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Por Alejandra Rosa y Frances Robles

SAN JUAN, Puerto Rico — Liz G. Rodríguez Quiñónez creció con la capacidad de arrojarse al suelo, en caso de que balas perdidas de un tiroteo cercano atravesaran su ventana.

Pero fue apenas el otoño pasado cuando Rodríguez, quien opera un camión de comida en un pueblo al este de la capital puertorriqueña, experimentó su primer homicidio: parada junto a la estufa en su camión una mañana, escuchó disparos y se dio cuenta de que el hombre que era el blanco de la balacera estaba parado justo detrás de su camión.

Ella esquivó las balas, pero no había esperanza para el hombre, quien murió a sólo unos metros de distancia. “Vi el cadáver. Tenía más o menos 30 años. Fue horrible”, dijo Rodríguez, de 30.

Desde hace mucho, Puerto Rico ha tenido una de las tasas de homicidios más altas en Estados Unidos, casi en su totalidad atribuible a la violencia de pandillas.

Pero una racha reciente de asesinatos descarados a plena luz del día, algunos de ellos captados en video y ampliamente compartidos en las redes sociales, han estremecido a la población y preocupado a funcionarios locales y federales de imposición de la ley.

Con los titulares reportando que 22 personas ya habían perdido la vida de manera violenta en las primeras semanas del 2019 —entre ellos Kevin Fret, un músico abiertamente gay que fue abatido el 10 de enero mientras viajaba en motocicleta antes del amanecer en San Juan— el Gobernador Ricardo Rosselló convocó a una reunión a los dirigentes de todas las agencias de imposición de la ley federales y del estado libre asociado, quienes prometieron tomar medidas severas.

A raíz de la bancarrota y la devastación del Huracán María, Puerto Rico padece una economía que se hunde y un éxodo masivo.

Y aunque la tasa de homicidios es mucho más baja que en su punto más alto hace siete años, la caída ofrece poco consuelo cuando casi 5 mil oficiales de Policía han renunciado en los últimos años.

Héctor Pesquera, Secretario de Seguridad Pública, dijo que los “visuales” altamente publicitados ocultaban el progreso logrado.

Dijo que planeaba una nueva estrategia que identificaría a los pandilleros más violentos que cometieron la inmensa mayoría de los asesinatos recientes por batallas territoriales y se enfocaría en ellos para procesarlos.

Ha enfatizado que Puerto Rico registró 641 homicidios en el 2018, una caída del 10 por ciento de los 710 registrados en el 2017.

Como comparación, la isla estableció un récord de mil 135 homicidios en el 2011 —30 asesinatos por cada 100 mil residentes.

Ahora, con alrededor de 20 por cada 100 mil habitantes, la tasa de homicidios de Puerto Rico es del cuádruple que la de EU continental y es más comparable con la de países como México.

Pesquera, quien fue Jefe de la Policía en el 2012, logró reducir la tasa de homicidios de forma significativa al arrestar a ladrones bajo cargos federales por posesión de armas.

Alexis Santos, un demógrafo de la Universidad Estatal de Pennsylvania, señaló que cuando se toma en cuenta la drástica caída poblacional de Puerto Rico, el descenso constante de crímenes en la isla de hecho terminó en el 2015, cuando volvió a aumentar.

José Marín, director ejecutivo del Sindicato de Policías Puertorriqueños, dijo que la gente tenía razón de sentirse asustada.

“Los delincuentes operan ahora durante el día saliendo de autos con impunidad y disparando frente a la gente”, dijo Marín. “No les importa si alguien los ve. Han perdido el temor de ser arrestados”.

Puerto Rico cambió hace poco su plan de pensiones para oficiales de Policía, lo que motivó que miles de ellos renunciaran.

En el 2012, la isla tenía 17 mil 500 oficiales de Policía; ahora, tiene 11 mil 800, dijo el Departamento de Seguridad Púbica. Rayze Ostolaza, de 24 años, una redactora que sufrió el robo de su vehículo a mano armada en el 2017, dijo que el problema es particularmente agudo para las mujeres.

“No me siento segura en Puerto Rico”, dijo. “Salgo, veo una calle oscura y camino con el corazón estremecido y un nudo en mi corazón. Y ahora, las cosas no suceden sólo en la noche”.

 The New York Times