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Por Ben Rothenberg

MELBOURNE, Australia — Puede tomarle mucho tiempo a Dylan Alcott, un parapléjico de 28 años de un suburbio cercano, maniobrar por el Abierto de Australia.

No es lento; simplemente es popular. “Cuando era niño, la gente se me quedaba viendo porque estaba en silla de ruedas, y lo odiaba”, expresó Alcott. “Ahora se me quedan viendo porque me conocen. ¿No es asombroso? Dicen ‘¡oh, es Dylan!’ No, ‘oh, allí hay un hombre en silla de ruedas’”.

Tras ganar una medalla de oro en los Juegos Paralímpicos del 2008 en el basquetbol en silla de ruedas, Alcott ha dominado la división tetrapléjica del tenis en silla de ruedas, ganando siete títulos de singles en torneos Grand Slam, incluyendo su quinto Abierto consecutivo el 26 de enero.

El tenis para tetrapléjicos, jugadores con al menos tres extremidades afectadas por una discapacidad física permanente, es un mundo pequeño. Pero la visibilidad de Alcott se extiende más allá del estadio de tenis.

Es el rostro de ANZ, un banco que es uno de los principales patrocinadores del Abierto, apareciendo en sus anuncios. Alcott también fungió como analista de cancha para Nine, la cadena televisora australiana que transmite el torneo. El resto del año, trabaja como conductor de estaciones de música nacionales.

“Cuando era niño y sufría bullying en la escuela y me sentía realmente molesto, decía, ‘no conozco a nadie como yo, no veo a nadie como yo en la tele o la radio o el periódico, ¡y eso es mala onda!’”, dijo Alcott.

No comprendió el poder de su celebridad hasta que sus comerciales comenzaron a salir al aire el año pasado. “Recibimos videos de un pequeño en una silla de ruedas, y cada vez que sale el anuncio, se desplaza hasta el televisor y lo abraza, porque vio a alguien como él en la tele”.

Alcott ha disfrutado la aceptación de otros atletas, al conversar con Roger Federer, 20 veces campeón de Grand Slam, cuando sus sesiones de práctica se empalmaron en el Abierto.

Incluso Stefanos Tsitsipas, que se volvió la estrella revelación del Abierto al vencer a Federer, dio su lugar a su celebridad. “Me presenté con Tsitsipas”, contó Alcott, “y me dijo, ‘amigo, eres el hombre más famoso aquí, ¡por supuesto que sé quién eres!’”.

Novak Djokovic, el hombre mejor clasificado en el tenis para personas sin discapacidad y campeón de singles varonil de este año en el Abierto, ha jugado en una silla de ruedas al otro lado de la red contra Alcott, lo que, dijo, lo hizo valor el desafío.

“Dylan se merece la popularidad”, dijo Djokovic. “Es un hombre estupendo, muy carismático. Lo he dicho antes, esas personas para mí son héroes, realmente lo son”.

En el 2016, Alcott recibió la Medalla Newcombe de Tennis Australia, que se otorga al mejor jugador del País. Señaló que ganar un premio general en lugar de uno designado para atletas discapacitados, “se sintió como que abría camino”.

Alcott nació con lipomeningocele, que provocó un tumor grande junto a su médula espinal. Se sometió a su primera de muchas cirugías a las cinco semanas de edad. Problemas de salud continuaron durante toda su infancia. Y en el 2012, sufrió el corte de una arteria en una caída, dañando su capacidad de usar plenamente su mano derecha. Eso puso fin a su carrera en el basquetbol y lo llevó a enfocarse en el tenis.

Aunque habla con franqueza de sus retos, Alcott también ha tratado de compartir la plenitud de su vida. Es por eso que en su autobiografía, “Able” (Capaz), un bestseller publicado el otoño pasado, comentó: “Hablo sobre la primera vez que tuve sexo, sobre cuando viajo, todo. Que te den la plataforma para hacer eso es súper cool”.

Inició su propio festival de música, que dio cabida a las necesidades de personas discapacitadas. También fundó un grupo de consultoría que trabaja para mejorar la forma en que las organizaciones interactúan con los discapacitados.

Y su fundación financia oportunidades para ellos.

The New York Times