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Por Ben Casselman

NASHVILLE, Tennessee — Hace 40 años, Nashville y Birmingham, Alabama, estaban a la par. A 300 kilómetros una de la otra, las ciudades eran el ancla de zonas metropolitanas de poco menos de un millón de habitantes cada una y tenían un número similar de empleos con sueldos similares.

Ya no es así. La población de Nashville más o menos se ha duplicado y los jóvenes han llegado en tropel, atraídos por empleos bien remunerados así como por su reputación sofisticada como “Ciudad Musical”.

En noviembre, la Ciudad obtuvo un importante premio de consolación en la competencia por ser la segunda sede de Amazon: un centro de operaciones que dará empleo a 5 mil personas con sueldos promedio de 150 mil dólares al año.

En comparación, Birmingham ha perdido población de manera constante y, aunque se han expandido sus suburbios, su crecimiento se ha rezagado en comparación con la zona de Nashville. Compañías importantes han mudado sus oficinas generales. Birmingham también trató de atraer a Amazon, pero todo lo que está obteniendo es un centro de distribución donde muchos empleos pagarán unos 15 dólares la hora.

El anuncio de Amazon ha sido generalmente descrito como una victoria de ricos volviéndose más ricos para “ciudades superestrella” como Nueva York y Washington. Pero las decisiones de la compañía también reflejan otra tendencia: la creciente desigualdad entre las ciudades medianas de Estados Unidos.

Nashville y ciudades como Columbus, Ohio, e Indianapolis, Indiana, están prosperando gracias a la suerte, astutas decisiones políticas e inversiones oportunas. Birmingham y ciudades similares, como Providence, Rhode Island, y Rochester, Nueva York, se están quedando aún más rezagadas.

Nashville —una Ciudad Capital en auge con una universidad prominente y una animada escena musical— inició con ventajas. Pero sus líderes locales también tomaron algunas decisiones inteligentes como fusionar el Gobierno municipal y del Condado en los 60, permitiendo que Nashville y sus suburbios trabajaran juntos.

Y en los 90, la Ciudad construyó un centro de convenciones, una arena de hockey y un nuevo hogar para el Salón de la Fama de la Música Country.

En contraste, la mala fortuna y malas decisiones económicas han perjudicado a Birmingham. Alguna vez un centro de producción acerera, la Ciudad sufrió cuando esa industria decayó en los 80. Los líderes locales atrajeron a bancos y aseguradoras, pero esa apuesta se vino abajo durante la crisis económica.

Nashville dependía menos de la manufactura, en parte porque siendo la Capital de Tennessee atrajo inversión pública. Sus colegios y universidades, anclados por la Universidad de Vanderbilt, le valieron una reputación como la “Atenas del Sur estadounidense”.

A partir de los 90, líderes estatales y locales adoptaron un enfoque regional al desarrollo económico para reclutar compañías tales como Bridgestone, Nissan y UBS. Tennessee reestructuró su sistema de universidades comunitarias para alinearse mejor con los empleos que eran creados.

Tomó vuelo el turismo, gracias en parte al drama televisivo “Nashville”. Se quedaron algunos de esos turistas: la cifra de egresados universitarios menores de 35 años casi se duplicó en el curso de una década, a 155 mil para el 2017.
Pronto siguieron las compañías. Entre ellas están Eventbrite, una compañía tecnológica de San Francisco, y EY, la firma contable.

Al tiempo que algunos vuelven la mirada a Nashville como un ejemplo, quieren evitar repetir sus errores. El auge de Nashville ha traído congestión y precios excesivos de vivienda.

En Birmingham, el Alcalde Randall Woodfin, quien ha puesto el desarrollo económico al centro de su agenda, dijo que la Ciudad debe seguir un camino distinto. “Estoy totalmente convencido de que no tenemos que ser el próximo Nashville”, afirmó. “Podemos ser el mejor Birmingham”.

The New York Times