 mil ciudadanos se fueron del País. Turquía ha visto olas de estudiantes y profesores irse antes, pero este éxodo parece un reordenamiento más permanente de la sociedad y amenaza con retrasar a Turquía décadas, dijo Ibrahim Sirkeci, director de estudios transnacionales en la Universidad de Regent en Londres. La fuga de personas, talento y capital está siendo impulsada por factores que han llegado a definir la vida bajo el mandato de Erdogan. Estos incluyen el temor a la persecución política, el terrorismo, una creciente desconfianza en el sistema judicial y la arbitrariedad del Estado de Derecho, así como un clima empresarial en deterioro, acelerado por la preocupación de que Erdogan esté manipulando la gestión de la economía en beneficio propio y de sus allegados. Una de las que se va es Merve Bayindir, de 38 años, quien se reubica a Londres luego de convertirse en una de las diseñadoras de sombreros más prominentes de Turquía. “Estamos vendiendo todo”, dijo durante un viaje de regreso a Estambul el mes pasado para cerrar lo que quedaba de su negocio, MerveBayindir. Bayindir participó en las manifestaciones del 2013 contra el intento del Gobierno de desarrollar la Plaza Taksim en Estambul. Dijo que sigue traumatizada por la violencia y siente temor en su propia Ciudad. Erdogan denunció a los manifestantes y, después de soportar arrestos y acoso, muchos han huido. Miles de turcos como Bayindir han solicitado visas de negocios en Gran Bretaña o programas de visas doradas en Grecia, Portugal y España. Sirkeci estima que 10 mil turcos han utilizado un plan de visa de negocios para mudarse a Gran Bretaña en los últimos años. Las solicitudes de asilo político por parte de ciudadanos turcos también se triplicaron en Gran Bretaña en los seis meses posteriores al intento de golpe de Estado, y se multiplicaron por seis entre los turcos que solicitaron asilo en Alemania, dijo. El número de turcos que solicitan asilo en todo el mundo aumentó de 10 mil en el 2017 a más de 33 mil. Al menos 12 mil de los millonarios de Turquía, alrededor del 12 por ciento de la clase rica, trasladaron sus activos fuera del País en el 2016 y el 2017, dice un informe del AfrAsia Bank. Erdogan ha denostado como traidores a los hombres de negocios que han trasladado sus activos al extranjero. “Discúlpennos, no perdonamos”, advirtió. “Las manos de nuestra nación estarían en sus cuellos tanto en este mundo como en el más allá”. Bayindir, la diseñadora de sombreros, dijo que la vida en Turquía se había vuelto tensa. “Cuando vengo aquí ya no veo la misma Estambul. Ya no tiene energía. Parece cansada”, dijo Bayindir.

Desde el fallido golpe de Estado del 2016, el Presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha reforzado su control. (Sergey Ponomarev para The New York Times)

“Estamos vendiendo todo”, dijo Merve Bayindir, diseñadora de sombreros en Estambul que mudó su negocio a Londres. (Mary Turner para The New York Times)

The New York Times