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Por Dionne Searcey y Farah Nayeri

DAKAR, Senegal — La espada del siglo 19 descansa en una vitrina junto a un Corán frágil en una galería espaciosa.
La espada pertenecía a Omar Saidou Tall, prominente líder musulmán del siglo 19 en lo que ahora es Senegal. Su intento por conquistar territorios cercanos lo metió en un conflicto armado con Francia, que tenía sus propias ambiciones de conquista.

Los colonialistas franceses finalmente ganaron y se apoderaron no sólo de grandes extensiones de África Occidental, sino también de los tesoros de la región, incluyendo la espada. Como la mayoría de los artefactos de las colonias africanas de Francia, terminó en un museo galo.

Pero la espada ahora está de vuelta en Senegal y a los senegaleses les gustaría conservarla allí. Está en exhibición en el nuevo Museo de las Civilizaciones Negras, que ha abierto sus puertas en medio de un acalorado debate sobre la recuperación por parte de África de arte que fue saqueado durante la era colonial.

Hasta el 95 por ciento del patrimonio cultural de África se conserva fuera de África. Tan sólo Francia guarda 90 mil objetos africanos subsaharianos en sus museos.

La espada está en préstamo a Senegal, que se independizó de Francia en 1960. Al final del periodo del préstamo, se prevé que regrese al Musée de l’Armée, en París.

“O quizá estará de vuelta para siempre”, expresó Hamady Bocoum, director del museo, con una risa.

Un reporte sobre la restitución africana entregado en noviembre al Presidente francés, Emmanuel Macron, recomendaba que todos los objetos que se llevaron de la África subsahariana sin el consentimiento de sus países de origen fueran devueltos permanentemente, siempre que el país los solicite.

Senegal, por su parte, lo está solicitando.

La espada de Omar Saidou Tall encabezaba la lista de objetos que el reporte indicaba deberían ser devueltos de inmediato.

El reporte también exigía la devolución de objetos en el museo de historia natural en Le Havre, así como joyería y medallones conservados en el Museo Quai Branly, en París.

Algunos en Francia temen que se vacíen salas enteras en el Quai Branly, que tiene 70 mil artefactos subsaharianos.

“No podemos ir a Francia y tomarlos por la fuerza como lo hicieron ellos en la época cuando los sustrajeron de nuestro pueblo”, dijo Abdou Latif Coulibaly, Ministro de Cultura de Senegal. “Francia, por otro lado, debería ayudarnos a identificar las obras de arte que se originaron en Senegal. Luego trabajaremos juntos para traerlas todas de vuelta aquí”.

En noviembre, Macron anunció que devolvería 26 tesoros africanos saqueados por las fuerzas coloniales francesas a fines del siglo 19. Los tronos, las estatuas, las puertas de palacio y los atuendos pertenecían a lo que en ese entonces era el Reino de Dahomey, territorio que ahora es parte de Benín.

Las exposiciones en el nuevo museo incluyen “La Cuna de la Humanidad” y “África Ahora”. Otra llamada “La Caravana y la Carabela” examina cómo nuevas comunidades africanas surgieron en el extranjero del comercio de esclavos.

La primera de sus muestras rotativas se enfoca en Haití y Cuba, una labor “que nos permite tener la narrativa de fondo de la historia africana”, señaló Bocoum.

Las exposiciones de cráneos y huesos antiguos de algunos de los primeros parientes humanos, de Etiopía y otros lugares, así como herramientas y cerámica de la etapa inicial del trabajo artesanal, rinden homenaje a los orígenes de la humanidad.

El museo pretende celebrar las contribuciones de las civilizaciones negras en todo el mundo. Su creación fue la visión del poeta Léopold Sédar Senghor, primer Presidente poscolonial de Senegal.

El senegalés Felwine Sarr, coautor del reporte sobre la restitución, dijo que Senegal pronto solicitará la espada, así como otras piezas. Calculó que el País podría exigir “unas cuantas docenas de objetos”. Indicó que Senegal no iba a demandar todas las obras de origen senegalés en el Quai Branly, calculadas en 2 mil 249.

Una mañana reciente, Yaya Ngom, artista de 53 años de Dakar, veía las exhibiciones. Comentó que la mayoría de los africanos conoce su patrimonio cultural a través de libros y documentales —rara vez producidos por africanos.

El museo, afirmó, “representa un momento de inflexión significativo para nosotros como continente para conocernos a través de nuestras propias enseñanzas y reescribir nuestra propia historia mediante estos objetos”.

The New York Times