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Por Alex Soloski

Jill Valentine está segura de que los chicos tienen un apodo para ella: Aguafiestas. Durante casi cuatro años, fue la tutora en jefe de “School of Rock”, que terminó su temporada en Broadway el 20 de enero.

Las tutoras cuidan a los niños actores durante los ensayos y antes y después de las funciones. Valentine distribuye analgésicos infantiles, trabaja con tarjetas educativas de ciencias y confisca ‘contrabando’.

No tiene hijos propios —”tengo dos gatos y un novio, con eso basta”— pero 63 han ido y venido bajo su cuidado desde que se unió a “School of Rock” para los ensayos previos a Broadway en el 2015. Trece niños, de entre 8 y 13 años, actuaban en cada función, con cuatro más esperando tras bambalinas.

Éstos son extractos editados de una conversación con Valentine.

¿Qué es exactamente una tutora?

Somos responsables de su seguridad, salud y bienestar desde el momento en que entran por la puerta del teatro hasta que salen.

Llegaré dos horas antes de que se levante el telón. Luego recibimos a los niños aproximadamente una hora y 15 minutos antes de que empiece la función. Irán arriba, dejarán sus cosas, harán calentamiento físico y vocal en nuestra sala verde y luego empieza el acelere: llamados a peinado, vestuario, revisión de micrófonos, todas esas cosas.
Una vez que los chicos bajan para la función, no hay descansos.

¿Qué haces para establecer lazos con ellos?

Si les preguntas en serio sobre su vida, saben que te importan. Pasamos 40 horas a la semana juntos. Realmente se vuelven como de la familia.

¿Cómo tranquilizas a los padres?

Cuando iniciamos el ensayo, hago una orientación para padres. Tengo un paquete de ocho páginas que les envío. Dice cosas como, entonces su hijo está en un show de Broadway, esto es lo que necesita saber, una guía paso a paso. Tienen mi número celular. Recibo mensajes de texto, llamadas telefónicas y correos electrónicos.

¿Qué emergencias ha manejado?

Definitivamente hemos tenido narices sangrando. Les decimos, si crees que vas a vomitar, por favor sal del escenario, te estaremos esperando con un bote de basura. Tengo que preguntarles a los niños, ¿necesitas parar? ¿Puedes terminar la función? Tiene que ser decisión del actor.

Así que eres una aguafiestas, ¿cómo es que acabas con la diversión?

Si estamos teniendo un día pesado, yo soy la que llega y dice: “¿qué te pasa, estás loco? Tenemos una función. No puedes lanzar un balón tras bambalinas. Simplemente no puedes”. Definitivamente he quitado una pelota de basquetbol o una patineta.

¿Tienes un grupo favorito de chicos?

Me esfuerzo para no tener favoritos. Los niños lo saben y no es conveniente para lo que estamos tratando de enseñarles, que es el profesionalismo.

¿Cuál es la parte más difícil del trabajo?

Creo que lo más difícil es ser consistente. No importa lo cansada que esté. O si es un domingo en la noche de un fin de semana de cinco funciones y todo lo que quiero hacer es ir a casa. Porque cuando las cosas se ponen difíciles, necesito que esos niños recurran a mí y confíen en mí.

¿Es triste dejar el show?

Un poco. Es mi sexta obra de Broadway. Sé lo que es esto. Pero al empacar mi oficina, estoy viendo papeles y agendas viejas, dibujos que los niños han hecho. Y pienso, ah sí, ¿te acuerdas de eso? ¡Hicimos tantas cosas! En todo caso, mi sentimiento abrumador no es de tristeza, sino de orgullo.

 The New York Times