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(Ensayo)

El 2018 culminó con un evento televisivo que ofreció múltiples finales. El 2019 inicia con el aniversario de una serie que nos dejó sin una conclusión. “Bandersnatch”, el nuevo —¿episodio, película, juego?— interactivo de “Black Mirror” en Netflix, y “The Sopranos”, que inició un 10 de enero hace 20 años, son productos de dos épocas distintas en la televisión. El primero deja que el espectador dirija la historia (más o menos) a través de una serie de opciones. El segundo es obra de un creador quien se resistió a complacer a su público y concluyó su serie en una interrogante. Cada propuesta es un ejemplo de la tensión entre dos maneras de ver la ficción. ¿Acaso es una historia un acertijo para ser resuelto o un misterio sobre el cual reflexionar? “Bandersnatch”, estrenado el 28 de diciembre, le permite controlar a Stefan (Fionn Whitehead), un diseñador de videojuegos de 1984 que está creando su propio juego de “escoja su aventura”. Sobre la marcha, uno puede descubrir códigos que liberan misterios de una bóveda. Puede asesinar a su padre, o no. Y tras llegar a un final —en su mayoría infeliz— puede probar otro. Sin embargo, el máximo truco que logra “Bandersnatch” es convencer a su público de que ofrece más posibilidades que otras historias. De hecho, ofrece muchas menos. Cada trama está llena de puntos en los que los personajes podrían haber tomado decisiones distintas y sucesos que se podrían haber desarrollado diferente. En una trama lineal, es imposible conocer alguna de estas posibilidades y, por lo tanto, son infinitas. El hecho de que sólo puede ir hacia delante y nunca saber qué hubiera pasado es parte de lo que le imprime emotividad a una historia. Lo mismo se puede decir de la vida. Vivir arrepentido es la razón por la que tenemos prácticas espirituales dedicadas a dejar ir el pasado y aceptar el momento. Sin embargo, un momento puede ser insatisfactorio. Puede provocarlo con la idea de un mejor momento, en algún punto de una línea alternativa de la realidad. Quiere una segunda oportunidad y saber qué hubiera sucedido. “Bandersnatch” vuelve literal esta idea: regresa, haz algo distinto y obtén un resultado diferente. “Bandersnatch” está muy consciente de los límites de la narrativa interactiva. En un final, Stefan produce la versión más exitosa de su juego y explica su secreto: “había estado tratando de darle al jugador demasiadas opciones”, le explica a su terapeuta. “Ahora tienen la ilusión de libre albedrío, pero en realidad yo decido el final”. “Bandersnatch” puede ser divertido, si se siente fascinado con su estructura de rompecabezas. Pero Stefan no es un gran personaje. Uno está tomando decisiones que no son determinadas por lo que él quiere o quién es él, sino por nuestro deseo de ver que sucedan más cosas. Es genial, pero no es evocador en la manera que resulta de llegar al final de una trama y darse cuenta de que la única respuesta de “¿y ahora qué?” que se obtiene tendrá que provenir de uno mismo. Sin embargo, mucha gente realmente odia no saber. Como prueba de ello, tenemos el retorno de “The Sopranos” y, con ello, el resurgimiento de un debate sobre su famoso final de corte a pantalla negra mientras el jefe mafioso Tony Soprano se sienta con su familia en una cafetería. El debate seguramente será reavivado por una cita del creador de la serie, David Chase, en el nuevo libro “The Sopranos Sessions” (Las Sesiones de Los Soprano), escrito por Matt Zoller Seitz y Alan Sepinwall. Chase casualmente se refiere a los últimos momentos de “The Sopranos” como “esa escena de la muerte”. Ni siquiera se da cuenta de lo que ha dicho, o qué implica, hasta que Seitz hace la observación, a lo que Chase responde con una palabra altisonante y explica que se refería a una idea anterior para el final, en la que Tony moría en una reunión con otro mafioso. ¿Acaso Chase reveló algo? ¿O simplemente añadió otra capa de ‘qué habría sucedido’ antes de regresarnos al statu quo ambiguo? No importa. Tal vez Chase buscaba algo específico con esa pantalla negra, tal vez no. Pero una vez que Chase puso fin a su creación, se convirtió en propiedad de todos. Esto no les sienta bien a algunos fans. Insistir que el final de “The Sopranos” es un acertijo con una sola solución es buscar una certeza tipo “Bandersnatch”: que Tony siguió un cierto camino y llegó a un punto en que sólo era posible un desenlace. Para mí, concluir “The Sopranos” con la muerte de Tony habría sido una mala decisión. Le impondría un final típico de historia de mafiosos a un programa que era todo menos típico. Pero desconozco la verdad tanto como usted. El final lo deja preguntándose qué desenlace esperaba y por qué. Tenemos una palabra para ese tipo de ficción: interactiva.

“Bandersnatch” será divertido, pero Fionn Whitehead, como Stefan, no alcanza a desarrollar el personaje. (Netflix)

Los fans aún debaten el final de “The Sopranos”, y qué fue de Tony, interpretado por James Gandolfini. (Craig Blankenhorn/HBO)

The New York Times