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RICHMOND, Columbia Británica — Melody Bai llegó a Vancouver procedente de China en las últimas etapas de su embarazo con un objetivo: dar a luz a un bebé canadiense. La esperaba un elaborado sistema que atiende a mujeres embarazadas de China, incluyendo una espaciosa “casa de bebés” donde pasó cuatro meses, atendida por una casera que hablaba mandarín. Las cuidadoras le ofrecían masajes gratuitos en los pechos para estimular la lactancia, salidas al centro comercial y conferencias sobre el parto junto con otras futuras mamás chinas. “Es una inversión en la educación de mi hijo”, dijo Bai vía telefónica desde Shanghai, tras regresar a China con su recién nacido y pasaporte en mano. Bai forma parte de un creciente fenómeno en Canadá conocido como turismo de parto o maternidad, que está generando oposición política y moviliza a justicieros autodesignados decididos a detenerlo. Es perfectamente legal. Bajo el principio de jus soli (el derecho del suelo), nacer en Canadá confiere la ciudadanía automática. Pero a medida que más embarazadas llegan cada mes para dar a luz, algunos canadienses protestan que ellas están jugando con el sistema, poniendo a prueba los límites de la tolerancia y devaluando la noción de ciudadanía. En Richmond, ciudad en las afueras de Vancouver donde alrededor del 53 por ciento de sus casi 200 mil habitantes son chinos étnicos, las madres no residentes representan uno de cada cinco partos en el Hospital de Richmond, el mayor número de nacimientos de no residentes de cualquier hospital en el País. “El turismo de parto puede que sea legal, pero es poco ético y de pocos escrúpulos”, declaró Joe Peschisolido, miembro del Partido Liberal en el Parlamento de Richmond, quien llevó una petición contra la práctica a Ottawa, la capital. La práctica subraya cómo Canadá, y Columbia Británica en particular, se ha vuelto un lugar favorito para los chinos que buscan un refugio para la riqueza y los parientes lejos de la autoritaria China. Al menos 30 países, entre ellos Estados Unidos, México y Brasil, conceden la ciudadanía automática por derecho de nacimiento. Otros, como Gran Bretaña y Australia, han restringido sus leyes al exigir que al menos uno de los padres sea ciudadano o residente permanente en el momento del nacimiento del hijo. El Partido Conservador ha respaldado una noción no vinculante que pide que sea abolida la ciudadanía incondicional por derecho de nacimiento. Con sus enormes mercados de comida china, periódicos en idioma chino y gran número de cuidadoras que hablan mandarín, Richmond se ha convertido en la zona cero para las turistas de parto provenientes de China. Unas dos docenas de casas de bebés están en operación. Algunas lo hacen abiertamente, mientras que otras trabajan bajo licencia como agencias turísticas o se presentan como servicios de renta vacacionales. Algunas están ubicadas en casas, otras en departamentos. Muchas son reservadas mediante agentes o corredores en China. Algunos residentes de Richmond dicen que el turismo de parto está minando el tramado social de la comunidad. Kerry Starchuk, que inició la petición defendida por Peschisolido, se queja de que las turistas de parto desplazan a madres locales de las salas de maternidad, y tienen acceso a servicios públicos sin pagar impuestos. Bai dijo que dado el considerable precio que pagó por dar a luz en Vancouver —60 mil dólares canadienses, incluyendo alojamiento y hospitalización— estaba subsidiando al sistema de salud canadiense y contribuyendo a la economía local. “Mi hijo no disfrutará ningún beneficio de salud canadiense, porque vivimos en China”, señaló. Sin embargo, puesto que su hijo es canadiense, ella y su esposo, que es piloto, podrían obtener colegiatura a menor costo en una escuela internacional de Shanghai. Su hijo también podría asistir después a una universidad canadiense con la tarifa local de descuento. A la larga, toda la familia podría emigrar a Canadá.

Daisy Xiong contribuyó con reportes a este artículo.

Estudio arroja que uno de cada cinco partos en el Hospital de Richmond son de madres no residentes. (Alana Paterson para The New York Times)

Una “casa de bebés” para mujeres que esperan dar a luz en Canadá. (Alana Paterson para The New York Times)

The New York Times