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Por Cade Metz

SAN FRANCISCO — En octubre, la provincia china de Guangdong, el centro de manufactura en la costa sur que impulsa el 12 por ciento de la economía del País, dejó de publicar un reporte mensual sobre la salud de sus fábricas.

Durante cinco meses consecutivos, este índice económico clave había mostrado una caída en la producción de las fábricas. Entonces, las autoridades en Beijing cancelaron el índice.

Una compañía de arranque en San Francisco comenzó a reconstruir el índice, extrayendo información de fotografías e imágenes infrarrojas de fábricas de Guangdong capturadas por satélites en el cielo. La compañía, SpaceKnow, vende ahora esta información a fondos de cobertura, bancos y otros operadores del mercado que buscan una ventaja.

La vigilancia a gran altitud alguna vez fue el territorio de las superpotencias globales. Ahora, varias compañías de arranque la están convirtiendo en negocio, con el objetivo de vender percepciones derivadas vía pequeños y baratos “satélites cubo”.

“Los negocios no podrán ocultarse de competidores, reguladores u organismos de vigilancia”, dijo Mark Johnson, director ejecutivo de Descartes Labs, otra compañía de arranque de información satelital. “Necesitan darse cuenta de que su ventaja competitiva tradicional —la información— estará disponible para todos”.

Casi 730 satélites de observación terrestre fueron lanzados durante la última década, de acuerdo con Euroconsult, una firma de investigación. En los próximos 10 años, les seguirán 2 mil 220 más.

Orbital Insight, en Palo Alto, California, es una de las primeras compañías en desarrollar un negocio en torno a datos de satélites cubo. En las oficinas de Orbital, James Crawford, fundador y director ejecutivo de la compañía, mostró un reporte sobre tres minoristas en EU: J. C. Penney, Macy’s y Sears.

Con base en los datos satelitales de la compañía, una gráfica lineal mostraba una caída constante en el número de autos estacionados afuera de las miles de tiendas de los minoristas.

Orbital Insight da seguimiento a la actividad en más de 260 mil estacionamientos minoristas a través de EU, y monitorea los niveles de más de 25 mil tanques petroleros en todo el mundo.

Crawford cree que el análisis satelital llevará a una mejor compresión de la economía global. Fred Abrahams, investigador del grupo de defensa Human Rights Watch, lo ve como un control sobre compañías y gobiernos.

Abrahams y su equipo usan satélites para rastrear todo desde minería y tala ilegal hasta demoliciones de viviendas a gran escala. Los satélites “hacen que sea mucho más difícil ocultar abusos a gran escala”, dijo.

Todo esto es impulsado por una caída en el costo de construir, lanzar y operar satélites. Hoy un satélite de 3 millones de dólares que pesa menos de cinco kilos puede capturar imágenes significativamente más nítidas que uno de 300 millones de dólares y 400 kilos construido a fines de los 90.

Y avances recientes en inteligencia artificial permiten que máquinas analicen estos datos con mayor velocidad y precisión. “El futuro es la automatización, donde los humanos sólo analizarán las cosas muy interesantes”, dijo Crawford.

Las compañías de arranque no operan sus propios satélites. Compran sus datos de un creciente número de operadores satelitales y construyen los sistemas automatizados que analizan los datos.

Pero a medida que la tecnología mejora y los costos se reducen, algunos aún advierten que la recopilación de inteligencia satelital tiene sus límites. Encontrar información útil en imágenes satelitales puede ser costoso y algunos cuestionan si los datos son útiles, sobre todo para operadores del mercado.

En enero, un satélite brindó un recordatorio de que la tecnología aún está siendo perfeccionada. El satélite WorldView-4, operado por Digital Globe, dejó de funcionar repentinamente.

“El espacio es genial, pero tarda mucho tiempo hacer que las cosas funcionen”, dijo Shawana Johnson, veterana del trabajo de inteligencia satelital. “No puedes simplemente enviar un técnico al espacio”.

 The New York Times