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Por Adam Nossiter

BOULOGNE-SUR-MER, Francia — Hay desasosiego a lo largo de los muelles fríos y neblinosos de este puerto pesquero frente a Gran Bretaña.

Capitán tras capitán, volviendo a Boulogne-sur-Mer con la captura del día de cangrejo y lenguado, cuenta la misma historia: sus barcos están siendo invadidos.

¿Los presuntos culpables? Los traficantes, y sus clientes migrantes, que están empeñados en llegar a Gran Bretaña y buscan naves para cruzar el inhóspito Canal de la Mancha.

Desde el inicio de la crisis migratoria de Europa en el 2015, el Canal de la Mancha ha sido generalmente visto como infranqueable, ya que sus corrientes cambiantes y su clima volátil hacen que cualquier intento de cruzarlo sea demasiado peligroso.

Pero los funcionarios en Boulogne-sur-Mer, el puerto pesquero más grande de Francia, reportaron un aumento súbito de estos cruces de migrantes en los últimos tres meses del 2018, ya sea en un barco pesquero robado o, con más frecuencia, en pequeñas naves inflables que zarparon en la oscuridad desde las playas francesas.

“Esto es algo completamente nuevo para nosotros”, afirmó Marc Bonnafous, que supervisa la operación de búsqueda y rescate del Gobierno en las aguas del Canal desde el faro de Cap Gris-Nez. “Y definitivamente se ha disparado”.

El año pasado, unos 500 migrantes —10 veces más que en el 2017— intentaron el viaje a través del Canal, un recorrido de unos 30 kilómetros en su punto más estrecho. Más de la mitad lo logró.

Los cruces causaron preocupación en Gran Bretaña, donde políticos antiinmigración lo calificaron como una crisis.

Este mes, el Ministro del Interior francés, tras pláticas con su homólogo británico, anunció que se incrementarían los patrullajes.

“Este barco es mi negocio; es mi única empresa”, indicó Jean-Marie Baheu, mientras instalaba una cerradura candado en su buque de 13 metros, el Murex. Alguien había tratado de forzar la entrada a la cabina del capitán.

El Muelle Gambetta, al que varios ayudantes de cubierta subían rejas de cangrejos mientras el capitán trabajaba en sus reparaciones, es el lugar preferido para atracar.

Desde allí, los capitanes pueden descargar su pesca directamente a los puestos de pescado que bordean la playa. Se han registrado 12 intentos de robo de barcos en semanas recientes, dijo Stéphane Pinto, un líder del comité de pescadores regional.

“Nunca hemos visto nada parecido”, expresó Valerie Arnout, que estaba en su puesto vendiendo la pesca de su hermano.

La Ciudad, el centro de procesamiento de pescado más grande de Europa, depende de su flota para su supervivencia. Algunos pescadores están prometiendo quedarse despiertos toda la noche en sus barcos, con armas listas.

La mayoría de los que intentan la travesía en barco es iraní, señalan los funcionarios, porque tienen los medios para pagar cuotas cuantiosas.

En un caso reciente, los migrantes pagaron 100 mil euros, unos 115 mil dólares, a su traficante, dijeron funcionarios.

El Canal de la Mancha es una de las vías acuáticas más navegadas del mundo, con gigantescos buques portacontenedores cuyas estelas podrían volcar los esquifes inflables típicamente usados por los migrantes.

“Los riesgos son extremadamente altos”, dijo Bonnafous.

Las corrientes son fuertes y constantes, añadió, y el agua es tan fría que “sobrevivirías menos de una hora”. Hasta ahora, no ha habido muertes reportadas, pero Bonnafous cree que es sólo cuestión de tiempo.

Desde el faro, se ven los acantilados blancos de Dover. Sus colegas están sentados frente a las pantallas de radar monitoreando los cruces.

El barco que tome lo que él califica como una trayectoria “errática” encenderá una alarma, aunque a menudo son los mismos migrantes que llaman al número de emergencia y piden ser rescatados.

Las llamadas muchas veces llegan en la madrugada, dejando a los equipos de rescate la tarea de hallar buques pequeños en la oscuridad, dijo Bonnafous.

The New York Times