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Por Jack Ewing

ESTAMBUL — En un lugar prominente sobre una repisa cerca de su escritorio, Fuat Tosyali conserva un recordatorio de cómo era su vida antes de convertirse en magnate del acero y una de las personas más ricas en Turquía.

Es una fotografía en blanco y negro de un joven que pule un conducto de estufa.

El joven es Tosyali y, en muchas formas, la fotografía cuenta la historia de lo lejos que ha llegado la economía turca.

El recorrido de Tosyali, de la pobreza a la riqueza, refleja el trayecto de Turquía de antiguo imperio en ruinas a potencia mediterránea con tasas de crecimiento que rivalizan con China, al menos hasta que la economía se desplomó el verano pasado.

Tosyali profesó confianza a pesar de una desaceleración que ha sido exacerbada por los punitivos aranceles impuestos por EU al acero turco.

“Este es mi año número 51 en el negocio”, dijo Tosyali, de 55 años, quien comenzó ayudando en el taller de metalurgia de su padre antes de tener edad suficiente para ir al a escuela. “He visto muchas crisis".

“La turbulencia económica es temporal”, añadió. “Como compañía, estamos conscientes de nuestra fuerza. También conocemos la fuerza económica de nuestro País”.

El brío de Tosyali podría sonar extraño en vista de los acontecimientos del año pasado, cuando él y otros ejecutivos turcos se vieron obligados a lidiar con un desplome en el valor de la lira, una drástica caída en la demanda de los consumidores y gravámenes del 50 por ciento sobre el acero importado de Turquía impuestos por el Presidente Donald J. Trump.

Los problemas han hecho que Turquía, que tiene la economía número 17 del mundo, suba de posición en la lista de lugares donde podría iniciar la siguiente crisis financiera global.

Cada vez más emprendedores turcos están dejando el País o transfiriendo su riqueza al extranjero porque temen que la economía del País pueda empeorar mucho más, o que sus activos y libertades puedan ser expropiados por el Gobierno del Presidente Recep Tayyip Erdogan.

Mas no Tosyali. Dijo que planeaba una importante inversión nueva en la producción de acero, aunque declinó dar detalles. “Es imperdonable ocultar dinero que hiciste en Turquía al llevarlo al extranjero”, señaló.

Hasta por lo menos hace poco, Turquía ha sido vista como una historia de éxito económico, pese a episodios de devastadora zozobra financiera y política. Desde que comenzó este siglo, la pobreza ha caído a la mitad.

El residente promedio del País vive un cuarto de siglo más que su contraparte de los 60. La economía ha crecido más de un tercio desde la crisis financiera del 2008. En el 2017, el crecimiento fue superior al 7 por ciento, lo que llevó a Turquía al umbral de convertirse en lo que el Banco Mundial clasifica como País de “ingreso alto”.

Empresarios como Tosyali se han beneficiado del crecimiento y han ayudado a generar los empleos y la inversión que lo mantuvieron a flote.

La compañía conocida ahora como Tosyali Holding comenzó en Iskenderun, una ciudad portuaria mediterránea cerca de la frontera con Siria. El taller de metalurgia de la familia era tan diminuto, dijo Tosyali, que cabría en apenas una esquina de la oficina que él ocupa actualmente.

Tosyali dijo que su padre, Serif Tosyali, era analfabeta y se avergonzaba profundamente de ello. Pero entendía números y podía calcular el grosor de un pedazo de acero a una fracción de milímetro con tan sólo sostenerlo entre sus dedos.

Cuando Fuat Tosyali no estaba en la escuela —su padre insistió en que sus hijos recibieran una educación— él y sus hermanos menores ayudaban a martillar chatarra para convertirla en partes para estufas y bóileres. Más tarde, la familia comenzó a producir acero esmaltado para las lavadoras que cada vez más turcos podían darse el lujo de comprar, y tubos para hogares que tenían, cada vez más, calefacciones modernas.

En 1994, los Tosyali compraron una fábrica en Iskenderun que producía hierro usado en construcciones. La adquisición los posicionó para beneficiarse de un auge sostenido en la construcción; dio inicio a un imperio acerero que ahora incluye 18 fábricas en Argelia, Montenegro y Turquía; y ayudó a transformar al negocio en el productor más grande de tubos de acero de Turquía.

Después de uno de los años más difíciles en dos décadas, no está claro cómo terminará el capítulo actual en la historia del ascenso de Turquía. ¿Será víctima de la mala gestión económica del Gobierno cada vez más represivo de Erdogan? ¿O acaso los emprendedores turcos, como Tosyali, volverán a hacer gala de su instinto de supervivencia?
Hay indicios esperanzadores. La lira se ha recuperado un poco, pero la divisa turca perdió un 28 por ciento de su valor en el 2018.

La caída es peligrosa para el sistema financiero turco. También es fuente de ansiedad en Europa, donde analistas y reguladores bancarios temen que los préstamos a negocios turcos podrían no ser saldados, lo que podría desestabilizar a bancos como UniCredit, de Italia, que tienen valores significativos en cartera en el País.

Como lo ve Tosyali, el periodo difícil que enfrenta ahora Turquía es otra oportunidad para que los emprendedores demuestren su fortaleza. Tosyali Holding, dijo, planeaba aprovechar los costos de manufactura más bajos para expandirse y posicionarse para ganar participación de mercado cuando termine la crisis.

Otros jefes “pisan el freno y reducen la fuerza laboral”, dijo Tosyali. “Nosotros hacemos lo contrario”.

 The New York Times