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Por Jeff Ernst y Kirk Semple

CIUDAD HIDALGO, México — Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México, ha tomado acciones decisivas para alentar a los migrantes que huyen de la pobreza y la violencia en países centroamericanos a que permanezcan y laboren en México, facilitándoles el trámite de visas y de permisos de trabajo, y promoviendo inversiones y proyectos públicos ambiciosos para crear empleos.

Las políticas del Presidente mexicano ya están resultando ser imán para los migrantes, que encuentran más difícil entrar a Estados Unidos gracias a la antipatía del Presidente Donald Trump por la inmigración. Una caravana migrante que se dirige de Centroamérica a México —la más numerosa a la fecha— ya suma 12 mil personas, y muchas dicen que su intención es quedarse en México, al menos por ahora.

La generosidad del Presidente mexicano hacia los inmigrantes, afirman funcionarios, va acorde con su mayor compromiso con proteger los derechos humanos, reducir la desigualdad y dar prioridad a los pobres.

La postura pro inmigrantes de López Obrador también marca un contrapunto a la Casa Blanca sin desafiar directamente a Trump. Pero estas políticas podrían a final de cuentas colocar mayor presión en la frontera méxico-estadounidense, ya que la mayoría de los integrantes de la caravana esperan cruzar en algún momento a Estados Unidos.

Muchos en la caravana dijeron que decidieron emigrar tras la decisión del Gobierno mexicano de agilizar marcadamente el proceso para conseguir una visa humanitaria que tiene vigencia de un año y permite a migrantes viajar y trabajar de manera legal en México.

“La visa humanitaria que están dando ahora es la razón por la que estamos aquí”, dijo Carlos del Valle, un maestro guatemalteco que estaba solicitando la visa en el puente que conecta a Guatemala con México.

“Luego, si es posible, podemos llegar a Estados Unidos”, dijo.

Con el nuevo proceso, que entró en funciones a mediados de enero, el Gobierno intenta otorgar la visa humanitaria en un promedio de cinco días, en lugar de un mes. Los funcionarios dijeron que la política sería permanente.

Los funcionarios dicen que la iniciativa es parte de la estrategia del Presidente para que la política migratoria de México tenga un enfoque más humanitario después de años de un mayor número de deportaciones bajo presión de Estados Unidos.

Sin embargo, también podría resultar en que aún más migrantes hagan el trayecto al norte y terminen por dirigirse a la frontera estadounidense, exacerbando las tensiones con la Administración Trump.

La Casa Blanca anunció el mes pasado una nueva política para devolver a la mayoría de los solicitantes de asilo a México si llegaron por tierra a la frontera.

De acuerdo con esa política, que busca desincentivar a los centroamericanos de emigrar a Estados Unidos y reducir la presión sobre el sistema de asilo, los solicitantes deberán esperar en México el desenlace de su caso.

La actual caravana migrante salió de San Pedro Sula, Honduras, el 14 de enero y comenzó a llegar en los siguientes días a la frontera de Guatemala con México.

Los funcionarios mexicanos exhortaron a los migrantes a solicitar la visa humanitaria y desde entonces más de 12 mil personas, en su mayoría hondureña, la ha tramitado en este poblado en el sur del País.

Mientras que algunas personas en la caravana dijeron que su intención es quedarse en México, muchas planean utilizar las visas como salvoconductos para facilitar su trayecto a la frontera norte de México, donde esperan hallar cómo cruzar a Estados Unidos.

Los motivos del Gobierno de López Obrador no son sólo humanitarios. El Gobierno ha dicho que hay una escasez de mano de obra e intenta llenar decenas de miles de empleos no especializados vacantes.

Sin embargo, muchos de los que integran la nueva caravana están resueltos a llegar a Estados Unidos.

Franklin Caballero, un hondureño de 30 años, dijo que vivió seis años en EU como indocumentado, pero fue deportado por conducir sin licencia. Esperaba regresar al viajar con la caravana.

“Aunque tengo que esperar cinco días por el pase para entrar a México, luego veré cómo llegar a Estados Unidos”, dijo. Su plan tentativo era pagarle a un contrabandista en el norte de México para que lo cruzara a territorio estadounidense.

Otros más estaban preparados para vivir y trabajar en México hasta que vieran una oportunidad de cruzar hacia Estados Unidos.

“Nuestro propósito es conseguir trabajo”, dijo Anabella López, una migrante guatemalteca de 50 años que viajaba con siete familiares de distintas edades. “Estados Unidos está difícil ahorita”.

The New York Times