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Por Emma Bubola

ROMAINVILLE, Francia — Los domingos por la mañana, Habiba Hatem, de 9 años, sube al auto de su padre para ir a clases de árabe en una mezquita al norte de París.

“Hoy vamos a hacer un diálogo sobre los ‘duyuf’ que vienen a cenar”, dice la maestra a una docena de niños y niñas de 9 a 17 años, todos nacidos en Francia. “Duyuf significa invitados”, dice, escribiendo la palabra en el pizarrón.

Los abuelos de Habiba llegaron de Túnez en los 60, y su padre cree que es importante que su hija permanezca conectada a sus raíces.

Pero la escuela pública a la que asiste no ofrece clases de árabe, así que hace el viaje semanal a la mezquita en Romainville.

Unas 3 millones de personas en Francia utilizan el árabe a diario, lo que lo convierte en el idioma extranjero más hablado del País, de acuerdo con el Ministerio de Cultura. Pero casi no se enseña en las escuelas públicas, por lo que las mezquitas y asociaciones privadas han intervenido.

Ahora, al Gobierno le preocupa el creciente número de estudiantes que aprenden árabe fuera de la supervisión del Estado.

Como parte de la lucha de Francia contra el extremismo, el Ministerio de Educación anunció en septiembre un plan para retomar el control de la enseñanza del árabe “con el fin de ofrecer un plan de estudios laico en lugar del que ofrecen las asociaciones, que puede inclinarse hacia la radicalización”, dijo la portavoz del Ministerio.

El plan del Ministerio está causando alarma en la derecha política. Luc Ferry, ex Ministro de Educación, sugirió que la medida equivalía a permitir el islamismo en las escuelas públicas.

Pero muchos líderes de la comunidad árabe apoyan el plan. Azzedine Benjemaa, presidente de la asociación musulmana de la mezquita donde Habiba asiste a clases, dijo que las clases de las escuelas públicas serían de mayor calidad que las religiosas.

“Nuestros profesores tienen mucha pasión y buena voluntad, pero no tienen formación”, dijo Benjemaa.

La clase de Habiba en la mezquita comienza con una oración. En la preparatoria Claude Monet en el 13avo Arrondissement de París, una de las pocas escuelas públicas francesas que ofrecen árabe, el maestro inicia la clase utilizando LinkedIn para mostrar a los estudiantes cuántos empleos tienen a su disposición si hablan árabe.

Pero muchos argumentan que la retórica del Gobierno liga peligrosamente el idioma árabe, el Islam y el fundamentalismo religioso.

“Mientras que el Ministro de Educación subraya que aprender árabe en la escuela celebra la cultura y la civilización árabes, esta decisión se toma principalmente en nombre de la lucha contra la radicalización islamista”, dijo Sarah Mazouz, del Centro Nacional de Investigación Científica.

Mazouz, quien estudia discriminación y naturalización, dijo que ese enfoque confirmaba un “estereotipo anclado de que el árabe es el idioma de los fanáticos y los oscurantistas”.

El árabe se enseña desde hace mucho tiempo en las universidades públicas de Francia, donde este idioma es considerado un activo valioso para las carreras en negocios y diplomacia.

Pero en las escuelas primarias y secundarias, el plan del Ministerio de Educación ha suscitado resistencia, dijo Mazouz.

“En Francia existe la firme creencia de que es la escuela pública la que forma a los franceses, la que produce ciudadanos franceses sin importar su origen o la historia de sus padres”, dijo Mazouz.

¿Qué piensa Habiba, quien habla francés, de sus propios esfuerzos para aprender árabe?

Cuando sus tareas se vuelven intensas, dijo, quisiera no tener que ir a clases de árabe. Pero tiene que estar lista para el verano, dijo, para visitar a sus primos en Túnez.

“Claro que quiero aprender árabe”, dijo. “Toda mi familia lo habla”.

The New York Times