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Por Jeffrey Genttleman

NUEVA DELHI — Los últimos pasos del hombre, plasmados en concreto, llevan de una mansión completamente blanca al sitio donde exhaló por última vez.

En un templado día de invierno, Mohandas K. Gandhi caminó lentamente por un majestuoso jardín en Nueva Delhi, la capital de India, cuando un asesino lo saludó, le tocó los pies y luego le disparó en tres ocasiones al frágil hombre de 78 años.

Los terrenos donde Gandhi se desplomó, y la elegante mansión donde pasó sus últimos días, han sido convertidos en un monumento a su vida y a su violenta muerte.

Setenta años después de su asesinato, la influencia global de Gandhi aún es enorme y su reputación como una fuerza para el bien sigue firmemente intacta.

Como pocos otros en la historia, explotó el poder moral de la resistencia no violenta, ayudando a arrebatar a India del Imperio Británico. Su ejemplo de lo que se podía lograr con una protesta pacífica ha inspirado a infinidad de personas más.

Pero en la India contemporánea, Gandhi ya no inspira tanta admiración reverencial, ni siquiera relevancia. A medida que pasa el tiempo, parece quedar fuera de sincronía con las tendencias en la política india, aunque los políticos aún explotan con regularidad la nostalgia por él.

“Me temo que Gandhi se ha vuelto marginal”, dijo Pratap B. Mehta, politólogo y vicerrector de la Universidad Ashoka.

“En la India moderna, las dos fuerzas dominantes lo odian”.

Entre los nacionalistas hindúes, parte de la base que da fuerza al gobernante Partido Bharatiya Janata, Gandhi es visto como débil, dijo Mehta. Los supremacistas hindúes están enojados con él por expresar tanta compasión por la minoría musulmana del País y por permitir que Pakistán se separara de India.

Algunos nacionalistas hindúes incluso han erigido estatuas del asesino de Gandhi, Nathuram Godse, que alguna vez fue miembro de un grupo nacionalista hindú al que también han pertenecido el Primer Ministro Narendra Modi y muchos de sus aliados políticos.

Gandhi tampoco es popular con los dalits, una clase de indios encadenados durante siglos al fondo de la sociedad hindú de India, pero que ahora, con una población estimada de más de 200 millones, gozan de una importante influencia política.

Gandhi era un apasionado de los pobres, incluyendo los dalits, despotricando contra la explotación y viviendo casi como un monje, vistiendo un sencillo taparrabos blanco y comiendo poco.

Pero Gandhi tuvo amistad con algunos de los capitalistas más ricos de India, y con frecuencia se alojaba en la mansión que ahora es su monumento.

Los dalits y los de la izquierda política critican a Gandhi por no hacer lo suficiente para desmantelar el sistema de castas frecuentemente brutal de India.

“Creen que no fue lo bastante radical y condescendiente en su llamado a la emancipación dalit”, dijo Mehta.

Casi 75 años después de que Gandhi ayudó a India a ganar la independencia, las personas de castas inferiores aún son abiertamente discriminadas.

A pesar de las críticas, los políticos indios a menudo tratan de superar a Gandhi entre sí, especialmente el partido con el que Gandhi sigue siendo más asociado hoy.

Gandhi fue uno de los primeros miembros del principal partido de Oposición del País, el Congreso Nacional Indio, y ayudó a transformar al partido de un club de debate de élite a una fuerza nacional.

Los políticos con frecuencia colocan la foto de Gandhi en sus pancartas, en especial cuando realizan huelgas de hambre estilo Gandhi.

El Gobierno de Modi también intenta a veces canalizar a Gandhi. Las aldeas indias a menudo tienen la imagen de un par de lentes con armazón de alambre negro pintada con plantilla en una pared —los lentes emblemáticos de Gandhi— como símbolo de uno de los programas sociales más grandes de Modi, la campaña India Limpia.

De acuerdo con el conteo del Gobierno, el programa ha entregado casi 100 millones de sanitarios nuevos.

A todos los niños indios se les enseña en las escuelas que Gandhi tomaba muy en serio la limpieza, así que todo mundo comprende el simbolismo de estos ubicuos lentes. Su natalicio en octubre sigue siendo una de las fiestas nacionales de India.

“Ninguno de los partidos políticos tiene un derecho creíble al legado moral de Gandhi”, dijo Ramachandra Guha, uno de sus biógrafos más aclamados, enumerando las razones: corrupción espectacular, política dinástica, división religiosa.

“Gandhi es como Churchill, Napoleón, Mao, Lincoln, cualquier figura importante”, añadió Guha. “Su marca sube y baja. Su legado será debatido una y otra vez”.

 The New York Times