• |
  • |

Por Andrew Higgins

KUKAS, Letonia — En épocas soviéticas, Yuris Taskovs informó a la KGB sobre un vecino que veía pornografía alemana y traicionó a cientos de activistas anti-Kremlin. Así que él y otros como él sabían que si los archivos policiacos secretos de Letonia salían alguna vez a la luz pública, como sucedió en diciembre, sus perversas actividades quedarían al descubierto.

“Durante 12 años, trabajé para ellos con gran entusiasmo”, dijo el letón de 63 años, acerca de su periodo como informante para la KGB antes del colapso de la Unión Soviética en 1991.

Sin embargo, para otros, la aparición de sus nombres ha sido una sorpresa.

“Estoy en shock; no tenía idea”, expresó Rolands Tjarve, director de la televisora nacional post-independencia de Letonia. Al insistir en que nunca fue informante, dijo que iría a los tribunales para limpiar su nombre.

Durante casi 30 años, Letonia ha estado discutiendo sobre qué hacer con los archivos dejados por la KGB. Otros ex territorios soviéticos, como Lituania, Estonia y Georgia, hallaron algunos archivos de la KGB después de que se separaron de Moscú.

Pero sólo Letonia se quedó con un índice sistemático que enlista los nombres de más de 4 mil presuntos espías.

Una votación del Parlamento de Letonia para que el contenido fuera publicado en línea ha confrontado a la nación báltica de 2 millones de habitantes con una inquietante pregunta.

¿Acaso poco a poco está aceptando el hecho de que su gente no sólo fue víctima de la opresión soviética sino que, en algunos casos, también colaboró? ¿O acaso ha caído presa de un retorcido complot de la KGB para sembrar confusión entre las élites post-independencia del País?

La segunda opinión es ampliamente sostenida por aquellos que han sido expuestos como espías, pero que insisten en que nunca trabajaron para la KGB. Dicen que han sido incriminados por oficiales de la Policía secreta soviética que rellenaron su lista de informantes.

“Es imposible que la KGB dejara una lista real de agentes en lo que era considerado territorio enemigo”, dijo Tjarve. Los archivos, añadió, deben haber sido alterados y dejados deliberadamente como un “regalo especial” para Letonia como parte de una “operación de desinformación”.

Entre los letones que han aparecido en los archivos figuran un ex Primer Ministro, el juez supremo de la Suprema Corte, líderes de las Iglesias católica y ortodoxa, cineastas, estrellas de televisión y escritores.

Mara Sprudja, directora del Archivo Nacional, que empezó a publicar los archivos en línea en diciembre, dijo que quedó impactada al ver el nombre de Andres Slapins, un camarógrafo letón asesinado por tropas soviéticas que atacaron a activistas proindependencia en Riga, la capital, en 1991.

“Fue un héroe, no un traidor”, señaló. “¿Cómo pudo haber sido un agente de la KGB?”.

Igual de extraños como algunos de los nombres que aparecen son los que no aparecen, como el de Janis Rokpelnis, un reconocido poeta letón que confesó públicamente en el 2017 haber trabajado para la KGB.

Indulis Zalite, ex director del Centro de Documentación, dijo que dudaba que los archivos hubieran sido dejados como un acto de sabotaje de los soviéticos.

“Todo estaba hecho un caos en 1991”, declaró. “No podían organizar un enorme complot”. Pero advirtió que los archivos presentan “sólo parte de un rompecabezas muy grande”, porque dieron nombres, pero no detalles de lo que hacían los presuntos informantes.

Cuando los archivos fueron subidos en línea, Vita Zelce, una historiadora en la Universidad de Letonia, encontró el nombre de un maestro de escuela y pariente lejano con problemas mentales.

“Si estas personas eran realmente espías, la KGB era un chiste”, comentó.

Decidir quién realmente hacía qué depende del acceso a documentos almacenados en Moscú, que tiene un archivo completo de reportes y listas de informantes de la KGB letona. “Desafortunadamente no hay manera de obtener eso por el momento”, dijo Zalite.

Lidija Lasmane, veterana de 93 años del movimiento disidente de la era soviética de Letonia, aplaudió la divulgación de los archivos.

Pero dice que ha llegado demasiado tarde para servir a la verdad histórica o para resolver una pregunta moral: “¿cómo es que una persona perfectamente normal se convierte en una bestia dispuesta a traicionar a sus amigos, su familia y su país?”.

The New York Times