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Por Bárbara Surk

TRAVNIK, Bosnia y Herzegovina — La escuela en esta Ciudad medieval está dividida por una cerca y el legado de una guerra. Todos los días, alumnos entran en tropel al mismo plantel, sólo para estudiar por separado.

Los croatas étnicos de los suburbios toman clases en el lado derecho del edificio. La mayoría es católica. Los musulmanes bosnios de la Ciudad son instruidos en el lado izquierdo.

Para muchos alumnos, la división es una reliquia indeseada de las guerras étnicas de Bosnia de los años 90 entre serbios, croatas y musulmanes.

“No quieren que socialicemos en la escuela”, dijo Iman Maslic, alumna musulmana de 18 años, “así que vamos a los cafés después de clases y pasamos el rato juntos allí”.

Pero la brecha se está profundizando ahora que los nacionalistas avivan las rivalidades étnicas. La escuela es parte del sistema educativo del País conocido como “Dos Escuelas Bajo Un Techo”.

La Iglesia católica es hoy propietaria del edificio y opera la escuela en el lado derecho. Del lado izquierdo está la preparatoria estatal que controló el edificio durante la era comunista en la ex Yugoslavia.

La Iglesia quiere desalojar a la escuela estatal, pero los dos lados siguen entrelazados por el legado de los Acuerdos de Dayton, el tratado que puso fin a la guerra, pero asignó espacios para los serbios, croatas y musulmanes bosnios.

Hay el menos 50 escuelas en Bosnia en las que están separados los alumnos de diferentes etnicidades.

Una generación entera crece aprendiendo de libros de texto diseñados por la ley especialmente para su grupo.
Algunos políticos jóvenes hacen un llamado a abolir el sistema. “No queremos enviar a nuestros hijos a Dos Escuelas Bajo Un Techo”, afirmó Lana Prlic, de 25 años, miembro del Partido Socialdemócrata de Bosnia, en su cuenta de Twitter durante una campaña reciente.

Nacida durante la guerra a padre croata y madre bosniaca (bosnia musulmana), se graduó de una escuela segregada en Mostar.

Desde el fin de la guerra, Bosnia ha estado dividida entre una región autónoma serbia y una federación musulmana-croata, con la Presidencia dividida en tres puestos de elección, uno para los serbios bosnios, uno para los croatas y otro para los bosniacos. En las elecciones nacionales en octubre hubo apelaciones a la lealtad étnica.

Los nacionalistas croatas son muy resistentes al cambio porque las escuelas multiétnicas estatales serían un obstáculo para crear una región autónoma exclusivamente croata, similar a lo que lograron los serbios en la guerra a través de expulsiones y asesinatos masivos de los no serbios.

En la escuela en Travnik, una ciudad a 90 kilómetros al oeste de la Capital, Sarajevo, las clases son escalonadas para impedir que los alumnos de lados diferentes socialicen durante los recesos.

Maslic, que es presidenta de la Asociación de Estudiantes de Preparatoria de Bosnia, habla con alumnos de todo el País. Para recibir una educación, dijo, muchos han desarrollado vidas en paralelo a la realidad étnicamente dividida.

“Estamos separados en papel, no en la vida real”, indicó.

Los estudiantes afirmaron que se sentían agotados por la carga de una guerra que ocurrió antes de que nacieran.

Arsam Gasi, un albanés étnico que asiste al lado estatal de la escuela, juega futbol con croatas y celebra el Ramadán con musulmanes y la Navidad, dos veces, con cristianos ortodoxos y católicos.

“Nadie jamás pregunta de qué lado estuvo tu familia en esa guerra”, dijo. “Podemos compartir la Ciudad; ¿por qué no podemos estar en la misma escuela?”.

 The New York Times