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En el siglo 19, miles de aborígenes australianos fueron víctimas de un comercio terrible. Anatomistas abrían sus tumbas y robaban sus esqueletos. Después de masacres, oficiales de policía vendían partes de sus cuerpos a museos. Hoy, muchos de estos huesos yacen lejos de su hogar. “Los restos de nuestros ancestros han sido robados de este País, y son globales, ya sea que estén en Londres, Alemania, Suecia, Suiza —incluso en EU”, dijo Gudju Gudju Fourmile, uno de los patriarcas del pueblo yidniji y gimuy walubara en el norte de Australia. Durante décadas, aborígenes australianos han ejercido presión para la devolución de los huesos. “Los espíritus de nuestra gente ancestral no descansarán hasta que regresen a su País”, dijo Fourmile. Los museos han intentado cumplir. Pero tienen poca información sobre el lugar de procedencia de los huesos. ¿Cómo conectar los huesos correctos con el grupo correspondiente? La complicada pregunta tenía una respuesta relativamente simple: el ADN de personas vivas podría usarse para identificar los orígenes de los huesos que están en museos. En diciembre, en un estudio publicado en Science Advances, genetistas mostraron que podían usar fragmentos de ADN tomado de huesos o cabello para determinar en qué lugar de Australia se originaron los huesos. El estudio comenzó con una petición. En el 2013, huesos humanos de 3 mil 400 años de antigüedad fueron descubiertos en una duna de arena en el remoto norte de Australia, hogar del pueblo thaynakwith. Representantes de esa comunidad contactaron a genetistas para preguntar si podrían investigar los huesos en busca de ADN. “Nos dijeron, ‘realmente queremos saber si es uno de los nuestros’”, dijo David Lambert, un genetista en el Centro Australiano de Investigación para la Evolución en la Universidad Griffith. Eso representó un giro de 180 grados en la relación entre investigadores y aborígenes australianos, quienes han sido reacios a participar en estudios. Joanne Wright, genetista en la universidad, viajó a donde vive el pueblo thaynakwith y tomó muestras de saliva para un análisis de ADN. También tomó una muestra del esqueleto recién descubierto, pero el clima caluroso había destruido su ADN. Un patriarca de los thaynakwith le preguntó si podría usar el ADN para repatriar restos que están en museos. “Dijo que era un tema que perturbaba al pueblo aborigen”, contó Wright. Uno tras otro, grupos de aborígenes australianos pidieron a los científicos que analizaran restos humanos en su posesión —huesos descubiertos en sus tierras o que les habían sido devueltos por museos. El equipo procedió a recuperar ADN de los restos de 10 aborígenes australianos. En cada caso, los huesos antiguos estaban emparentados de forma más cercana con personas que todavía vivían ahí cerca. “Es bueno descubrir la conexión”, dijo Fourmile, quien es coautor del nuevo estudio. “Es como si alguien fuera arrebatado de sus padres, y quisiera descubrir quiénes son sus padres biológicos”.

Científicos conectan grupos aborígenes con huesos antiguos al usar ADN. Área aborigen en Australia. (Sherene Lambert)

The New York Times