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Por Jim Robbins

Descomunales embarcaciones de movimiento lento entrecruzan el océano, esgrimiendo un despliegue de 12 a 48 pistolas de aire que disparan aire presurizado a las profundidades del mar.

Las ondas sonoras chocan contra el fondo del mar, penetrando kilómetros de éste, y rebotan a la superficie, donde son detectadas por hidrófonos. Los patrones acústicos forman un mapa tridimensional de dónde es más probable que yazca petróleo y gas.

Las pistolas de aire sísmico probablemente producen el ruido más fuerte que los humanos usan con regularidad bajo el agua.

“Disparan aproximadamente cada 10 segundos las 24 horas durante meses enteros”, dijo Douglas Nowacek, profesor en la Universidad Duke en Carolina del Norte. “Se han detectado a 4 mil kilómetros de distancia. Son impactos colosales”.

Las pruebas sónicas son el ejemplo más reciente del creciente problema del ruido oceánico que ambientalistas y otras personas han citado.

Algunos científicos dicen que el ruido de pistolas de aire, sonares de barcos y el tráfico general de los buques cisterna puede causar la muerte gradual o incluso instantánea de criaturas marinas, desde las gigantescas hasta las más diminutas —ballenas, delfines, peces, calamares, pulpos e incluso plancton.

Otros efectos incluyen lesiones al oído de los animales, hemorragias cerebrales y el ahogamiento de sonidos de comunicación importantes para la supervivencia, declaran.

Los expertos temen que el ruido esté trastocando al ecosistema marino, reduciendo las poblaciones de algunas especies al tiempo que los niveles de ruido alteran la alimentación, la reproducción y el comportamiento social.

Un estudio del 2017 encontró que un estallido fuerte, menos intenso que el de una pistola de aire sísmico, mataba a casi dos terceras partes del zooplancton a hasta 1 kilómetro de distancia.

“Los investigadores vieron una ausencia total de vida alrededor de la pistola de aire”, dijo Michael Jasny, del Consejo de Defensa de Recursos Naturales, un grupo ambientalista.

Se estima que cada disparo sísmico de las pistolas de aire alcance hasta 260 decibeles bajo del agua, equivalentes a unos 200 decibeles en la atmósfera. Los barcos cargueros hacen sonidos de hasta 190 decibeles —el equivalente a 130 decibeles en la atmósfera. (En contraste, el lanzamiento de un transbordador espacial alcanza unos 160 decibeles para aquellos que están cerca).

Debido a que el agua es más densa que el aire, el sonido viaja debajo del agua unas cuatro veces más rápido y mucho más lejos que fuera de ella.

Christopher Clark, investigador en el Laboratorio Cornell de Ornitología, en Ithaca, Nueva York, describió el ruido como un “verdadero infierno” para la vida submarina.

Compañías involucradas en la exploración en alta mar en Estados Unidos discrepan marcadamente con las afirmaciones de daño y dicen que los efectos del ruido pueden ser mantenidos a un mínimo con monitoreos cuidadosos y el cierre de la exploración cuando se observan especies delicadas como la ballena franca glacial, que está en peligro de extinción.

“El prolongado estrés crónico de cualquier tipo es malo, porque roba recursos a la reproducción”, dijo Nowacek. “Presiona a las glándulas adrenales a producir adrenalina y hormonas del estrés, causa pérdida de peso e inmunosupresión”.

La comunicación acústica es primaria en el ecosistema marino, donde la visibilidad es muy limitada. Muchas especies de ballenas se comunican con clics, gemidos y cantos.

Los sonidos de los barcos cargueros y el sonar naval también presentan un problema para la vida marina.

A medida que el número de embarcaciones ha crecido en los últimos años, la cavitación, el ruido del colapso de burbujas creadas por el propulsor de un barco, así como el retumbo de los motores de los navíos, presenta un problema.

El ruido oculta las expresiones de ballenas entre familias, que puede afectar la orientación, la alimentación, el cuidado de los animales jóvenes, la detección de presas e incluso elevar la agresión. El 80 por ciento de las comunicaciones de algunas especies de ballenas ya es ocultado por el ruido.

Unas 20 mil especies conocidas de peces pueden oír, y se sabe que unas 800 especies hacen sonidos para cazar y aparearse.

El ruido oceánico también puede tener repercusiones económicas: investigaciones en Noruega muestran que pescadores comerciales regresan al muelle con 40 a 80 por ciento menos pescados cuando se realiza exploración cerca.

Hay pocas regulaciones, y los expertos están en busca de soluciones.

 The New York Times