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Por Pamela Drukerman

(Opinión)

París — Estaba cenando con un grupo de mujeres parisinas el otro día, cuando alguien mencionó al escritor francés Yann Moix. La mesa rápidamente estalló en argumentos y acusaciones. Una mujer afirmó que Moix estaba en su derecho de expresar sus opiniones, por más odiosas que fueran, mientras que otras insistieron en que simplemente debería callarse.

Moix no es neonazi ni racista. Simplemente admitió este mes en la revista francesa Marie Claire que no se siente atraído a mujeres de 50 años y que prefiere acostarse con mujeres asiáticas de veintitantos años.

“El cuerpo de una mujer de 25 años es extraordinario”, explicó. “El cuerpo de una mujer de 50 años no tiene nada de extraordinario”. Enamorarse de una mujer de 50 años estaría fuera de discusión: para él, las mujeres de esa edad son “invisibles”.

Las francas declaraciones de Moix —hechas en el contexto de la promoción de su nueva novela, “Rompre” (Rompimiento)— no son particularmente sorprendentes. No es ningún secreto que algunos hombres mayores desean mujeres jóvenes.

Cuando investigadores en la Universidad de Michigan dieron seguimiento a los mensajes en un portal de citas estadounidense, hallaron que las mujeres eran más buscadas a los 18 años, mientras que los varones alcanzaban su apogeo a los 50 años (precisamente la edad de Moix).

Esto tampoco es un punto de vista exclusivamente masculino. Las propias mujeres a menudo creen que los cuerpos juveniles lucen mejor: fotos de modas en la misma edición de Marie Claire muestran a modelos varones que apenas parecen haber dejado atrás la adolescencia.

Y, sin embargo, Moix ha desatado un furor en los medios en Francia y otros lugares, con las mujeres de edad mediana y otros arremetiendo contra él en artículos, podcasts y medios sociales.

“No luces ni un día menor de 65 años”, le tuiteó una mujer. “Espero que estés hasta los 100 años”, escribió otra. Insultaron su talento literario y las bolsas bajo sus ojos, y especularon sobre su psique dañada.

Algunas revistas publicaron las mejores ocurrencias. (Pocos críticos franceses se enfocaron en la preferencia de Moix por las mujeres asiáticas, salvo para decir que probablemente cree el nocivo estereotipo de que son sumisas).

Una escritora francesa de 52 años posteó una fotografía de su trasero admirablemente tonificado, y otras mujeres mayores de 50 años siguieron el ejemplo —cientos, de acuerdo con Moix.

¿Qué es lo que el escándalo de Yann Moix dice sobre el estado de las mujeres galas? ¿Por qué han provocado los comentarios de Moix ese nivel de ansiedad e indignación?

Moix, un novelista, cineasta y comentarista bien conocido, ha hecho muchas declaraciones provocativas antes. Pero esta vez, cometió el doble pecado de inelegancia e indiscreción.

Como una figura pública intelectual, se supone que debe interpretar el papel del “seductor” que sostiene un coqueteo inocente con su público. Anunciar que no se acostaría con algunas de ellas acaba con el encanto.

Y en un País que se guía por la máxima “no todas las verdades deben ser dichas”, saber qué no decir —y qué aspectos de tu vida ocultar— son habilidades sociales clave.

“Yann Moix puede acostarse con quien le dé la gana, ¿a quién le importa?”, dijo la humorista de veintitantos años Agnès Hurstel, en la cadena radiofónica France Inter. Lo que es inaceptable, agregó, es que Moix habló con la revista “como si estuviera en el diván de su psiquiatra”.

Moix trató de explicar que es prisionero de sus preferencias y de su propio temor a envejecer. Sus relaciones con mujeres más jóvenes a menudo terminan dolorosamente tras unos meses, condenándolo a una adolescencia perpetua.

Su nuevo libro está basado en su pesar tras un rompimiento amoroso.

No obstante, sus comentarios tomaron a las francesas en un momento de determinación implacable, y sintiendo una nueva solidaridad.

El movimiento #MeToo las ha vuelto más alertas a la discriminación que enfrentan. Perciben que aún tienen que tolerar el trato que sus contrapartes estadounidenses han erradicado, particularmente en la oficina, y que esto no está cambiando lo suficientemente rápido.

La alcoba era el único lugar donde iban ganando las francesas. Algunos sondeos reportan que es mucho más probable que permanezcan sexualmente activas luego de los 50 años comparado con sus contrapartes estadounidenses.

En opinión de los galos, todo mundo tiene derecho al sexo y al amor, y “hay belleza a cualquier edad”.

Sin embargo, envejecer siendo mujer no es sencillo. Incluso en Francia, se requieren ajustes internos delicados para mantener la contranarrativa a raya y sentirte a gusto con tu propia edad.

Así que existe una satisfacción colectiva de que Moix haya sido puesto en su lugar. Él y Michel Houellebecq, el novelista francés cuyos protagonistas a veces se sienten asqueados por la forma femenina envejeciente, son “los últimos resquicios de un poder erótico masculino que es cada vez menos aceptable socialmente”, escribió hace poco la periodista Cécile Daumas, en el periódico Libération.

Sin embargo, aunque las mujeres no quieren ser reducidas a su atractivo sexual, también quieren probar que aún lo conservan. Los periódicos y revistas parisinos —muchos de ellos editados por mujeres que Moix considera invisibles— lucen como un contraataque jubiloso: Julia Roberts, de 51 años, está en la portada de la revista Gala, y la conductora de televisión Karine Le Marchand, de 50 años, engalana la portada de la edición francesa de Elle.

Moix insiste en que hay esperanza para él. Para cuando tenga 60 años, las mujeres de 50 años parecerán jóvenes. Desgraciadamente, no estoy segura que alguna de ellas estará esperando.

The New York Times