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Por Liz Alderman

TIFLIS, Georgia — Durante tres años, una bodega en los límites de la Ciudad había estado operando con energía suficiente para suministrar luz a 50 mil hogares. La bodega, y docenas de contenedores de carga, están generando bitcoin, la criptomoneda que ha creado una fiebre de oro virtual en Georgia.

Bitfury, una compañía de tecnología de bitcoin, está produciendo millones de dólares del dinero digital usando energía hidráulica ultrabarata cosechada de las aguas que bajan desde la cima del Cáucaso.

Miles de georgianos se han incorporado a esta actividad y vendido autos —incluso vacas— para comprar computadoras para minar bitcoin y sumarse a una carrera apoyada por el Estado hacia la supremacía informática.

Un ex Primer Ministro alentó a Bitfury, en ese entonces ubicada en San Francisco, con un crédito de 10 millones de dólares en el 2015. El Gobierno le vendió a Bitfury 18 hectáreas por 1 dólar para que se instalara en el País.

El Gobierno ha estado vendiendo energía a la mitad de las tarifas cobradas en EU o Europa, y ha creado zonas libres de impuestos para atraer a emprendedores con destreza tecnológica.

Es probable que todo el experimento enfrente retos al tiempo que disminuye el precio del bitcoin. La mayoría de las compañías tiende a perder dinero cuando el precio del bitcoin cae por debajo de los costos de energía, y los operadores de minería de todo el mundo han estado reduciendo su actividad recientemente.

Sin embargo, Georgia ha estado apostando su economía en atraer la tecnología de cadena de bloques, la capacidad de almacenamiento encriptado detrás de todas las transacciones de criptomoneda.

Bitfury ha ayudado a migrar la mayor parte del catastro de Georgia a la cadena de bloques, convirtiendo al Gobierno en uno de los primeros en depender del libro contable digital y seguro. Podría seguir su sistema fiscal.

Dentro de la bodega de Bitfury, en las afueras de Tiflis, 160 tanques sellados herméticamente repletos de chips de consumo eficiente de energía y un líquido enfriador especial trabajan frenéticamente en fórmulas matemáticas complejas en la cadena de bloques. Cada respuesta correcta reditúa un bitcoin, y cálculos de la industria arrojan que la compañía extrae poco más del 5 por ciento de todos los bitcoins.

Cuando Bitfury llegó a Georgia, un bitcoin valía alrededor de 350 dólares. Se disparó a casi 20 mil dólares antes de desplomarse a unos 3 mil 400 dólares actualmente. Jugadores importantes como Bitfury tienen ancho de banda para seguir operando, pero los inversionistas más pequeños han sido mucho más vulnerables.

No obstante, ni siquiera el Gobierno, a pesar de su esfuerzo por digitalizar la economía, está apostando todo en las criptomonedas, dada su naturaleza incierta.

“Georgia es interesante para los mineros de criptomonedas”, dijo George Kobulia, el Ministro de Economía. “Pero, ¿acaso será una fuente importante de nuestro crecimiento económico? Tal vez no”.

The New York Times