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Por Kenneth Chang

¿A dónde se fueron los cráteres de la Tierra?

Definitivamente tenemos el impactante cráter Barringer en Arizona, y el Chicxulub, que yace debajo de la Península de Yucatán en México, la cicatriz de 160 kilómetros de ancho del meteorito que probablemente aniquiló a los dinosaurios.

Algunos golpes cósmicos, de las rocas espaciales que aterrizaron en los océanos, no formaron cráteres. Otros han sido borrados por la erosión y la tectónica de placas.

Aun así, no parece que haya suficientes cráteres en nuestro planeta —sólo 190 ejemplos confirmados.

Un nuevo estudio sugiere que los geólogos no pueden encontrar más abolladuras grandes en la superficie de la Tierra porque nunca existieron.

El mes pasado, investigadores presentaron los resultados de una nueva técnica que sugiere que el ritmo de las rocas espaciales que golpeaban a la Tierra y a la Luna solía ser menos frecuente que ahora, pero luego se duplicó o triplicó por razones que aún no tienen explicación.

“Creo que tenemos una buena historia”, dijo William F. Bottke, científico planetario del Southwest Research Institute, en Boulder, Colorado, y uno de los autores. “Estamos cambiando la frecuencia de impactos en la Tierra por un factor de 2 a 3. Eso ocurrió hace 290 millones de años”.

Otros científicos se muestran escépticos, porque la investigación saca sus conclusiones de sólo un pequeño número de cráteres terrestres y lunares. H. Jay Melosh, profesor en la Universidad de Purdue, en Indiana, dijo: “No confío en que estén en lo correcto con estadísticas de números pequeños”.

La Luna debería ofrecer algunas pistas. Tiene muchos cráteres, al registrar miles de impactos desde que se formó hace 4 mil 500 millones de años.

Pero la edad de cualquier cráter lunar en particular con frecuencia ha sido incierta. La datación de elementos radioactivos en las rocas lunares traídas por los astronautas de las misiones Apolo ha precisado las edades de unos 10 cráteres, dijo Rebecca R. Ghent, profesora en la Universidad de Toronto y autora del nuevo estudio.

Otro método utilizado para datar algunos cráteres es más impreciso. Cuando un cráter es nuevo, su interior es liso. Con el tiempo, meteoritos más pequeños golpean la superficie de este interior.

Pero nadie conoce el índice preciso de impactos. Un impacto podría dispersar rocas más pequeñas por el paisaje, resultando en lo que erróneamente parecen más impactos. “Entonces te vas a equivocar en la edad”, dijo Ghent.

A ella se le ocurrió tomar la temperatura de un cráter.

Un cráter lunar nuevo tiende a estar rodeado por grandes rocas excavadas por el impacto del meteorito. Las rocas retienen el calor cuando el cráter gira hacia la oscuridad durante las noches de la luna, que duran hasta dos semanas.

En cráteres más antiguos, las rocas, golpeadas por micrometeoritos durante millones de años, se convierten en polvo, que se enfría por la noche.

La ausencia de cráteres más antiguos en la Tierra podría explicarse por lo que los geólogos describen como el período de la “Glaciación Global”, cuando casi todo el planeta estaba cubierto de hielo. Los glaciares habrían erosionado y alisado la superficie.

Los científicos especulan que quizás la ruptura de un asteroide generó muchas rocas espaciales nuevas que llovieron en el sistema solar interior.

Melosh dijo que la Luna probablemente arrojará una respuesta concluyente, pero no por ahora. “Todos estos problemas se resolverían si pudiéramos llegar a la luna y datar 10 mil cráteres”, dijo.

The New York Times