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Por Brad Plumer

WASHINGTON — Si el mundo tiene la esperanza de lograr un avance significativo en materia de cambio climático, no bastará con que autos y fábricas se vuelvan más ecológicos.

También nuestras vacas y campos de trigo tendrán que criarse y cultivarse de forma radicalmente más eficiente. Ésa es la conclusión de un nuevo estudio publicado el mes pasado por World Resources Institute, un grupo ambientalista en Washington.

El reporte advierte que el sistema agrícola del mundo necesitará cambios drásticos en las próximas décadas para alimentar a miles de millones de personas adicionales sin desencadenar una catástrofe climática.

La agricultura ya ocupa aproximadamente el 40 por ciento de la tierra del mundo y es responsable de alrededor de un cuarto de las emisiones de gases de efecto invernadero de la humanidad.

Pero en vista de que se anticipa que la población global crezca, de 7.2 mil millones de personas hoy a casi 10 mil millones para el 2050, y que muchos millones de personas consumen más carne al aumentar los ingresos, ese impacto ambiental se encamina para expandirse de forma significativa.

Con base en tendencias actuales, dijeron los autores, el mundo necesitaría producir 56 por ciento más calorías en el 2050 que en el 2010.

Si agricultores y ganaderos satisficieran esa demanda al talar más bosques y otros ecosistemas para dar cabida a tierras de cultivo y pasturas, como lo han hecho en el pasado, terminarían por transformar un área del doble del tamaño de India.

Eso podría volver casi imposible mantenerse por debajo de los 2 grados centígrados de calentamiento global, el objetivo internacional acordado, incluso si las emisiones de combustible fósil del mundo se redujeran con velocidad.

Cuando los bosques se talan, las reservas de carbono encerradas en esos árboles son liberadas al ambiente. “El alimento es la madre de todos los retos de sustentabilidad”, dijo Janet Ranganathan, vicepresidenta del World Resources Institute. “No podemos estar por debajo de 2 grados sin cambios importantes a este sistema”.

En el pasado, los investigadores han sugerido que la clave para un sistema agrícola sustentable es persuadir a los consumidores de que coman menos carne y desperdicien menos del alimento que ya es producido.

Sin embargo, el nuevo reporte advierte que podría haber límites a qué tanto pueden lograr esas estrategias. Los autores recomiendan que los principales consumidores de carne de res y cordero, como aquellos en Europa y Estados Unidos, podrían reducir su consumo en alrededor de un 40 por ciento para el 2050, o a más o menos 1.5 porciones por semana en promedio.

Esos dos tipos de carne tienen huellas ambientales particularmente grandes. “Quisimos evitar depender de asteriscos mágicos”, dijo Timothy D. Searchinger, investigador en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, y autor principal del reporte. “Podíamos imaginar un cambio significativo de la carne de res a la de pollo, y eso por sí solo contribuye mucho”. (La producción de aves de corral tiene aproximadamente un octavo del impacto climático que tiene la producción de carne de res).

Así que, además de acciones en materia de dieta y desperdicio de alimentos, los investigadores también se enfocaron en estrategias generalizadas que podrían permitir que agricultores y ganaderos produzcan más alimentos en tierras agrícolas existentes al tiempo que reducen emisiones, una hazaña que exigiría un cambio importante en las prácticas agrícolas en todo el mundo y avances veloces en tecnología.

Los autores también señalaron posibles técnicas para reducir el impacto climático de granjas existentes. Por ejemplo, nuevos compuestos químicos podrían ayudar a evitar que fertilizantes de nitrógeno produzcan óxido de nitrógeno, un potente gas de efecto invernadero.

Y los científicos exploran aditivos para comida que hagan que las vacas eructen menos metano, lo que también contribuye enormemente al calentamiento global.

Los investigadores enfatizan que las estrategias para mejorar la productividad de tierras de cultivo y pasturas existentes tendrán que ir de la mano con políticas de conservación más rigurosas para proteger bosques existentes en lugares como Brasil o África subsahariana.

“En el pasado, a menudo hemos visto políticas agrícolas y de conservación avanzando en paralelo sin mucha interacción”, dijo Linus Blomqvist, director del Breakthrough Institute, un grupo de investigación ambiental en California. “El gran reto es vincular ambas cosas, para que tengamos más agricultura intensiva sin utilizar más tierra”.

The New York Times