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Por Chris Horton

TAIPEI, Taiwán — La Presidenta Tsai Ing-wen de Taiwán estaba batallando políticamente. Su partido había perdido en unas elecciones locales clave, poniendo en peligro su postulación para un segundo mandato el próximo año. Pero luego obtuvo ayuda de una fuente poco probable: el Presidente de China.

En un discurso este mes al pueblo de Taiwán, una democracia autogobernada que Beijing considera territorio chino, el Presidente Xi Jinping dijo que la isla “debe ser y será” unida con China y advirtió que los esfuerzos de independencia podrían ser recibidos con fuerza.

El discurso de Xi suscitó ansiedades que Tsai pudo aprovechar con una reprimenda. “Los valores democráticos son los valores y el modo de vida atesorados por los taiwaneses y hacemos un llamado a China para que se acerque con valor a la democracia”, dijo.

Los índices de aprobación de Tsai se dispararon. Pareció reafirmar su influencia dentro de su partido con el nombramiento de un aliado, Cho Jung-tai, como presidente del mismo.

El cambio resalta el reto que enfrenta Beijing para ofrecer un plan de unificación. La mayoría de los 23 millones de habitantes de Taiwán está a favor de mantener la independencia de facto sin ninguna medida formal que pudiera provocar una respuesta militar de China. Aun así, Taiwán ha tendido a resistirse a las amenazas.

La respuesta de Tsai les “pareció muy presidencial” a muchos taiwaneses, dijo Hans H. Tung, de la Universidad Nacional de Taiwán. Señaló que le ganó más apoyo de su Partido Progresista Democrático, que se inclina hacia la independencia.

Fue un giro de 180 grados después de que el partido de Tsai perdió unas elecciones cruciales para alcaldes en noviembre ante el partido de Oposición, el Kuomintang, o K.M.T., en gran parte debido a asuntos económicos.

Al meollo de la disputa está el llamado Consenso de 1992, un acuerdo no escrito entre Beijing y el Gobierno del Kuomintang que tenía el poder en Taiwán en ese entonces.

El acuerdo sostiene que hay sólo “Una China”, que incluye a Taiwán, pero ambos lados pueden definirlo de su propia manera. Para Beijing, eso significa la República Popular China.

Para el Kuomintang es la República de China, el nombre oficial de Taiwán. Tsai se ha negado a respaldar el consenso en absoluto, llevando a la Administración de Xi a suspender contactos oficiales con su Gobierno.

Wayne Chiang, un legislador del Kuomintang cuyo bisabuelo, Chiang Kai-shek, fue Presidente durante mucho tiempo, elogió el énfasis de Tsai en la necesidad de que Beijing respete la democracia y la libertad de Taiwán.

“Taiwán no es Hong Kong”, afirmó. “A la mayoría de los taiwaneses también le parece imposible aceptar ‘un país, dos sistemas’”.

The New York Times