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Por Laura Tillman

CIUDAD DE MÉXICO — Yalitza Aparicio, estrella de “Roma”, de Alfonso Cuarón, se encontraba recientemente sentada en una soleada banca en el Parque México, a sólo unas cuadras del barrio de la Ciudad de México que da nombre a la película.

Eligió el parque como escenario de la charla entre meses de alfombras rojas, sesiones fotográficas y entrevistas con la prensa porque dijo que le recordaba a su hogar: Tlaxiaco, Oaxaca.

Aparicio, de 25 años, acababa de titularse como maestra cuando, por diversión audicionó para el papel principal de “Roma”, una empleada doméstica y niñera llamada Cleo, basada en Liboria Rodríguez, la nana de Cuarón cuando era niño.

Ahora, habiendo ganado una nominación al Óscar como Mejor Actriz por el papel, es aclamada como un modelo a seguir para las mujeres y las personas indígenas en México.

“Roma”, aclamada por la crítica y nominada a 10 Óscares, es más que un proyecto personal de un director célebre en México.

Ha propiciado una conversación sobre la desigualdad, el trato dado a las empleadas domésticas y sobre quién es bienvenido en la alfombra roja en un país donde las mujeres indígenas rara vez son vistas, ni siquiera en las revistas.

En diciembre, Aparicio apareció en la portada de Vogue México, un hito para una mujer de ascendencia indígena en los 20 años de historia de la revista.

Karla Martínez de Salas, directora de Vogue México y Vogue Latinoamérica, dijo que la portada y otras fotos de Aparicio fueron celebradas con la mejor respuesta en las redes sociales en la historia de esa revista.

Aparicio quiere usar su emergente poder de estrella para crear un futuro de mayor inclusión en su País. “No debe importar tu apariencia, puedes lograr cualquier cosa a la que aspires”, dijo.

“No soy el rostro de México”, añadió, puesto que el País tiene muchos rostros.

Aún al tiempo que Aparicio es celebrada, se ha convertido en blanco de ataques racistas en línea. Dijo que mientras que inicialmente le molestaron, ahora se enfoca en las veintenas de personas que la llaman un modelo aseguir.
El recorrido realmente comenzó dos años antes.

El director de un centro cultural de Tlaxiaco invitó a Edith, la hermana mayor de Yalitza, a una misteriosa audición que resultó ser para el retrato de Cuarón en la pantalla grande de Cleo y el México de los años 70.

En la audición, Edith Aparicio, que estaba embarazada, vaciló e instó a Yalitza a hacer la audición en su lugar.

Cuarón la conoció en la segunda ronda de audiciones. “Estaba comenzando a ponerme nervioso, hasta que de pronto Yalitza entró a la oficina y sentí su presencia, algo tímida, pero muy abierta”, recordó Cuarón.

Había estado buscando a alguien con la sensibilidad de Liboria, una manera empática de comunicarse con los demás.

“Es la manera en que se acerca a la gente, cómo está en un lugar y quiere asegurarse de que la gente, sobre todo los vulnerables, estén bien”, comentó el cineasta. Pero cuando le dijo a Yalitza que quería que estelarizara la cinta, ella vaciló. Acababa de titularse como maestra y tendría que hablar con su familia.

Poco después, Aparicio le llamó. Tenía algo de tiempo antes de la temporada de postulación para una plaza de maestra. “Me dijo: ‘Pues, creo que sí puedo’”, recordó Cuarón. “‘No tengo nada mejor que hacer’”.

Como preparación para el rodaje, Cuarón les pidió a Yalitza y a Nancy García, que interpreta a Adela, la cocinera, que improvisaran escenas juntas. Le sorprendió lo rápido que comenzaron a interpretar a Cleo y Adela.

“A la que vemos en la película no es a Yalitza, sino a Cleo”, dijo Cuarón. “Ella creó ese personaje, ¿sabes? Y lo hizo de manera muy detallada”.

Los actores no recibieron un guión ni un arco narrativo. Aparicio se inspiró en el complejo mundo del set, basado en los recuerdos de la infancia de Cuarón y en su propia visión del personaje, basada en parte en las experiencias de su madre como empleada doméstica.

Ahora la mexicana espera crear una nueva realidad en México y mostrar que las mujeres indígenas pueden llegar hasta lo más alto en cualquier campo. Es una aspiración que enfrenta obstáculos significativos: más del 70 por ciento de la población indígena en México vive en la pobreza, y la discriminación abunda.

Aparicio no está segura si seguirá actuando. Moldear a los niños es mucho más fácil que cambiar las creencias de los adultos, dijo, pero le ha sorprendido que “Roma” está logrando precisamente eso.

“A final de cuentas, esto no es tan diferente de lo que yo quería hacer”, dijo. “Me di cuenta de que el cine puede educar a personas de cualquier edad, y de una forma de gran alcance”.

The New York Times