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Por Michael Schuman

INCHEON, Corea del Sur — Al tiempo que el Presidente Donald J. Trump encabeza un esfuerzo por recortar impuestos y reducir regulaciones, una economía importante adopta un enfoque diferente.

Bajo el Presidente Moon Jae-in, Corea del Sur ha incrementado los impuestos y el salario mínimo en nombre del crecimiento. Hasta ahora, no ha funcionado como se planeó.

El crecimiento se ha desacelerado, el desempleo ha aumentado y los dueños de pequeñas empresas, como Moon Seung, se quejan.

Moon, fundador de una fábrica de partes automotrices llamada Dasung, en Incheon, un poblado cerca de Seúl, dice que sus costos de mano de obra aumentaron un 3 por ciento adicional el año pasado después de que el salario mínimo subió a 7 mil 530 wones coreanos, o alrededor de 6.70 dólares, la hora.

Consumió sus minúsculos márgenes de ganancia e hizo que dejara de contratar empleados. “No podemos con eso”, dijo Moon.

Con sus políticas progresistas, el Presidente Moon intenta abordar algunos de los mismos problemas económicos que afectan a Estados Unidos y a gran parte del mundo. Incluyen una creciente brecha en la riqueza, un crecimiento más lento y salarios estancados.

Los desalentadores resultados iniciales no significan que Moon esté equivocado y que Trump tenga razón. El crecimiento salarial en EU, aunque más fuerte en meses recientes, se ha mantenido bajo a pesar de tener el mercado laboral más ajustado en una generación, y se anticipa ampliamente que la economía estadounidense se desacelere en el 2019.

Aún así, los problemas de Corea del Sur sugieren los límites del Estado para resolver aflicciones económicas, sobre todo cuando se hace sin abordar los temas estructurales subyacentes.

Para los surcoreanos, la nueva realidad económica ha sido particularmente impactante. El País emergió de la pobreza a partir de los 60 para convertirse en una potencia industrial, al jugar un papel crucial en industrias globales como los teléfonos inteligentes y los televisores.

Tras su elección en mayo del 2017, Moon emprendió un drástico cambio en política económica. Apoyó salarios más altos, restricciones más estrictas sobre las horas de trabajo y un mayor gasto en bienestar, financiado por incrementos fiscales a compañías y personas con altos ingresos.

La meta de Moon es mejorar los ingresos de las familias coreanas promedio para que consuman más y reducir la dependencia de la economía en las exportaciones y, por ende, los altibajos de la economía global.

Pero el desempleo alcanzó su nivel más alto en ocho años en agosto —4.2 por ciento— después de que entró en vigor el nuevo salario mínimo, aunque ha mejorado desde entonces. El crecimiento fue del 2 por ciento en el tercer trimestre en comparación con el mismo periodo un año antes, cayendo del 2.8 por ciento registrado en el segundo trimestre.

El principal problema es la presión sobre las pequeñas empresas. En un sondeo de dueños de pequeñas empresas en el 2017, el 42 por ciento dijo que se vería obligado a deshacerse de empleados debido al incremento salarial.
Pero algunos líderes sindicales argumentan que el salario mínimo no sube con suficiente rapidez. El 21 de noviembre, alrededor de 160 mil trabajadores se declararon en huelga.

Moon ha pagado un elevado precio político por su agenda. Su índice de aprobación se ha desplomado, de 84 por ciento a mediados del 2017 a 45 por ciento en la encuesta Gallup más reciente.

Por su parte, Moon Seung exhortó al Presidente a equilibrar sus objetivos con las batallas que enfrentan los negocios coreanos.

“Mi mensaje es que aminore la marcha”, dijo.

The New York Times